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¿Es fiable el estudio forense de las dimensiones del pie para predecir el perfil biológico del individuo?

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Prediction of Biological Profile from Foot Dimensions”, de los autores Abdullahi Suleiman y Adamu A. Rufa (Colegio de ciencias médicas de Nigeria) y Adamu Ahmad y Abubakar Tijjani (Hospital pediátrico Hasiya Bayero), que exponen si el peso corporal y la altura del arco del pie pueden afectar a la precisión en el estudio forense de las huellas del pie para obtener perfiles biológicos.

El estudio del pie humano y sus impresiones tiene innumerables implicaciones en la práctica médico-legal y forense, ya que en ocasiones los expertos forenses no se enfrentan con nada más que una huella de pie para determinar el perfil biológico de una víctima (de hecho, la tarea principal de un podólogo forense es contribuir al establecimiento de la identidad personal a través de un examen cuidadoso de una huella de pie). El pie y sus impresiones son exclusivas de un individuo y se sabe que sus dimensiones son confiables en la predicción del perfil biológico. Un número significativo de ecuaciones de regresión para la predicción del perfil biológico se derivan de las dimensiones del pie en sujetos vivos. Con respecto al peso aplicado al pie, los arcos del pie pueden deformarse y revertirse a la alineación normal, cambiando la forma y el tamaño del pie. Las deformidades de esos arcos también pueden afectar las dimensiones del pie. Sin embargo, desde una perspectiva forense, hay muy pocas investigaciones que traten el efecto del peso corporal y la altura del arco en las dimensiones del pie o su efecto sobre la precisión de la predicción del perfil biológico. Este estudio discute brevemente la implicación forense del pie y el efecto del peso corporal y la altura del arco sobre la precisión de las ecuaciones de regresión derivadas del sujeto que soporta peso, así como de los sujetos con deformidades del arco.

Como ya sabemos, al ser el pie la parte más distal del cuerpo, es la parte de unión y presión entre el suelo y el cuerpo, y por tanto el sitio donde se aplican fuerzas externas al cuerpo. Por ello, el tamaño y la forma del pie se modifican durante el levantamiento de peso en comparación con el pie que no lleva peso, modificándose así la huella impresa. Además, el peso corporal del individuo parado comprime el pie y lo presiona contra el suelo, mientras que en posición acostada, no actúa sobre el pie, por lo que las dimensiones del pie serán diferentes según la posición. Por lo tanto, el profesional forense debe tener en cuenta los cambios que se producen en cuanto al soporte de peso del pie.

La medición de la longitud real del pie también puede estar sesgada por las deformidades del pie, como los “dedos en garra” y el “hallux valgus” (la deformidad que conocemos todos como “juanete”). Los “dedos en garra” a veces se encuentran en individuos con el pie arqueado, mientras que el “hallux valgus” se encuentra en individuos con un pie arqueado bajo mucho más a menudo. En el caso de los “hallux valgus”, el pie puede aparecer como más largo de lo normal, mientras que en los casos de “dedos en garra”, las cabezas del metatarsiano se deprimen más y la fascia plantar se aprieta aún más, por lo que el arco se vuelve más alto y por lo tanto, se reduce la longitud del pie.

Además de esto, es conocido que tanto la longitud del pie como la altura del arco tienden a aumentar con el aumento de la edad. De hecho, el crecimiento del pie está en sincronía con el cuerpo como un todo, ya que la estatura humana es un complejo anatómico de dimensiones lineales, por lo que la relación entre la altura del escafoides y la estatura puede considerarse como parte del proceso de crecimiento normal, donde las diversas partes del cuerpo aumentan proporcionalmente. Desde el punto de vista estadístico, sin embargo, se puede entender que debido a la correlación positiva que existe entre la estatura y la altura del escafoides, un aumento en la altura del escafoides resulta en un aumento en la altura y estatura del arco también. Sin embargo, es esta la hipótesis que tenemos que tomar con especial precaución, ya que en el caso de individuos con pies de arco bajo, la longitud del pie aumentará anormalmente mientras que la estatura permanecerá normal, y en el caso de individuos con pies de arco alto, la altura del arco habrá aumentado anormalmente y la longitud de pie habrá disminuido mientras que la estatura del individuo permanecerá normal.

Se concluye por tanto que tanto el peso corporal como la posición y las deformidades del arco pueden afectar a la precisión en el estudio forense del pie y sus huellas, siendo por tanto estos aspectos (peso, posición y posibles deformidades) factores que el forense debe de tener en cuenta al calcular las dimensiones del pie.

Relación entre la salud mental, los problemas del comportamiento y los problemas de juego entre adolescentes

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Identifying the Relationship Between Mental Health Symptoms, Problem Behaviors and Gambling Among Adolescents ”, de los autores Jérémie Richard y Jeffrey Derevensky, del Centro Internacional para Problemas Juveniles de Juego y Comportamientos de Alto Riesgo, de la Universidad McGill. En el presente estudio investigan la relación existente entre los síntomas de salud mental, problemas de comportamiento, y problemas de juego (ludopatía) entre adolescentes.

La adolescencia representa un período de desarrollo social y psicológico significativo que puede conducir a la experimentación con múltiples comportamientos de alto riesgo. Aunque las asociaciones con el problema de los juegos de azar en la juventud se han establecido en la literatura de investigación, hay una falta de coherencia en los resultados y las medidas utilizadas para evaluar estos constructos al tiempo que se considera el impacto del género y la edad.

El juego es un problema de salud pública y mental prevalente y creciente entre los adolescentes. Además, aunque los adolescentes a menudo comienzan a apostar de vez en cuando y con fines recreativos (es decir, juegos de azar sociales), pueden progresar más rápidamente que los adultos del juego social al juego problemático o desordenado. Las tendencias en los comportamientos de juego destacan que entre los jóvenes y adultos, la tasa de problemas de juego es dos veces mayor entre los hombres en comparación con las mujeres. En comparación con las mujeres, los hombres informan un mayor riesgo, comienzan a apostar más temprano, dedican más tiempo y dinero a apostar, apuestan con mayor frecuencia y experimentan mayores tasas de problemas relacionados con el juego. Como los juegos de azar desordenados pueden estar estrechamente relacionados con comportamientos de externalización y consumo de sustancias en los hombres, entre las mujeres el juego desordenado parece asociarse más estrechamente con los síntomas de depresión y los estilos de afrontamiento de evitación.

La adolescencia marca un período importante de desarrollo psicológico y social que a menudo va acompañado de eventos de transición positivos y negativos. La salud mental y los problemas de comportamiento son bastante comunes en los adolescentes, con altas tasas de prevalencia de depresión, ansiedad, uso de sustancias y trastorno de la conducta. De importancia, un estudio reciente mostró cómo los problemas de internalización y externalización pueden surgir en la primera infancia y permanecer presentes a lo largo de la vida. Además, los jóvenes a menudo tienen más responsabilidad, autonomía y libertad durante la adolescencia , lo que a menudo conduce a una mayor experimentación con una variedad de comportamientos de alto riesgo (incluidos los juegos de azar, el consumo de drogas y el comportamiento sexual sin protección).Finalmente, los adolescentes también tienden a manifestar altos niveles de impulsividad y generalmente son más vulnerables a la presión social. Combinados, estos factores de riesgo aumentan la probabilidad de un compromiso adolescente excesivo en las actividades de juego.

El juego durante la adolescencia se ha asociado con una amplia gama de resultados psicológicos, sociales y académicos negativos. Por ejemplo, se ha informado que las tasas de ansiedad, depresión, baja autoestima, delincuencia y consumo de sustancias son significativamente más altas en los adolescentes que juegan. El juego desordenado también se ha asociado con mayores tasas de problemas de conducta, comportamientos antisociales, trastorno por déficit de atención e hiperactividad y trastornos de internalización en los jóvenes. Para dar cuenta de esto, se ha sugerido que los juegos de azar podrían servir como un mecanismo de adaptación inadaptada en el que los adolescentes participan en el juego para disociarse o escapar de los acontecimientos estresantes de la vida. Si estas estrategias de afrontamiento desadaptativas no se reconocen en las primeras etapas de la adolescencia, el comportamiento continuo del juego podría conducir al desarrollo de problemas médicos o psiquiátricos graves más adelante en la vida. Dadas las consecuencias generalizadas asociadas con los juegos de azar adolescentes desordenados, una mejor comprensión de la relación entre los síntomas de salud mental, las conductas problemáticas y el juego apoyarían los esfuerzos futuros de prevención e intervención con los adolescentes.

Por todo esto, la investigación de la que hablamos en este artículo busca identificar los síntomas de salud mental (ansiedad, depresión…) y los problemas de comportamiento (agresión, delincuencia…) asociados con el riesgo de desarrollar un problema de juego y una mayor frecuencia de apuestas.

Este estudio utilizó datos de la Junta de Servicios de Salud Mental, Alcohol y Drogas, y la Encuesta del Centro de Servicios de Educación del Condado de Wood sobre el Consumo de Alcohol y Otras Drogas entre adolescentes en secundaria y preparatoria en Wood County, Ohio. Las encuestas se administraron a todos los estudiantes de escuelas públicas de séptimo a duodécimo grado. Para garantizar el consentimiento informado y el anonimato en la encuesta, se proporcionó a cada director de la escuela un formulario de consentimiento que se le entregó a los padres informándoles de la importancia de la encuesta. Luego, los estudiantes completaron las encuestas administradas por sus respectivos profesores de aula, se les informó que las encuestas eran completamente anónimas, y pudieron retirarse de la participación en cualquier momento sin penalización.

Un total de 6,818 adolescentes de entre 10 y 19 años de edad de las escuelas públicas de Wood County Ohio participaron en el estudio.

Se realizaron medidas sobre comportamientos problemáticos y salud mental, utilizando la Escala de gravedad del problema de Ohio Scales for Youth (OSY). Se desarrolló sobre la base de cuatro fuentes de información: Los comportamientos problemáticos basados ​​en el DSM-IV, problemas comunes de jóvenes con trastornos emocionales, consultas con proveedores de servicios de cuidado infantil, y artículos de instrumentos de uso común que evalúan la psicopatología.

Se midió también la participación en el juego (A los participantes se les preguntó con qué frecuencia participaban en diferentes actividades durante los últimos 12 meses en una escala de 5 puntos que variaba de 0 (nada) a 5 (diariamente). La frecuencia del juego se recodificó según si realizaban juegos de azar frecuentes (participación más de una vez al mes) y juegos sociales / sin juego (participación menos de una vez al mes o no participar en absoluto).).

Por último, se midieron también los problemas de apuestas en riesgo, evaluando 17 items sobre la gravedad de los juegos de acuerdo con criterios del DSM-IV sobre el juego patológico.

Las respuestas mostraron que un 6,7% de los participantes (n=458) estaban en riesgo por un problema de juego (316 hombres y 142 mujeres). El 13,1% (n=891) se clasifican como jugadores frecuentes (más de una vez al mes). Además, el 32% de los hombres y el 47,1% de las mujeres que indicaron un problema de ansiedad alto tenían un mayor riesgo de un problema de juego. Análisis adicionales revelaron que había un patrón similar para individuos con problemas depresivos altos, donde el 38.2% de los hombres y el 59% de las mujeres con problemas depresivos altos tenían un mayor riesgo de un problema de juego.

Además, el 50,6% de los hombres y el 64,1% de las mujeres con problemas de alta agresividad eran jugadores frecuentes. Los resultados también mostraron que los hombres y las mujeres con puntuaciones altas de ansiedad y de depresión tenían una probabilidad significativamente mayor de apostar con frecuencia. Por último, este análisis reveló que el 26.6% de los hombres y el 32% de las mujeres con altos problemas delincuentes / antisociales eran considerados jugadores frecuentes.

En cuanto a los resultados según edades: las personas de 13 a 15 años y de 16 a 19 años, todos los problemas de salud mental y las conductas problemáticas se relacionaron significativamente con los riesgos de adicción al juego y la frecuencia de los juegos de apuestas. Para los niños de 10-12 años, los problemas de ansiedad y delincuencia alta no se relacionaron significativamente con el riesgo de adicción al juego, aunque estos problemas de salud mental y de conducta se relacionaron con una mayor frecuencia de participación en actividades de juego. En cuanto a los problemas depresivos y agresivos, los niños de 10-12 años tenían una probabilidad significativamente mayor de estar en riesgo de desarrollar adicciones al juego o de ser jugadores frecuentes cuando estos problemas eran de gran gravedad.

En conclusión, los hallazgos del estudio destacan la relación entre las conductas de juego y una variedad de síntomas de salud mental y conductas problemáticas en jóvenes adolescentes. Esto es de vital importancia ya que los altos niveles de problemas agresivos, de ansiedad, depresivos o antisociales ponen a los adolescentes en riesgo, no solo en términos de su bienestar psicológico y social, sino también aumentando su riesgo de comportamientos de juego problemáticos y desordenados. Dado que el juego es fácilmente accesible y se ha vuelto más aceptado socialmente, debe prestarse mayor atención a los comportamientos y síntomas que aumentan la probabilidad de participación juvenil en el juego. Este estudio fortalece nuestra comprensión actual de estos síntomas y, como tal, puede ayudar en el desarrollo de futuros programas de intervención dirigidos a conductas problemáticas de juego de una manera holística. Es decir, prestar atención no solo a las conductas de juego, sino a las secuelas psicológicas y sociales asociadas.

 

Las agresiones físicas y los rasgos de ira en sujetos con trastornos antisociales y de personalidad límite.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Trait Anger, Physical Aggression, and Violent Offending in Antisocial and Borderline Personality Disorders”, de los autores Nathan J. Kolla, Jeffrey H. Meyer, R. Michael Bagby, y Amanda Brijmohan, que investigan si existen diferencias entre los rasgos de ira y hostilidad asociados a agresiones físicas y violentas en sujetos con trastornos de personalidad límite y antisociales y en sujetos clínicamente sanos.

El trastorno de personalidad antisocial y el trastorno de personalidad límite son condiciones comunes en entornos forenses que presentan altas tasas de violencia. Los rasgos del modelo de “BIG FIVE” de neuroticismo y amabilidad han mostrado una relación con la agresión física en muestras no clínicas y psiquiátricas generales (la agresión humana es un fenómeno de comportamiento al menos parcialmente impulsado por las características de la personalidad del individuo). Recordamos que el modelo BIG FIVE es un patrón en el estudio de la personalidad que examina la estructura de ésta a partir de cinco elementos amplios o rasgos de personalidad: Neuroticismo, Responsabilidad, Extraversión, Apertura a la experiencia y Amabilidad. Así, se sabe que los niveles altos de neuroticismo y bajos de amabilidad están vinculados a la agresión física en casos no clínicos.

El objetivo de la investigación que presentamos en este artículo fue comprobar la vinculación existente entre estos rasgos de personalidad y los actos de violencia y agresión en casos de personalidad antisocial y trastorno de personalidad límite. Así, esta investigación cuenta con la  hipótesis de que los rasgos de personalidad del neuroticismo y la amabilidad vinculados a la agresión física en casos no clínicos, también están vinculados a la agresión física en los casos clínicos de personalidad antisocial y de trastornos de personalidad límite.

Para realizar la investigación (aprobada por la Junta de Ética en Investigación para Sujetos Humanos en el Centro de Adicción y Salud Mental de Toronto, Canadá), cada participante dio su consentimiento por escrito después de que explicarles los procedimientos del estudio. Un total de 71 sujetos participaron en el estudio: 20 hombres con trastorno antisocial, 27 mujeres con trastorno de personalidad límite y 24 controles sanos. Todos los participantes eran no fumadores y proporcionaron pruebas negativas de toxicidad en orina para sustancias ilícitas.

Todas las mediciones se hicieron usando el método NEO PI-R. El NEO PI-R es una medida autoevaluativa extensamente validada y confiable de la personalidad adulta que se basa en el BIG FIVE y proporciona puntajes dimensionales basados en pruebas de referencia normativa para el calculo de los rasgos de personalidad, capturando características de personalidad normales y anormales. Se evaluaron específicamente los rasgos de personalidad con apoyo empírico relativos a la agresión o violencia. Estos incluyen rasgos relacionados con neuroticismo (ira / hostilidad, ansiedad, impulsividad, autoconciencia) y rasgos indexados por la dimensión de amabilidad (ternura, cumplimiento y altruismo). Todos los sujetos completaron el NEO PI-R.

