Direccionalidad Delictiva y Urbanismo. Club Ciencias Forenses.

Direccionalidad Delictiva y Urbanismo. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Direccionalidad delictiva y diseño urbano” de los autores Richard Frank, Martin A. Andresen y Patricia L. Brantingham de la Universidad Simon Fraser (Canadá), acerca del urbanismo y su relación con la delincuencia.

Dentro del análisis espacial de la delincuencia, el proceso de toma de decisiones de los individuos implica tres elementos interconectados y fundamentales: lugar, distancia y dirección. La bilbiografía sostiene que la delincuencia en los micro espacios tales como los tramos o las esquinas de las calles son la clave para entender la actividad criminal. Suponiendo que el proceso de decisión de la comisión de un delito se inicia en el lugar del domicilio, el “camino al delito” puede ser relativamente corto. Esta suposición puede ser problemática ya que el camino al delito puede comenzar en un lugar distinto al domicilio. El camino corto al delito se apoya en varios estudios de ubicaciones, tanto en Estados Unidos como en Europa. El camino (distancia de la casa) varía de un tipo de delito a otro, según la edad del delincuente, según la ubicación de los potenciales objetivos, según el medio de desplazamiento, pero tiende a ser corto. Debido a las limitaciones de nuestro  entorno (urbanizado), normalmente desarrollamos rutinas entre los lugares que visitamos con frecuencia. Los trayectos entre el domicilio y el trabajo o el trabajo y los lugares de ocio tienen una orientación direccional; circulamos regularmente por los itinerarios que nos conducen a nuestros destinos.

El fundamento teórico de la presencia de direccionalidad en la actividad delictiva se basa en la teoría geométrica de la delincuencia y en la teoría de la limitación temporal. Los principales conceptos de este trabajo para la comprensión de la direccionalidad en la conducta criminal son los nodos y las rutas. Básicamente, los nodos son esos lugares de nuestro entorno desde y hacia los que nos desplazamos: domicilio, trabajo, escuela, zonas de ocio, entretenimiento y comerciales; las rutas son los vectores por los que nos movemos para ir de un nodo a otro: estas rutas son a menudo carreteras y calles peatonales. Juntos, los nodos y las rutas comprenden las zonas de nuestro entorno que constituyen nuestras actividades y espacios conocidos, puesto que es donde pasamos la mayor parte de nuestro tiempo. Estos espacios pueden ser representados como mapas que luego pueden ser utilizados para ilustrar por que cabe esperar direccionalidad en la conducta criminal. Una consecuencia de considerar estas dos formas de actividad espacial es que la fuerza de la direccionalidad, en general, va a depender de la frecuencia relativa de los espacios de actividad direccional fuerte y débil en la población general. Sin embargo, si la mayoría de las actividades se concentran a lo largo de un vector particular (trabajo u ocio, por ejemplo), la direccionalidad estará presente. La teoría de la limitación temporal, como su nombre indica, subraya la importancia del tiempo en la comprensión de la actividad criminal. Esta teoría no sólo muestra la importancia del tiempo, sino también que el tiempo y el espacio están íntimamente relacionados: debido a las limitaciones temporales, limitamos nuestros movimientos a través del espacio. Así pues, con el fin de medir nuestras limitaciones temporales, debemos elegir nuestra dirección con cuidado. Se ha evaluado si los delincuentes que viven cerca unos de otros se mueven en la misma dirección para cometer sus delitos. Se descubrió que, independientemente del tipo de delincuente, se mueven en direcciones similares para cometer sus delitos. Únicamente considerando los homicidios en serie, se ha evidenciado que los asesinos seriales están direccionalmente sesgados no sólo por la selección de los objetivos, sino también por la disposición de los cuerpos. Al investigar homicidios en serie, violaciones y robos, no sólo se ha encontrado una fuerte tendencia direccional, sino que la fuerza de esa tendencia varía según el tipo de delito: es más fuerte en los ladrones, luego en los violadores y finalmente en los asesinos. El problema de esta investigación, en particular de los primeros trabajos, es el tamaño de las muestras. Aunque las pequeñas muestras utilizadas en estos trabajos pueden de hecho ser representativas de direccionalidad delictiva, es difícil establecer una generalización.

