Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Testing Application of Geographical Information Systems, Forensic Geomorphology and Electrical Resistivity Tomography to Investigate Clandestine Grave Sites in Colombia, South America” de Martin, C.; Wisniewski, K. D.; Drake, J.; Baena, A.; Guatame, A. y Pringle, J. K. (2020), en el cual se exponen los beneficios de emplear la geomorfología forense y la geofisica para identificar lugares de entierro clandestinos.

En muchos países de América del sur, hay un número significativo de personas tanto desaparecidas como víctimas de desapariciones forzadas.

Particularmente en Colombia, en los últimos 15 años, las autoridades encontraron 14 personas desaparecidas que fueron identificadas positivamente, todas enterradas en pequeñas fosas comunes. Sin embargo, dada la falta de comunicación entre las organizaciones gubernamentales y las técnicas de búsqueda deficientes ha significado que la localización y recuperación exitosa de personas desaparecidas en estas áreas sigue siendo baja. Los equipos de búsqueda han utilizado, cada vez más, métodos geocientíficos para detectar y localizar materiales clandestinos enterrados de interés forense.

Las búsquedas de entierros clandestinos a menudo comienzan con métodos a gran escala, como sensores remotos, fotografía aérea y ultravioleta, imágenes térmicas u observaciones visuales de cambios en la vegetación a nivel del suelo. También es posible observar cambios en la geomorfología de la superficie, tipo de suelo, estudios de excavación y sondeo de áreas anómalas, entre otros, antes de remover la capa superficial del suelo y finalmente realizar excavaciones controladas y recuperación de restos.

El radar de penetración terrestre es el método geofísico más común para la búsqueda forense, aunque se ha planteado que la mejor práctica radica en un enfoque por fases de múltiples métodos. Los métodos de búsqueda difieren en todo el mundo. No todos los países utilizan un enfoque muy metódico y estandarizado. Las búsquedas colombianas a menudo se basan en el testimonio de testigos para identificar áreas de interés, seguidas del despliegue de pequeños equipos de búsqueda para evaluar visualmente, investigar y cavar pozos de prueba. A veces se utilizan métodos geofísicos, pero se han publicado pocos estudios en Colombia al respecto.

Los sistemas de información geográfica se pueden utilizar para vincular datos geoespaciales (ubicación) y otros (topografía, cobertura vegetal, uso de la tierra y redes de transporte) con otra información descriptiva. Entre esta, encontramos la contaminación acústica, la conservación animal y el registro de delitos. Esta tecnología ya está ayudando a predecir delitos futuros mediante la inteligencia. También ha tenido éxito para determinar la ubicación de entierros clandestinos.

Dichos sistemas se han aplicado en casos forenses para rastrear y analizar datos sobre delitos que pueden revelar patrones, incluida la reincidencia. Por ejemplo, utilizando Sistemas de Información Geográfica fue posible establecer la relación espacial entre la ubicación de los secuestros, las zonas de intersección entre las rutas de transporte público y las áreas territoriales de pandillas y sitios de depósito de cadáveres.

Así, los autores llevaron a cabo su propio estudio en la materia. El modelado espacial y estadístico predictivo (MESP) utiliza el software de modelado de máxima entropía, una técnica de aprendizaje automático. En el estudio se utilizó para predecir las ubicaciones probables de las personas desaparecidas.

Para ello, se emplearon los siguientes pasos. Primero, se utilizó la base de datos colombiana existente para centralizar, compilar y triangular información relevante sobre personas desaparecidas, actividades y/o ubicaciones delictivas y paramilitares conocidas y búsquedas anteriores e información de exhumación. Asimismo, se realizó una actividad paralela para recopilar información de la familia de la víctima (principalmente el lugar de la desaparición si se conoce, testimonios de testigos y las actividades sociales del individuo).

Estos dos pasos se utilizaron luego para procesar, clasificar, analizar y visualizar dos ubicaciones previstas para la investigación del terreno en la misma provincia colombiana.

La primera ubicación se corresponde con el área de Chameza, identificándose un posible sitio de entierro. El sitio se encontraba a una altitud de 2018 m sobre el nivel del mar, con terreno boscoso, escarpado y estrecho. A pesar de no encontrarse fotografías históricas del sitio, la ubicación aislada y la vegetación madura bien establecida sugirieron pocos cambios con respecto a cuando se pensaba que había ocurrido el entierro, hace 14 años.

Como segunda ubicación se identificó un posible sitio de entierro cerca de Teguita Alta. Esta área estaba ubicada alrededor de una escuela ahora en desuso, que fue un campamento paramilitar durante los 80 y 90. Los testimonios de los supervivientes y las familias de las víctimas, que habían estado detenidos allí, ayudaron a identificar el área de estudio para investigaciones más detalladas.

Los resultados fueron los siguientes. Aunque se realizaron experimentos previos sobre tumbas simuladas, este fue el primer estudio de caso publicado que utilizó métodos de geociencia forense (modelado espacial, geomorfología forense y geofísica cercana a la superficie) para intentar localizar fosas clandestinas en Colombia.

Dado el terreno montañoso y boscoso de Chameza, las encuestas y subsiguientes investigaciones no tuvieron éxito, aunque eso no es inusual en tales casos. La segunda área de estudio presentó resultados exitosos, ya que se identificó una depresión topográfica superficial. Así, se recopilaron datos geofísicos que identificaron una anomalía de resistividad. Esta se investigó y se encontró que era un pozo de entierro, aunque contenía animales bovinos. Muchas tumbas clandestinas descubiertas se encuentran cerca o dentro de estructuras construidas y, por lo tanto, vale la pena priorizar su investigación.

Las depresiones del suelo se vuelven más pronunciadas cuando las cavidades del tórax de los cadáveres subyacentes colapsan, con las correspondientes depresiones en la superficie del suelo. Por ello, las depresiones de la superficie son importantes durante las inspecciones visuales. Los estudios geofísicos simulados y de cementerio han demostrado que las tumbas más antiguas son cada vez más difíciles de localizar por métodos geofísicos cercanos a la superficie. En ambos lugares del estudio, la edad de las tumbas sospechosas (14 años) significó que habría una respuesta geofísica reducida, en comparación con las tumbas relativamente recientes.

Así, utilizando datos de entrada relevantes, el uso de estos métodos puede ser fundamental para reducir las áreas de búsqueda potenciales. Para búsquedas de sitios específicos, la geomorfología forense también puede identificar rápidamente áreas sospechosas para una investigación posterior, geofísica en este caso.

A este respecto, los futuros estudios podrían investigar otros sitios en Colombia y otros países de América Latina, profundizando en esta estrategia de detección de lugares de entierro, la cual solo puede mejorar a medida que se recopile y utilice más información para definir mejor los métodos de búsqueda detallados y efectivos.

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