Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Financial literacy and fraud detection” de Engels, C.; Kumar, K. y Philip, D. (2019), en el que se analiza si tener conocimientos sobre la literatura financiera sirve a las personas para detectar fraudes.

Dado que los sistemas automatizados de detección de fraudes no siempre los reconocen, los bancos hacen hincapié en que sus clientes detecten y denuncien fraudes en sus cuentas.

Esto hace plantearse, ¿cuánta importancia tienen la educación financiera, la capacidad de procesar información económica y tomar decisiones financieras informadas para la detección de fraudes?

El conocimiento financiero puede proporcionar las habilidades para distinguir mejor la información genuina de la fraudulenta, hacer que alguien esté más atento al riesgo de fraude, reducir su ignorancia al respecto y permitirles cultivar una mayor efectividad en la detección de fraudes. Por tanto, un comportamiento financiero prudente puede reducir la exposición de un individuo a ser blanco de fraude.

Existe una creciente evidencia de que existe una fuerte relación entre la educación financiera y los resultadoseconómicos. Por ejemplo, se observa que las personas con conocimientos financieros son más conscientes de los productos y servicios financieros, se involucran mejor en las actividades de gestión financiera cotidiana. Así, el conocimiento financiero puede proporcionar las habilidades necesarias para mejorar la atención de las personas a las prácticas fraudulentas, aumentar sus capacidades de detección y capacitarlas para disuadir el fraude.

Con el fin de ahondar en esta cuestión, para analizar la relación entre la educación financiera y la detección de fraudes, los autores utilizaron la información de 5.698 encuestados estadounidenses de la Encuesta Nacional de Bienestar Financiero (NFWBS en inglés), realizada en 2016, diseñada para ser representante de la población adulta de EE.UU. Además de la información socioeconómica y demográfica, la encuesta preguntaba si han experimentado fraude en el pasado. La encuesta también captura la educación financiera de los encuestados, el uso de productos financieros y la información sobre el comportamiento financiero.

Los resultados de la estimación muestran que el conocimiento financiero juega un papel importante en la detección del fraude. Este hallazgo se mantiene incluso después de controlar el nivel de uso de productos financieros por parte del individuo. Aunque faltan datos, los resultados apoyan la conjetura de que un mayor uso de productos financieros alternativos expone a las personas a más incidentes de fraude.

Entre los atributos demográficos, observamos que la educación y los ingresos juegan un papel importante en la detección del fraude. Teniendo en cuenta el estado civil de los encuestados, los solteros detectan relativamente menos fraude financiero, en comparación con las personas casadas. Con respecto a las ubicaciones geográficas de los encuestados, ninguna tenía un impacto significativo en la capacidad de detectar el fraude financiero, lo que sugiere que no son importantes en la era digital.

Asimismo, los resultados indican que las personas con el comportamiento financiero más alto autoinformado detectan el fraude solo cuando su conocimiento financiero también es alto. Por otra parte, los resultados sugieren que, en general, la gestión eficiente del dinero a través de un buen comportamiento financiero es inadecuada para detectar el fraude. El fraude al consumidor es complejo y sus incidencias son inesperadas. Por lo tanto, es necesario un cierto grado de sofisticación financiera a través del conocimiento financiero para detectar dicho fraude cuando ocurre.

Así, los hallazgos descritos establecen una fuerte asociación entre el conocimiento financiero y la detección de fraudes. Las personas con tales conocimientos tienen las habilidades para detectar mejor el fraude cuando ocurre. Sin embargo, los individuos con niveles más bajos (más altos) de bienestar subjetivo generalmente estarán menos (más) atentos a sus necesidades generales de bienestar y tendrán menos (más) capacidad cognitiva para detectar el fraude.

Esto es: el bajo bienestar subjetivo debilita la relación positiva entre el conocimiento financiero y las propensiones a detectar el fraude. En contraposición, con niveles más altos de bienestar subjetivo observamos que el conocimiento financiero emerge como un determinante significativo de la capacidad del individuo para detectar el fraude. Curiosamente, sin embargo, también observamos que en estos niveles puede romperse la relación entre el conocimiento financiero y la detección del fraude.

En este caso, las personas parecen demasiado positivas y optimistas para realizar una detección eficaz del fraude. Así, cuando se trata de detectar fraudes, vale la pena no ser demasiado optimista. Consecuentemente, el bienestar subjetivode un individuo juega un importante papel moderador en la relación entre el conocimiento financiero y la detección del fraude.

En cualquier caso, los resultados indican que cuanto más informado financieramente es un individuo, mayor es la detección del fraude. Esto corrobora la conjetura de que, con conocimiento financiero, las personas se vuelven más hábiles para detectar fraudes cuando ocurren. El conocimiento financiero proporciona la sofisticación financiera necesaria para detectar el fraude.

Asimismo, cabe señalar que, por conductas de administración del dinero, nos referimos a establecer y perseguir metas financieras; establecer y consultar un presupuesto; si las facturas se pagan a tiempo y se revisan en busca de errores, etc. Pero, como se ha expuesto, los resultados sugieren que la gestión eficiente de las finanzas no se correlaciona directamente con una mayor eficacia para detectar comportamientos fraudulentos.

De hecho, es el conocimiento financiero en sí el que proporciona el grado de sofisticación necesario para poder detectar el fraude.

El efecto positivo del conocimiento financiero en la detección del fraude sigue siendo un factor de gran influencia, incluso tras tener en cuenta los niveles de uso de las personas en productos y servicios financieros tradicionales y alternativos.

Además, tampoco debe olvidarse que, como recalcábamos, el bienestar subjetivo juega un papel moderador importante en la relación entre el conocimiento financiero y la detección del fraude. Los niveles más bajos de bienestar subjetivo pueden reducir la atención a los casos de fraude debido a una mayor carga cognitiva y, por lo tanto, atenuar dicha relación entre conocimiento financiero y detección del fraude.

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