Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Hate in the machine: anti-black and anti-muslim social media posts as predictors of offline racially and religiously aggravated crime” de Williams, M. L.; Burnap, P.; Javed, A.; Liu, H. y Ozalp, S. (2019), en el que se analiza si existe una relación entre la perpetración de delitos de odio offline y los delitos de odio online.

En los últimos años, los delitos de odio referente a la raza y religión han aumentado exponencialmente en diversos países.

Actualmente sigue existiendo una necesidad, política y práctica, de mejorar la inteligencia sobre los delitos de odio. Particularmente, debe comprenderse mejor el papel que desempeñan las tensiones y acontecimientos comunitarios en la perpetración de tales delitos.

La tecnología se ha considerado como parte de la solución al transformar las prácticas policiales analógicas en procesos digitales complementarios. Junto con los delitos de odio offline, el discurso de odio online publicado en las redes sociales se ha convertido en un problema social pernicioso.

Investigaciones anteriores muestran que los delitos de odio offline y el discurso de odio online están estrechamente relacionados con eventos de importancia. Por ejemplo, ataques terroristas y votaciones políticas. Sin embargo, no está claro si se puede encontrar un patrón más general de correlación independientemente de los eventos “desencadenantes”.

En una muestra de los años 2017 y 2018, los delitos de odio racial online constituyen la mayoría de todos los delitos de odio online (52%), seguidos de la orientación sexual (20%), la discapacidad (13%), la religión (12%) y los delitos de odio online transgénero (4%). A finales de 2017, las redes sociales comenzaron a introducir políticas contra la incitación al odio, cediendo ante presiones diversas.

En base a esta información, los autores plantean su hipótesis. Esta es: ¿el discurso de odio online en Twitter puede mejorar las estimaciones de los delitos de odio offline?

Dicha cuestión plantea la posibilidad de utilizar las redes sociales como alternativa o complemento a indicadores convencionales. Además, deben tenerse en cuenta los factores demográficos ecológicos. Por ejemplo, la proporción de la población que es negra o que pertenece a una minoría étnica. Esto es debido a que dichos factores también se han asociado con los delitos de odio.

Así, en la investigación de los autores se tuvo en cuenta información procedente de Reino Unido. Se vincularon datos de fuentes administrativas, de encuestas y de redes sociales para construir los modelos estadísticos. Estos se recopilaron antes de que las grandes plataformas de redes sociales introdujeran políticas estrictas sobre/contra la incitación al odio.

Los datos policiales se recopilaron de un periodo de 8 meses entre agosto de 2013 y 2014. Los datos policiales sobre delitos se filtraron para incluir solo los delitos de odio racial y religioso, estos últimos contra el Islam o los musulmanes.

Así las cosas, los resultados indican lo siguiente. Existe una asociación positiva consistente entre el discurso de odio en Twitter dirigido a la raza y la religión y los delitos agravados por motivos raciales y religiosos en Londres. Así, la investigación confirmó también la relación entre la presencia (o ausencia) de eventos que actuaban como desencadenantes tanto para los delitos de odio online como offline y la perpetración de los mismos.

Los modelos permitieron proporcionar predicciones de la tasa de incidencia de delitos offline por proporción de la población negra o de minoría étnica y el recuento de tweets de odio online. Esto es digno de mención, dado que indica que el papel de las redes sociales en el proceso de victimización por odio no es trivial.

El discurso de odio publicado en las redes sociales (como indicador de polarización extrema) influye en la frecuencia de los delitos de odio offline. Sin embargo, es poco probable que el discurso de odio online sea una causa directa de los delitos de odio offline aisladamente. Contrariamente, es más probable que las redes sociales sean solo una parte de la causa. Los factores locales, como la composición demográfica de los vecindarios (por ejemplo, la proporción de población negra y de minorías étnicas, el desempleo…) y otros factores ecológicos probablemente desempeñen un papel clave.

Lo que el estudio señala es la importancia relativa del discurso de odio online en este contexto. Si vamos a explicar el crimen de odio como un proceso, y no como un acto discreto, con victimización que va desde el discurso de odio hasta la violencia, las redes sociales deben formar parte de ese entendimiento.

La victimización por odio se caracteriza por insultos, amenazas o violencia repetidos o continuos. Una de sus cualidades es que es duradera, y ahora se extiende al ámbito online y puede vincularse a su manifestación offline. El discurso de odio en las redes sociales amplía los “climas de inseguridad” que experimentan los grupos minoritarios que trascienden las instancias individuales de victimización.

Examinar la dinámica contemporánea de victimización por odio requiere métodos capaces de capturar variaciones en los datos online y offline. Esto también incluye variaciones tanto en el tiempo como en el espacio. El aumento de las fuentes de datos sobre el odio también es importante, debido a las bajas tasas de denuncia continuas. Así, la administración (registros policiales), la encuesta (censo) y las nuevas formas de datos (Twitter) se pueden vincular para estudiar el odio en la era digital.

Sin embargo, los mecanismos individuales responsables del vínculo entre los incidentes de odio online y offline deben establecerse mediante más trabajo forense y, posiblemente, cualitativo.

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