Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana continuamos con el resumen del estudio “The Impact of Investigation Strategies and Tactics on Homicide Clearance” de Pizarro, Terrill y LoFaso; en él nos hablan de los cambios que llevó a cabo el Departamento de Policía de Rochester en los procedimientos de investigación de los homicidios.

En 2012 el departamento de Policía de Rochester implementó un nuevo protocolo de investigación, y con este estudio lo que se busca es comprobar si esas técnicas nuevas mejoraban el índice de resolución de casos.

Rochester es la tercera ciudad más grande del Estado de Nueva York, según el censo de 2010 tiene una población de 210.565 habitantes. La tasa de homicidios era de 19.9 por cada 100.000 habitantes, 3.9 puntos superior a la de la ciudad de Nueva York y 4.5 puntos más que la media nacional de EE. UU, según datos del FBI. El estudio se realizó durante dos años antes y dos años después de los cambios en el protocolo de investigación. En los dos primeros años hubo una media de 34 asesinatos por año y en los dos últimos una media de 32 asesinatos. Rochester es una de las ciudades más pobres del país.

Antes de los cambios había dos sargentos y cada uno controlaba a cuatro o seis investigadores. Cada semana había un equipo de guardia formado por un sargento y dos investigadores y ellos se hacían cargo de todos los homicidios que acontecían durante esa semana e investigaban todo sin ayuda del resto de personal de su departamento. Un incremento en la plantilla debido a restructuraciones, fue una de las variables que motivó el cambio.

El departamento cambió su protocolo de actuación en enero de 2013. El departamento contaba con tres sargentos, cada uno lideraba un equipo con cuatro investigadores. Cada semana, un sargento y dos de investigadores estaban de guardia para los homicidios que pasaban fuera de las horas de servicio. A parte podían llamar a más personal si las circunstancias del caso así lo requerían. El resto de la unidad podía colaborar durante la jornada laboral en tareas auxiliares de la investigación. Cuando el homicidio ocurre en horas de servicio todos los investigadores disponibles acuden a la escena. En el momento en que un equipo tiene un homicidio deja de estar de guardia para el resto de la semana y esta tarea recae sobre el siguiente equipo.  De los dos investigadores principales de cada caso, uno asumirá la función de líder, aunque en la práctica eso es indiferente ya que ambos se repartirán las tareas indistintamente.

Otro de los cambios más importantes que realizaron fue las reuniones de supervisión de los casos. Las reuniones de progresión del caso se programan regularmente, con el capitán y el teniente de la Unidad de Delitos Graves, también asisten a las mismas la Fiscalía y los miembros de la Policía Científica. También invirtieron en un “vehículo de comando”, que era un vehículo equipado con una sala de videoconferencia, vídeos, wi-fi y una pizarra blanca, que trasladaban a cada escena del crimen.

Se estudiaron 132 homicidios ocurridos durante cuatro años. Se estudiaron de cada caso las variables que estaban presentes en la literatura previa, como las relacionadas con el investigador (experiencia previa, número de casos), con la víctima (género, raza, edad, estilo de vida y antecedentes penales), con el hecho (arma usada, modo, testigos, lugar) y con el vecindario (nivel de vida, etnia mayoritaria).

Las variables del investigador se refieren tanto a la carga de trabajo como a la idoneidad del personal de la investigación. Los años de experiencia se refiere a la experiencia como investigador principal del policía encargado y el número de casos es el número de casos abiertos que tiene simultáneamente.

Las relacionadas con la víctima son bastante claras, género, edad, raza, el estilo de vida era si guardaban relación con la vida criminal, por ejemplo, si era miembro de una pandilla o traficante de drogas.

Las variables relacionadas con el hecho, el arma usada distinguía básicamente entre el uso de armas de fuego u otro tipo. El modo en que se llevo a cabo el hecho, era si víctima y agresor eran conscientes de la presencia del otro en el momento de cometerse el homicidio. Los testigos si había o no y si habían declarado ante la policía y en cuanto al lugar hace referencia a si se ha cometido en la residencia de la víctima o del agresor o en un lugar diferente.

En cuanto a las de vecindario, se utilizaron datos para saber los ingresos del barrio donde había ocurrido y ver si estaban por debajo, en la media o por encima de la media del país. La etnia hace referencia a la composición racial de la zona, dividiéndolo en tres grupos, mayoría de no blancos, integrado (número similar de no blancos y blancos) y mayoría de blancos.

En cuanto a los homicidios en sí mismos, se puede decir que la mayor parte de las víctimas fueron hombres (85%), afroamericanos (77%) y con edades entre los 15 y los 44 años (76%).  Generalmente eran cometidos con armas de fuego (67%), cara a cara (68%) y la víctima y victimario se conocía previamente (64%). Había como mínimo un testigo (66%) y la mayoría se produjo en un lugar diferente a la residencia (67%). La mayoría ocurrió en barrios con ingresos en la media y que estaban integrados.

El 68% de los casos se resolvieron en el tiempo que estuvieron en estudio. En la época anterior a los cambios se resolvió el 54% de los homicidios y en la posterior el 83% de los mismos. La mayor parte de los casos se resolvieron en los primeros siete días, pero la media está en 57 días, ya que hubo varios casos que se demoraron más de un año. En la primera época tardaban de media 75 días en resolver los homicidios y en la segunda solamente 44 días.

Como se ha visto los cambios sí que ayudaron a mejorar tanto la resolución del caso, como la rapidez del mismo. Además, se comprobó que cuanto más números eran los casos abiertos por investigador bajaba el porcentaje de resolución. Aquellos homicidios que se habían llevado a cabo cara a cara y en los que se contaba con algún testigo tenían mayores posibilidades de esclarecerse. Curiosamente parece ser que cuanto a más experiencia del investigador se percibe un descenso en las posibilidades de resolución del caso (en este caso concreto puede ser por dos circunstancias específicas, la llegada de nuevo personal y la mayor presencia de nuevas técnicas relacionadas con el uso de la tecnología y las redes sociales, a las cuales estaban más acostumbrados los investigadores de menos edad y por tanto menos experiencia).  Los casos en los que las víctimas estaban relacionadas con el mundo criminal tardaron menos tiempo en resolverse que aquellos en los que la víctima no guardaba relación con ese mundo. También se resolvieron más rápido aquellos homicidios que no se llevaron a cabo con un arma de fuego, o los que fueron cometidos en la residencia de la víctima o del agresor y los que tenían algún testigo.

Como se ha visto la resolución de un homicidio es un proceso complejo en el que entran en juego multitud de variables, tanto propias del hecho, la víctima o el lugar donde ocurre como las relacionadas con las características de la propia policía.