Lingüística Forense. Club de las Ciencias Forenses

Lingüística Forense. Club de las Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión os presentamos la primera parte del artículo “Lingüística Forense: Una visión general del cruce y la interrelación entre Lengua y Derecho” de la autora Maite Correa de la Universidad Estatal de Colorado (EE.UU.) que nos introduce en el novedoso y desconocido tema de la lingüística forense. En esta primera parte veremos: la Evidencia Lingüística, la Identificación de la Autoría, los Delitos de Lenguaje y el Lenguaje de la Ley. La semana que viene, en una segunda parte tendremos: el Lenguaje en procedimientos legales y discursos en salas de juicios y ¿qué es lo que el lingüista forense no hace?

La lingüística forense es un subcampo relativamente nuevo dentro de la lingüística aplicada que estudia la diferentes interrelaciones entre el lenguaje y el campo legal. Este artículo aborda la lingüística general con una visión de conjunto del vasto campo de la lingüística forense y hace hincapié en los diferentes modos en los que puede contribuir al sistema judicial criminal. Presenta un resumen de algunos de los casos legales más conocidos y discutidos y explica a grandes rasgos las interrelaciones entre la lingüística aplicada y su emergente campo en tres áreas interrelacionadas: (1) el lenguaje como medio de comunicación entre fuerzas del orden y sospechosos/testigos o como medio de argumentación legal en el juzgado, (2) el lenguaje de la ley y (3) los delitos del lenguaje y las evidencias lingüísticas.

Evidencia lingüística
La evidencia de lingüística forense es cualquier tipo de texto que pueda ser usado en una investigación criminal o como prueba en un juicio (llamadas de emergencia, notas de secuestro, anónimos, notas de suicidio, mensajes de texto, grabaciones policiales, confesiones, declaraciones, etc.).

Identificación de la autoría
La estilística forense (o estilometría) es una técnica que utiliza el análisis lingüístico del estilo de la escritura para identificar al autor. Dado que existe una variación individual, en gran parte inconsciente, en el uso del lenguaje, para establecer la huella lingüística de un texto concreto, se pueden usar diversos métodos de riguroso análisis cuantitativo y cualitativo. Como regla general, la lingüística forense compara los textos presentados como evidencias con otros textos escritos/hablados por el presunto autor y determina la probabilidad de que esa persona u otra diferente haya producido el texto cuestionado. Un ejemplo famoso de identificación forense es el caso Prinzivalli. Prinzivalli era un empleado de Aerolíneas Panamericanas sospechoso de realizar amenazas de bomba por teléfono a su jefe en Los Ángeles porque: a) se sabía que era un empleado infeliz, y b) era de Nueva York (se creía que el que hacía esas amenazas tenía acento neoyorquino). Se escuchó una grabación de la amenaza original y otra con muestras realizadas por el sospechoso. En base a la distribución de algunas vocales, se pudo determinar que la persona que amenazaba era en realidad del este de Nueva Inglaterra y no de Nueva York (Prinzivalli fue exculpado).
Los mensajes de texto (SMS) son otro tipo de evidencia lingüística que está siendo cada vez más usada en los juicios. Por ejemplo, en el caso de Danielle Jones, una chica que desapareció en 2001, dos mensajes enviados desde su teléfono móvil a su tío después de su desaparición fueron cruciales en la identificación de su posible raptor y asesino. Se compararon 65 mensajes que la chica había enviado durante los tres días anteriores a su desaparición con esos dos últimos en cuestión. En función de una serie de opciones lingüísticas ausentes o infrecuentes en el corpus de Danielle, se pudo determinar que “era bastante probable” que no los escribiera ella, lo que quiere decir que seguramente otra persona haciéndose pasar por ella lo hiciera (en este caso, su tío).

