Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “When Daddy stalks Mommy: Experiences of Intimate partner stalking and involvement of social and legal authorities when stalker and victim have Children together” de Lokkegaard, Hansen, Wolg y Ekklit; en él nos hablan sobre las experiencias de acoso que sufren algunas mujeres por parte de sus maridos y su relación con las autoridades.

El acoso viene definido como un comportamiento repetido, intrusivo y molesto que no es deseado por la víctima que puede incluir amenazas, tanto implícitas como explícitas para la seguridad, y que provoca sentimientos de miedo y angustia. Las estimaciones que hay sobre el acoso rondan el porcentaje de entre un 2 y 29% para los hombres y un 7 al 36% para las mujeres. En Dinamarca las mujeres son en mayor medida víctimas de acoso (11,7%) que los hombres (6,2%).

Un tipo especial de acoso es aquel en el que el acosador es el marido o pareja de la mujer y tienen hijos en común. Es un caso especial porque la principal recomendación, no tener contacto con el acosador, no puede cumplirse, ya que tienen hijos en común lo que les obliga a seguir en contacto. Esto produce que tanto la mujer como los niños corran un alto riesgo de sufrir abusos por el padre acosador. Este fenómeno ha sido poco estudiado en la literatura científica.

Este estudio utiliza un enfoque mixto para, por un lado, describir cuantitativamente los comportamientos del acosador, así como la participación de las autoridades correspondientes. Por otro lado, se pretende examinar cualitativamente cómo las madres experimentaron el acoso por parte del padre de sus hijos.

Durante los meses de enero de 2013 a abril de ese mismo año se llevó a cabo la recogida de datos. Para ello se reclutó a mujeres a través de un grupo privado de Facebook para madres acosadas por los padres de sus hijos y a través de un anuncio en la web de la Asociación danesa anti acoso. Cada participante recibió un email con el enlace a una encuesta online totalmente anónima.

Se contó con una muestra de 196 mujeres con edades entre los 27 y los 70 años, con una edad media de 40. Estas mujeres contaban con una educación de media de 14 años, un 93,4% tenía la nacionalidad danesa y un 86,2% habían nacido en Dinamarca. El 39,3% de las mujeres contaba con un empleo a tiempo completo mientras que un 24,3% tenía un trabajo a tiempo parcial o estaba estudiando y un 36,4% se encontraba de baja por enfermedad.

La encuesta tenía cinco secciones diferenciadas. En la primera de ellas se encontraban preguntas sobre las características de la relación entre la víctima y el acosador, creadas específicamente para la misma. Había una segunda sección donde se les preguntaba sobre el comportamiento de acoso, para la cual se utilizó la Lista de Verificación de Comportamiento de Acoso (SBC). Una tercera sección iba sobre la relación que habían tenido con las autoridades legales y sociales. La cuarta sección versaba sobre la ayuda percibida por parte de 18 autoridades y servicios de ayuda. El último apartado hablaba de las reacciones por parte la policía, la Administración del Estado y los tribunales cuando les habían contado de sus casos de acoso.

Algunos datos sobre la relación mantenida: en el 91,1% de los casos las madres ya no mantenían ninguna relación romántica con el padre. La duración promedio de la relación había sido de 6,6 años. Estas relaciones estaban marcadas por la violencia de género. Un 60% de las mujeres manifestó que la violencia comenzó después de enterarse de que estaba esperando su primer hijo. La media de hijos estaba en 2,15 con edades comprendidas entre los 0 y los 45 años. En un 80% de los casos informaron de que los padres habían amenazado con apartar a los hijos de ellas si se iban. En un 3% de los casos el padre tenía la custodia completa, más de un 41% compartían la custodia y más del 61% de las mujeres afirmó que esperaba tener contacto con el acosador en el futuro a causa de los niños.

En cuanto a los comportamientos de acoso lo más comunes fueron las llamadas telefónicas no deseadas, los mensajes al móvil o correos electrónicos no deseados, las visitas a la casa de la víctima u observar y seguir a la misma. En lo que se refiere a comportamientos violentos destacó las amenazas y los intentos de dañar a las madres. También en un 63,3% se informó de que familiares o amigos del agresor participaron en el acoso.

En relación con su contacto con las autoridades legales y sociales, un 68,3% de las mujeres denunció a la policía un promedio de cuatro veces y en un 23% de los casos el acosador fue quien denuncia a la mujer a la policía un promedio de 2,56 veces. Los acosadores en mayor medida que las víctimas habían utilizado a la Administración del Estado para iniciar un nuevo caso o para cambiar el acuerdo de custodia.

En cuanto con qué instituciones había tenido contacto la madre, destaca la Administración del Estado (95,3%), seguido por el médico privado (89,1%), abogados (82%), profesores de los niños (82%), policía (78’9%), los servicios municipales de atención a la infancia (72,7%), el psicólogo privado (66,4%), el psicólogo público (64,1%) y los tribunales (62,5%). Estas mujeres percibieron como más amigables y con más capacidad de ayudar y apoyarlas a los profesionales médicos, así como a los de las agencias no gubernamentales que a los profesionales que trabajaban en la administración del Estado, los tribunales o la policía. Menos de un 50% declaró que les hubieran ayudado.

El análisis del contenido reveló cuatro categorías con respecto a las experiencias de las madres:

  1. Reconocimiento por parte de los profesionales de las madres como víctimas de acoso. Muchas mujeres afirmaron que los profesionales les habían entendido y comprendido y que les reconocían como víctimas, pero no podían ayudarlas debido a la falta de pruebas físicas. También informaron de casos donde los profesionales carecían de los conocimientos para juzgar y entender la violencia psicológica.
  2. Procedimientos de casos extensos y duraderos en los que participaron diferentes agencias. Aquí destaca la impotencia que sienten las madres cuando los profesionales de las diferentes agencias con las que deben tener contacto, especialmente en casos dilatados en el tiempo, no se comunican entre ellos y hace más difícil que ellas reciban la ayuda que necesitan.
  3. La delimitación de la frontera de si un comportamiento era acoso o simplemente era entrar en contacto legal por los niños. Aquí mencionaron diferentes conductas no penadas legalmente que para ellas suponían acoso como fueron algunas formas de violencia psicológica, la duración infinita del proceso, la posibilidad de que el agresor abra nuevos procesos judiciales, el contacto que podía tener el acosador con la madre a través de las autoridades.
  4. Las conductas de acoso hacia los niños. En esta sección destacaron comportamientos que tenía el padre hacía sus hijos, como el acoso, el intentar constantemente que se pusieran de su parte, amenazándolos directamente o amenazando a la madre a través de ellos.

La finalidad del estudio fue una mayor comprensión del fenómeno de acoso por parte del padre hacía la madre, donde como se ha visto es complejo poder cortar todo tipo de relación con el acosador ya que se vale no solo de sus propios hijos sino también de las autoridades estatales para poder seguir en contacto con su víctima. Lo que puede dejar desamparadas a las madres y con la sensación de que el sistema público no cuenta con los recursos para poder ayudarlas.