También se usó el “Aggression Questionnaire” (AQ). Se trata de un cuestionario ampliamente utilizado que evalúa la agresión, la hostilidad y la ira. La subescala de agresión física incluye nueve elementos que indexan comportamientos relacionados con la violencia física hacia otros y la destrucción de la propiedad. Todos los sujetos completaron la subescala de agresión física del AQ.

Además de realizar NEO PI-R y AQ, todos los participantes realizaron el “Wechsler Test of Adult Reading – Revised”, útil para proporcionar una estimación del CI total.

Los resultados de la investigación fueron los siguientes:

Como se esperaba, el grupo de trastorno de la personalidad exhibió mayores tasas de enfermedad psiquiátrica comórbida, y los resultados se vincularon a rasgos superiores relativos a la agresión física, presentando niveles más altos de ira / hostilidad, ansiedad, impulsividad y autoconciencia; y niveles de responsabilidad más bajos. El hallazgo principal del estudio es que el rasgo de ira / hostilidad predijo la agresión física en una muestra clínica de sujetos con trastorno de personalidad antisocial y trastorno de personalidad límite. Aunque esta investigación muestreó una gama de rasgos de personalidad empíricamente relacionados con el comportamiento agresivo, el rasgo de ira / hostilidad surgió como el único predictor de la agresión física. Estos resultados son importantes para comprender la relación entre los rasgos de personalidad inadaptados y la agresión física en los sujetos con trastorno de la personalidad y para explorar la utilidad clínica de la evaluación de la personalidad como un componente de la evaluación general del riesgo.

Los psiquiatras y psicólogos forenses son llamados regularmente para ofrecer evaluaciones del riesgo de violencia futura. Aunque algunos enfoques de juicio profesional estructurados para la evaluación de riesgos guían a los evaluadores a considerar rasgos de personalidad desadaptativos relevantes para la ira, estas herramientas no proporcionan una medida del funcionamiento de la personalidad en términos cuantitativos, y en este estudio se muestra como los participantes con trastorno de personalidad antisocial presentan una medida continua en el rasgo de ira / hostilidad que fue capaz de predecir el número de condenas violentas, por lo que son datos importantes teniendo en cuenta además que los inventarios de personalidad utilizados para realizar estas mediciones son inventarios económicos y fáciles de administrar que podrían proporcionar información suplementaria a los enfoques de evaluación de riesgos clínicos existentes.

La oreja como método biométrico de identificación. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Human Ear Recognition Using Geometrical Features Extraction”, de los autores Asmaa Sabet Anwar, Kareem Kamal A.Ghany, y Hesham Elmahdy, de la facultad de Informática e Información de la Universidad del Cairo, que presentan un novedoso algoritmo para el reconocimiento de las orejas basado en la extracción de características geométricas de la misma.

Los métodos tradicionales de identificación personal se basan en lo que conoce la persona como PIN, contraseñas, tarjetas de identificación y claves específicas. Estos métodos tienen muchas desventajas, como dificultad para recordar, fácil de perder, falta de seguridad, las tarjetas y las claves a menudo se roban y las contraseñas se pueden descifrar. Debido a la desventaja de los métodos tradicionales de identificación, en los últimos años el reconocimiento biométrico ha recibido una mayor atención por parte de las personas gracias a los avances tecnológicos. Como ya sabemos, la biometría es una tecnología de identificación o verificación basada en el reconocimiento de una característica física e intransferible de las personas, como por ejemplo, la huella digital, el reconocimiento del patrón venoso del dedo o el reconocimiento facial. En general, se cree que la biometría se convertirá en un componente importante de la tecnología de identificación.

En el presente estudio, los investigadores presentan un algoritmo que permite la identificación biométrica a través de las orejas. La oreja humana es una fuente perfecta de datos para la identificación pasiva de personas, ya que es visible, sus imágenes son fáciles de tomar y la estructura de la oreja no cambia radicalmente con el tiempo, además satisface las características biométricas: Universalidad (toda persona tiene orejas), distintividad (no hay dos iguales), permanencia (no cambia en el tiempo) y capacidad de colección (se puede medir cuantitativamente).

La forma de realizarlo es a través de las fases de preprocesamiento, detección de la oreja, detección de bordes, post-procesamiento, extracción de características y finalmente clasificación.