La direccionalidad importa. Esta afirmación ha sido fácil de justificar desde un punto de vista teórico para este elemento de la criminología espacial en cuestión, pero ha eludido en gran medida la verificación empírica. Este trabajo es el primer análisis de la fuerza de la direccionalidad delictiva basado en un gran conjunto de datos de incidentes y diferentes diseños urbanos. Se han encontrado asimismo diferencias significativas en la fuerza de la tendencia de direccionalidad en los distintos diseños urbanos. Por lo tanto, cuando se estudia la toma de decisiones espacial para la comisión del delito, la direccionalidad debe tener tanta consideración como el lugar y la distancia para entender la espacialidad de los sucesos criminales. Se ha demostrado claramente que el lugar es fundamental para predecir las localizaciones reales de los delitos. Se sabe igualmente que los delincuentes, en general, cometen los delitos cerca del domicilio, especialmente los crímenes violentos. Con respecto a la distancia, la comprensión de la direccionalidad puede emplearse para identificar a los sospechosos: el delincuente no sólo es probable que actúe cerca de su domicilio, sino también de una dirección concreta. Esto permite a los investigadores utilizar su conocimiento del entorno urbanizado para predecir de dónde viene el delincuente. En relación al lugar, la direccionalidad también puede emplearse para identificar el sistema de desarrollo de factores de generación y atracción de la delincuencia. Si se controla la tendencia direccional de los delincuentes, los lugares que se están desarrollando como generadores y atrayentes de la delincuencia pueden llegar a ser objetivo de los planes de prevención del delito para evitar que se conviertan en zonas conflictivas. No obstante, este análisis tiene sus limitaciones. Primero y ante todo, se basa en datos de la policía. En segundo lugar, hay que suponer que el camino al delito se inicia en el domicilio. Por último, únicamente se puede identificar una tendencia direccional con respecto al camino al delito. Ahora que se ha podido demostrar empíricamente lo que se conocía teóricamente desde hace décadas, existen una serie de implicaciones y futuras líneas de investigación. En primer lugar, tanto la direccionalidad individual como colectiva, no sólo la proximidad, pueden utilizarse en el perfilado geográfico para reducir aún más los sospechosos. En segundo lugar, la prevención de la delincuencia a través de técnicas de diseño ambiental puede mejorarse, si varios delincuentes se mueven hacia el mismo lugar. Y en tercer lugar, conocer los domicilios de los delincuentes y las direcciones relevantes puede servir para explicar y predecir donde hay mayor delincuencia.

Con respecto a futuras investigaciones, aparecen una serie de problemas. En primer lugar, ¿Varía la fuerza de la direccionalidad según el tipo de delito? Al igual que con la distancia, no debería esperarse que la direccionalidad fuera la misma para todos los tipos de delitos. En segundo lugar, ¿Por qué/dónde son atraídos los delincuentes? La distribución de las oportunidades sin duda influirá en la dirección del recorrido. En tercer lugar, ¿Cuántas “direcciones” usan los delincuentes? La teoría geométrica de la delincuencia plantea varios nodos. Si una parte significativa de los delincuentes sólo tiene una dirección y existe un patrón para esa dirección, esta información puede ser útil para la investigación. Por otra parte, ¿Los delincuentes que repiten se van más o menos direccionalmente sesgando a medida que aumentan los delitos? Los puntos de encuentro comunes están probablemente más orientados hacia la dirección de desplazamiento. Así pues, la investigación sobre señalética apoya el aumento de direccionalidad en zonas conocidas. Por lo tanto, conocer la estructura de las calles, el modo de desplazamiento (a pie, transporte público, vehículo) influirá probablemente en la interacción direccionalidad/distancia. En consecuencia, debe quedar claro que la dirección es un aspecto fundamental en el estudio de la dimensión espacial de la actividad criminal.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno