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Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Neuroprediction of future rearrest”, de los autores Eyal Aharoni, Gina M. Vincent, Carla L. Harenski, Vince D. Calhoun, Walter Sinnott-Armstrong, Michael S. Gazzaniga y Kent A. Kiehl, de la Instituto de Tecnología de Massachusetts, que se adentra en la posibilidad de que una baja actividad en un área específica del cerebro en un delincuente correlacione con mayores posibilidades de volver cometer crímenes.

Para el sistema judicial, evaluar los riesgos de que un criminal vuelva a reincidir es una parte importante de la justicia. Y no sólo para el sistema judicial, también a nivel social es importante la capacidad de identificar con antelación y poder remediar el comportamiento antisocial. Hasta ahora la investigación en este campo ha girado en torno a la edad, el sexo, los antecedentes penales, consumo de drogas y otros factores de riesgo que han supuesto un avance en la predicción del futuro comportamiento antisocial.

Uno de los factores de riesgo más importantes y más estudiados en la reincidencia es la impulsividad. Entendemos la impulsividad como una baja tolerancia al estrés y a la frustración, falta de control de impulsos, incapacidad para considerar las consecuencias y comportamientos agresivos, que pueden derivar en actos delictivos. Las evaluaciones neuropsicológicas han demostrado la capacidad de predecir el comportamiento antisocial futuro mediante la evaluación de la impulsividad. Sin embargo, dado que estas medidas son indicadores indirectos de los sistemas de control inhibitorio y cognitivo del cerebro, ha llevado a plantear a los investigadores si una medida más directa de la actividad cerebral asociada con el control de impulsos pueda darnos el mismo resultado de forma más eficaz.

El control de impulsos está asociado a la actividad de una área del cerebro llamada “circunvolución del cíngulo anterior” (CCA), la cual es una pequeña región en la parte frontal involucrada en el procesamiento de errores, el control de conflictos, la selección de respuesta y el aprendizaje de evitación. Es por ello que en esta investigación se ha decidido poner en relación la actividad de esta zona cerebral con la reincidencia criminal.

Los participantes fueron 96 delincuentes varones de entre 20 y 52 años de distinta clasificación racial y étnica que pronto iban a ser puestos en libertad. Los investigadores utilizaron resonancias magnéticas para medir la actividad de la CCA de los participantes mientras realizaban una tarea de inhibición Go/No-Go, consistente en pulsar un botón cada vez que en la pantalla del ordenador aparecía una X (5 de cada 6 veces) y en no hacerlo cuando se mostraba una K (1 de cada 6), reaccionando lo más rápido posible. El desempeño exitoso consiste en saber controlar el impulso de pulsar el botón cuando no debe hacerse. Posteriormente se hizo un seguimiento de los exprisioneros durante cuatro años para controlar si ocurrían reincidencias.

De acuerdo con los resultados, los excriminales que tenían una baja actividad en el CCA eran más proclives a ser arrestados de nuevo. Sin embargo, los propios autores creen que aún deben estudiarse más estos resultados realizando más pruebas y teniendo en cuenta más variables. E incluso así, queda pendiente de evaluación la idoneidad de utilizar estos datos para realizar predicciones a nivel individual, dado que se podría estar vulnerando los derechos de los delincuentes. ¿No estaríamos cometiendo el mismo error que en la película Minority Report culpando a la gente antes de que cometan el crimen sólo por la posibilidad de que ocurra?