Delitos de lenguaje
Se puede decir que existe una gran variedad de delitos de lenguaje, como la proposición, la conspiración, el soborno, el perjurio, la difamación, las amenazas, y el plagio entre otros. En este caso, la principal diferencia entre este tipo de delitos y otros en los que hay evidencias lingüísticas es que basta la amenaza verbal, la solicitación o la oferta para que se constituya el delito. En estos casos la dificultad no radica en identificar al autor si no en determinar si ha habido o no delito. Como estos delitos son en esencia actos de habla, hay que tener en cuenta no solo lo que se ha dicho (acto locucionario), si no también lo que se quiere decir (acto ilocucionario) y el efecto que tiene en el oyente (acto perlocucionario).
El concepto de contaminación coloquial (Shuly 1993), es igualmente crucial para determinar si se ha cometido un delito de lenguaje o no. En una conversación en la que, por ejemplo, tiene lugar una conspiración o solicitación, es muy importante fijarse en quien ha introducido el tema y como responde la otra persona.
Finalmente, en otro caso mencionado por Solan y Tiersma, un hombre llamado Lawrence Gerenstein fue acusado de conspiración y proposición para matar a su mujer. Incluso con la ausencia de una proposición directa al otro hombre, se incriminó a sí mismo hablando de los diferentes tipos de armas que se podían utilizar para perpetrar el crimen.
El deber de un forense lingüista, como en cualquier investigación forense, es observar lo que puede no ser evidente a simple vista. Sabe lo que tiene que escuchar en una conversación (estrategias de respuestas, patrones de interrupción, duración de las pausas, actos del habla, inferencias, etc.). Los lingüistas forenses deben poseer una gran experiencia en diversas áreas de análisis lingüístico. Del mismo modo, los que se encargan de los delitos de lenguaje necesitan una sólida formación práctica. Después de llegar a sus conclusiones, deben transmitirlas de manera sencilla y no técnica a su audiencia.
En cuanto a las limitaciones, las numerosas variables que entran en juego en la identificación de la autoría mediante la lingüística forense pueden afectar considerablemente a su fiabilidad. El lingüista no siempre tendrá la suerte de encontrar una palabra u otra evidencia que le guíe a una conclusión firme. Por esa razón, muchos análisis lingüísticos pueden ser inconcluyentes, y consecuentemente, no usados en el juicio. El uso práctico tampoco está exento de limitaciones. Por ejemplo, la diferencia entre actos locucionarios, ilocucionarios y perlocucionarios no está siempre clara, lo que hace altamente problemática la atribución de intencionalidad. Además, el hecho de depender de grabaciones de audio sin poder tener en cuenta el lenguaje corporal o confiar en la explicación de lo que el testigo cree que se dijo, pueden volver la evidencia imprecisa o inadmisible en el juicio.

Lenguaje de la ley: inteligibilidad e interpretación del lenguaje legal
La gente corriente tiene que ocuparse regularmente de numerosos documentos legales (contratos, estatutos, bienes raíces, testamentos, etc.). En general el lenguaje legal resulta “extremadamente difícil de usar para sus consumidores no expertos”. Debido a esto, los lingüistas forenses han llevado a cabo una considerable cantidad de investigaciones que demuestran, contrariamente a la creencia popular, que el lenguaje legal empleado en las transacciones cotidianas solo es accesible a un reducido porcentaje de la población (p. ej.: planes de pensiones y notificaciones de tarjetas de crédito). Aunque los jueces a menudo se apoyan en los diccionarios para dar con las definiciones oficiales de las palabras que encuentran en la legislación, los lingüistas forenses prefieren basar sus definiciones en la observación del uso actual de esas palabras. Puesto que esas palabras cotidianas empleadas en la jerga legal tienen significados muy diferentes (homónimos legales). Por ejemplo, se puede mencionar el caso de un hombre que tenía una orden de alejamiento contra él. Este deslizó una carta de disculpa por debajo de la puerta de su compañera, por lo que fue acusado de haberla importunado, de haberse entrometido en su vida o de haberla amenazado. Evidentemente, el problema estuvo en que el acusado no conocía la definición legal de los términos y no creyó que “una inocente disculpa” pudiera ser considerada por la ley como una amenaza o un acto inoportuno. Varias investigaciones han analizado la complejidad del lenguaje de las instrucciones que se dan a los miembros de un jurado popular y como la falta de comprensión puede derivar en consecuencias fatales. El lingüista forense Levi demostró en un caso de condena a muerte que la mayoría de los miembros del jurado pudo haber comprendido mal los puntos fundamentales de la ley que se aplicó en ese caso.
En estos casos lo que los lingüistas forenses pueden hacer es modificar ese lenguaje con el fin de hacerlo más accesible a los usuarios colaborando con diseñadores de documentos y abogados. Pueden sugerir diferentes formulaciones y los abogados asegurarse de que el significado sigue siendo el que se le quería dar.
En cuanto a las limitaciones, mientras que puede parecer sencillo probar que un texto es denso, complejo o difícil de entender, es muy complicado demostrar si una persona en particular lo ha entendido o no.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de las Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno