Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Presentation methodologies: an assessment for forensic signature analysis”, de Conlan X. A., Stevens S. J., Found B., Sherman C. D. H. y Durdle A. (2019), que nos acerca a las metodologías del análisis de firmas. En este artículo proponen un nuevo método para los grafólogos forenses y comparan el rendimiento de sujetos profesionales y no profesionales.

Dentro de las ciencias forenses, nos encontramos con una disciplina fascinante. Hablamos de la grafología, con dos vertientes principales: la grafología forense y la grafología psicológica. El artículo que presentamos hoy se centra en la primera de estas dos, siendo la grafología forense la que se encarga de la identificación del autor y del análisis de autenticidad de una firma o texto. La validez del análisis de la escritura a mano ha sido bastante cuestionada como técnica forense. La duda o critica principal en este ámbito es si los/las profesionales que examinan la escritura realmente son más capaces de identificar una firma simulada (por tanto, detectar su falsificación) que una persona no profesional. Existen varios estudios que han mostrado que los sujetos no profesionales detectan erróneamente una firma como simulada muchas más veces que los profesionales. A pesar de las evidencias, sigue habiendo muchas cuestiones a tener en cuenta para minimizar la probabilidad de errores.

Por esta razón, en 2009, la Academia Nacional de Ciencias de EEUU publicó un informe en el cual subraya una serie de limitaciones relativas a las ciencias forenses, incluida la grafología. Una de ellas se refiere a los sesgos contextuales, influencias cognitivas y contextuales que modifican y sesgan la percepción humana de múltiples maneras. En las ciencias de la evidencia forense, la información contextual irrelevante que podría influir en las conclusiones de los expertos proviene de 3 fuentes principales: el contexto en cual se examina una evidencia, la documentación que la acompaña y la información que se obtiene sobre ella mediante la comunicación con otros.

En cualquier caso, de todas las fuentes posibles de sesgo, esta investigación se basa en evidencias previas sobre el impacto que tiene el cotejo de las muestras dubitadas e indubitadas de huellas dactilares en las conclusiones de los expertos. Es decir, el cotejo como fuente de sesgos. Por eso, los autores plantean que los mismos sesgos pueden mantenerse también en el caso de las firmas y otros materiales escritos.

Un ejemplo de cómo podría sesgarnos el proceso de cotejo es imaginarnos que tenemos que decidir cuál es el tono de color rojo cereza y tenemos dos maneras de hacerlo. Una es teniendo una muestra de ese color y elegirlo de una serie de tonalidades distintas de rojo. Otra opción sería hacer lo mismo, pero sin tener referencia alguna, donde elegiríamos el color rojo cereza de una serie de tonos de rojo. ¿Creéis que los resultados serían distintos? No cabe duda de que en el caso de los colores hay menos características para analizar, alejándose bastante de la complejidad de una firma o huella digital, pero el proceso per se es el mismo.

En los estudios previos se sugiere que una alternativa al cotejo que disminuiría el riesgo de una percepción sesgada sería un análisis de las características de la muestra dubitada de manera aislada y, posteriormente, llevar a cabo el cotejo de ambas. En este estudio, no se lleva a cabo esa sugerencia al completo, pero se prueba con un nuevo método, llamado line-up. Este concepto hace referencia a la técnica que se utiliza en las ruedas de reconocimiento de sospechosos. Significa alineación o ponerse en fila, pero aquí se refiere a la presentación de muestras dubitadas e indubitadas de manera conjunta, sin una muestra de modelo.

Se justifica la posibilidad de encontrar diferencias en la cantidad o nivel de sesgo por el tipo de procesamiento que se lleva a cabo en el método de cotejar y Line-up. Si los sujetos aciertan más y discriminan mejor falsificaciones de firmas auténticas con un método más que con el otro, implicaría que ese método permite un análisis menos sesgado.

En el cotejo, el procesamiento cognitivo ocurre primero de abajo-arriba, cuando el modelo se percibe y, posteriormente, ocurre un procesamiento de arriba-abajo para comparar con las demás muestras. Por lo tanto, existe el riesgo de una comparación más sesgada por la información contextual y cognitiva que puede haberse recogido con la percepción del modelo.

En la metodología Line-up, el procesamiento de las muestras dubitadas e indubitadas ocurre de manera conjunta de abajo-arriba. El procesamiento de arriba-abajo implica que en el análisis se utilizará la misma información que la de entrada más el conocimiento del experto, por lo que probablemente habrá menos información contextual, sea interna o externa, que pueda sesgar las conclusiones obtenidas. Es decir, menos de la que se habría recogido si se suma la percepción del modelo.

En el estudio participa una muestra de 40 sujetos no profesionales de la grafología forense. Primero, 10 sujetos deben crear una muestra de 30 firmas originales cada uno. Los otros 10 deben generar 30 falsificaciones cada uno de una muestra de 5 firmas elegidas aleatoriamente de las anteriores. Los 20 sujetos restantes conforman dos grupos: No profesionales de cotejo (NP-C) y No profesionales Line-up (NP-L). Los grupos de profesionales de la grafología están compuestos por 7 sujetos para el grupo Profesionales de cotejo (P-C) y 8 para Profesionales Line-up (P-L).

Los grupos que deben cotejar las muestras (NP-C y P-C) reciben 10 casos. Cada caso se presenta con dos hojas: una con 15 firmas del mismo autor y otra con 5 firmas, de las cuales entre 1 y 5 firmas pueden ser falsificaciones. Los sujetos deben identificar cuáles de las 5 firmas son falsas y justificar para cada una por qué piensan que son o no son falsificaciones. Además, deben valorar en cada firma si consideran que hay una evidencia fuerte de que es original, falsa o si les parecen poco concluyente.

Los grupos que siguen la metodología Line-up también reciben 10 casos. Solo se utiliza una hoja que contiene 20 firmas, siendo la mayoría hechas por el mismo autor y entre 1 y 5 falsificadas. La evaluación de las firmas es igual que la anterior, excepto lo último y en este caso se deben clasificar las firmas: las del mismo autor, las falsificaciones y las que consideran poco concluyentes.

Como resultados principales, se observa que los participantes no profesionales se pronuncian más sobre la naturaleza de las firmas. Es decir, tienen menos dudas sobre si son falsas o no cuando utilizan el método Line-up. En cambio, los grafólogos forenses dan más respuestas correctas que los no profesionales, pero también optan más por no concluir nada. Se considera que estas diferencias pueden deberse a que los profesionales son más cautos a la hora de decidir sobre la naturaleza de las firmas, dado que saben la importancia de estas decisiones a nivel judicial. Prefieren no concluir que concluir incorrectamente. En cualquier caso, parece que el método Line-up es fácil de utilizar tanto para profesionales como no profesionales, dado que ambos grupos fueron capaces de determinar falsificaciones y firmas auténticas correctamente.

Utilizando el método del cotejo, no se encuentran diferencias entre profesionales y no profesionales en ningún tipo de respuesta. Este hallazgo es inconsistente con lo que han encontrado los estudios anteriores, donde suele haber una mayor exactitud en las respuestas de los profesionales.

Según los autores, lo más importante es que este estudio ha demostrado que el método Line-up parece apto para la profesión forense, cumpliendo su función de reducir el sesgo contextual, sin que afecte a la exactitud del análisis grafológico. Por lo tanto, parece un método que aumenta la probabilidad de detectar firmas auténticas y falsificaciones porque empuja a un mayor análisis de los matices que en el caso del cotejo, donde se trabaja más con la comparación de los mismos.

 

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