Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Eliciting human Intelligence: the effects of social exclusión and inclusión on information diclosure” de Ask, Ejelöv y Anders; en él se estudia los efectos de las experiencias sociales, concretamente la inclusión o exclusión social, sobre la facilidad de obtención de informaciones en entornos semicooperativos que pueden darse en un contexto de investigación policial o de inteligencia.

La hipótesis que se plantearon en esta investigación es que la exclusión social supondría una amenaza para la necesidad de pertenencia y la autoestima de los individuos lo que les haría intentar reconectar socialmente y eso llevaría a compartir más información crítica.

Para comprobar la hipótesis hicieron dos experimentos. El primer experimento consistió en un dilema de administración de información, en el que debían conseguir llegar a un punto de equilibrio entre la información crítica que divulgaban, que beneficiaba al resto, y la información crítica que retenían, que les beneficiaba a ellos. Previamente habían jugado a un videojuego en el que podían estar incluidos o excluidos socialmente por sus compañeros. Los miembros del grupo control simplemente observaban pasivamente el juego. Se predijo que los participantes que fueran excluidos compartirían más información que aquellos incluidos y que el efecto de la exclusión se podría medir por el nivel de amenaza de pertenencia y por la autoestima que experimentaban los participantes.

Para comprobar las hipótesis se utilizó una muestra de 150 participantes, con una edad media de 28 años. Un 71,3% eran mujeres y un 28,7% hombres. Fueron reclutados a través del departamento de psicología de la universidad de Gotemburgo y se les dijo que el estudio era sobre la toma de decisiones en grupo. Se les asignó al azar a una de las tres condiciones de investigación.

Los participantes llegaban en grupos de entre tres y seis miembros, cada uno se sentaba en un ordenador individual y leían las instrucciones. Para el dilema de la información se les decía que eran un paparazzi que trabajaba en un equipo con más miembros (el resto de participantes). Su equipo competía con otro equipo por ganar un premio de 20€, pero solamente el mejor fotógrafo de manera individual lo ganaría. Cada fotógrafo debía fotografiar a nueve famosos determinados, pero desconocían donde se encontraban. Por el contrario, conocían la ubicación de los famosos de uno de sus compañeros. Compartir dicha información podía hacer ganar a su equipo, pero sólo uno de ellos ganaría el premio. Antes de pasar a la realización del intercambio de información se les pedio que jugaran a Cyberball, un juego donde tres jugadores se pasan el balón entre ellos. Los participantes creían estar jugando en línea con otros participantes. A las personas que se les asignó la inclusión social les pasaba el balón el mismo número de veces, a los de la exclusión social solo se les pasaba dos veces al principio y luego los otros dos jugadores se la pasaban entre ellos exclusivamente. El grupo control vio una grabación. Después de ello se les pedio a los participantes que dijeran cuantas coordenadas revelarían a sus compañeros y que contestaran a unas preguntas con escalas de Likert. Tuvieron que calificar el grado de pertenencia que experimentaron, la autoestima, la existencia significativa y el control que sintieron durante el juego. También tuvieron que informar sobre diferentes estados positivos y negativos que experimentaron y sobre el grado de exclusión o inclusión que sintieron y la frecuencia con la que recibieron el balón.

Los resultados revelaron que los participantes excluidos socialmente se sentían significativamente más excluidos e ignorados que el resto de participantes. También, pensaron que habían recibido el balón un número menor de veces que el resto. Los participantes excluidos informaron que sintieron menos pertenencia, control, existencia significativa y autoestima que los incluidos o el grupo control. Entre estos dos grupos no hubo diferencias significativas. En cuanto a los estados de ánimo el grupo excluido presentó más estados negativos que el resto de grupos. En relación a la revelación de información no se mostró diferencias significativas entre los grupos, por tanto, la hipótesis planteada no pudo demostrarse. Si bien es cierto que los excluidos revelaron un poco más de información que los incluidos, los niveles fueron los mismos que los del grupo control. Tampoco pudo ser probada la hipótesis referente a los niveles de pertenencia y autoestima. Se cree que el resultado negativo del experimento pudo deberse a que la revelación de la información se hacía a un miembro anónimo, lo que no producía una reconexión con el grupo social. También se piensa que la condición de control generaba el mismo rechazo que la de exclusión y por tanto los resultados no diferían.

En el segundo experimento se intentó paliar las deficiencias presentadas en el primero. Por ello se optó por una entrevista de inteligencia, que llevaba aparejada una interacción más directa. Además, se incluyó una medida de sensibilidad al rechazo como un moderador potencial de los efectos de la exclusión social. Se pidió a los participantes que imaginasen ser informadores de la policía con antecedentes delictivos y con conocimientos críticos sobre un inminente ataque terrorista. Para ello se les dio previamente información sobre un ataque ficticio y sobre el grupo que lo iba a llevar a cabo. Se les pidió que durante la entrevista evitaran revelar muy poca información pero que tampoco revelaron demasiada, ya que por un lado necesitaba ser útil para la policía para que le permitirán quedar en libertad, pero por otro, a parte de su simpatía por el grupo terrorista podía ser identificado como la fuente de información. Previamente a la entrevista participaron en un experimento sobre la toma de decisiones grupales que no estaba relacionado donde fueron invitados a unirse a una discusión con otras dos personas o fueron ignorados. El grupo control no participó en esa fase. Las hipótesis que se plantearon fueron que, primeramente, los participantes excluidos socialmente revelarían más información que el resto. También se planteó que el efecto de la exclusión sería mayor para las personas con una sensibilidad de rechazo alta. Por último, el efecto de la exclusión sería mayor en aquellos que experimentaron una amenaza a la pertenencia y a la autoestima. Se manejó una muestra de 135 participantes con una edad media de 29 años, siendo un 65,2% mujeres y un 34,8% hombres.

Después de la entrevista los participantes tuvieron que contestar una prueba de memoria sobre el supuesto ataque que contaba con 17 preguntas. A continuación, contestaron el cuestionario de sensibilidad al rechazo de Downey y Feldman. Para acabar, respondieron a las escalas de satisfacción de necesidades empleadas en el primer experimento.

Los resultados mostraron que los participantes excluidos experimentaron menos pertenencia, autoestima, existencia significativa y control en comparación con los otros dos grupos. Los grupos de control y de inclusión no difirieron en nada salvo en pertenencia que era mayor en el segundo. También, los participantes excluidos mostraron estados de ánimo más negativos que positivos. Los excluidos no difirieron en el número de informaciones reveladas en relación a los otros dos grupos, por tanto, la hipótesis planteada no fue demostrada. Tampoco la sensibilidad al rechazo interactuó significativamente, siendo incompatible este resultado con la segunda hipótesis. El nivel de sensibilidad al rechazo tampoco se pudo relacionar significativamente con la divulgación de información. Por último, tampoco fueron significativos los efectos de la pertenencia o la autoestima en relación a la exclusión social y al intercambio de información, dejando de esta manera sin apoyo a la tercera hipótesis. Se obtuvieron resultados sorprendentes que revelaron que la inclusión social hacía que el número de informaciones reveladas fuera ligeramente mayor.

En conclusión, se puede decir que las experiencias sociales previas de las fuentes pueden realmente influir en el resultado de las entrevistas, aunque, en la actualidad se desconocen los mecanismos que puedan estar detrás de ello.