Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Sleep deprivation and false confessions”, de los autores Steven J. Frenda, Shari R. Berkowitz, Elizabeth F. Loftus, and Kimberly M. Fenn, en un estudio conjunto de la Universidad de Nueva York, la Universidad de California y la Universidad de Michigan, que aborda como la privación del sueño hace más propensas a las personas a firmar una confesión falsa.

En Estados Unidos se calcula que al menos el 4% de las personas condenadas a muerte eran en realidad inocentes. Los estudios sobre condenas erróneas reconocidas nos dicen que las confesiones falsas son un importante factor. Entendemos confesión falsa cuando una persona inocente hace la falsa declaración de culpabilidad y añade la narrativa de por qué y cómo cometió el delito. Aunque incluso sin la narrativa, una confesión de culpabilidad convierte al sospechoso en el blanco de la investigación criminal. Incluso cuando se avisa al jurado de que la confesión ha sido forzada, ésta afecta su percepción del acusado e influye en su decisión.

Sería fácil pensar que las confesiones falsas sólo aparecen tras algún tipo de coacción física; sin embargo, los interrogadores a menudo recurren a estrategias de coacción psicológicas. La falta de sueño afecta a muchas de las habilidades cognitivas que pueden ser cruciales en la resistencia a este tipo de coacción: además de alterar el estado de ánimo, reduce el control inhibitorio, lo que lleva a la gente a tomar decisiones más arriesgadas e interfiere con su capacidad para anticipar y medir las consecuencias de sus acciones. Además, investigaciones recientes han puesto en relación la falta de sueño con la formación de recuerdos falsos y distorsionados de sucesos pasados, lo que sugiere que las personas privadas de sueño son especialmente vulnerables a sugestión y manipulación.

Debido a la gravedad de utilizar estas técnicas, cuyos resultados no influyen a los culpables sino que van en detrimento de los inocentes es el objetivo de esta investigación comprobar la tendencia a confesar algo de lo que se es inocente a gente descansada y gente privada de sueño para comprobar las diferencias entre ambos grupos.

En el experimento participaron 88 estudiantes universitarios de entre 18 y 23 años, de diverso origen étnico y la mitad mujeres. Consistía en tres sesiones de laboratorio: tanto en la primera como en la segunda se les pedía que hicieran unos test a ordenador, entre ellos unos para medir la impulsividad cognitiva, y se les advertía que no debían tocar la tecla ESC del ordenador o se perderían los datos. Entre ambas sesiones se dejaba pasar una semana. Tras la segunda, a la mitad se les dejó dormir en el laboratorio y a la otra mitad se les obligó a permanecer toda la noche despiertos, ocurriendo la tercera sesión al día siguiente por la mañana. En esta sesión se les acusaba falsamente de haber pulsado la tecla ESC en la primera sesión y se les dio una declaración para que la firmaran, afirmando haber pulsado la tecla.

Tras la primera solicitud de que firmaran, encontramos que la mitad de lo que no han dormido aceptan, mientras que de los descansados sólo lo hacen el 18%. Tras una segunda y última insistencia, el 68,2% de los que no han dormido confiesan y un 38,6% de los que sí lo han hecho. Sin embargo, los datos realmente impactantes son en correlación a las otras pruebas realizadas. En relación al nivel de somnolencia subjetiva percibida, independientemente de en qué grupo experimental estuvieran, los participantes que reportaban altos niveles de somnolencia tenían 4,5 veces más posibilidades de confesar que en participantes con bajos niveles de somnolencia. También se encontró que los participantes que eran impulsivos eran más vulnerables a las confesiones falsas, tal y como se esperaba.

En conclusión, la privación del sueño tiene consecuencias desastrosas a la hora de obtener confesiones, impulsando a los inocentes a declarar; especialmente cuando se trata de personas vulnerables al cansancio o impulsivas. Es por ello que esta técnica no debería ser utilizada para lograr confesiones, del mismo modo que no deberían llevarse a cabo interrogatorios durante la noche ni de más de 12 o incluso 24 horas como en ocasiones se ha hecho, para evitar que el desgaste cognitivo haga el mismo efecto que la privación del sueño.