Durante la fase de preprocesamiento, se cambia el tamaño de las imágenes a 272×204 píxeles (dimensiones de las imágenes de la base de datos) y se aplica a la imagen técnicas de alisamiento usando el filtro gaussiano. Posteriormente, se realiza la detección de la oreja especificando todos aquellos puntos de control referentes a elasticidad, rigidez, tamaño, bordes y terminación (registrando un total de siete valores). Se realiza posteriormente una detección de los bordes de la oreja, fase en la cual se detectan los bordes fuertes y débiles, e incluye los bordes débiles en la salida solo si están conectados a bordes fuertes. Finalmente en el post-procesamiento, se eliminan todos los píxeles no deseados y se cierran los contornos y bordes que puedan afectar a la detección.

Una vez ha sido procesada la imagen, en la fase de extracción de características, se detecta el objeto más grande y se obtiene la distancia euclidiana mínima entre cada píxel y todos los píxeles, obteniendo así los límites. El centroide del objeto más grande y la media de la imagen del oído también se toman como valores de características para garantizar la singularidad entre las imágenes del oído, y posteriormente se agregan valores adicionales que mejoran la precisión del reconocimiento.

Para la creación y prueba de este algoritmo, se creó la base de datos del “IIT Delhi Ear” , con fotografías de orejas tomadas a sujetos con edades entre 14 y 58 años. Usando esta base de datos, se realizó el experimento con 50 personas usando para ello 3 imágenes de sus orejas. Los resultados fueron exitosos: 49 casos fueron identificados como verdaderos y tan solo uno de ellos como falso (no se produjo reconocimiento). Esto indica una precisión de reconocimiento de un 98%, tratándose de unos resultados experimentales muy positivos que pueden abrir un camino hacia la posibilidad real de usar la oreja como identificación biométrica en un futuro.

Diferencias neuropsicológicas entre el asesino calculador frente al impulsivo. Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Neuropsychological and Intellectual Differences Between Types of Murderers: Affective/Impulsive Versus Predatory/ Instrumental (Premeditated) Homicide”, de los autores Robert E. Hanlon, Michael Brook, John Stratton, Marie Jensen y Leah H. Rubin, de la Escuela de Medicina de Feinberg en la Universidad de Northwestern en Chicago, que analizan las diferencias entre los asesinos impulsivos y los premeditados. 

Incluso de forma intuitiva, la gente que no sabe demasiado acerca de ciencias forenses también intuye que no hay un único tipo de asesino. Todos tenemos en mente a clásicos personajes del cine como Patrick Bateman, interpretado por Christian Bale en American Pshyco, o el Dr. Hannibal Lecter del Silencio de los Corderos, llevado a la pantalla por Anthony Hopkins. Son claros ejemplos de asesinos inteligentes y planificadores; ese es el típico psicópata que nos viene a la cabeza por lo general. Sin embargo, también hay otro tipo de asesino que nos viene a la mente en segundo lugar: el violento. Ese que se deja llevar por la ira y, si bien carece de escrúpulos al igual que el otro, no es planificado sino visceral y brutal. Tenemos como ejemplo a Jack Torrance, protagonista del film basado en la novela de Stephen King, El Resplandor, magistralmente interpretado por Jack Nicholson en la película de Kubrick.

Cabría, quizás, hacerse la pregunta de, puestos a encontrarse a alguno de estos dos perfiles en un callejón oscuro por la noche, ¿cuál sería peor? La psicología forense hace mucho que aconseja mantener ciertas distancias con psicópatas de bajo cociente intelectual y un historial de abuso de drogas o alcohol. No hace falta ser un genio para ver que esa mezcla no puede acabar bien. Sin embargo, el siguiente estudio va más allá de la “psicología popular” y nos trae datos sobre ambos tipos de asesinos.

Los investigadores examinaron a 77 reclusos: 90% varones, 68% afroamericanos, con una edad promedio de 32 años dentro de un rango de 16 a 67 años y un promedio de 10,5 años de educación.  Posteriormente clasificaron a estos reclusos (que habían sido acusados ​​o condenados por los asesinatos de 137 personas diferentes) en dos grupos: el grupo afectivo/impulsivo y el grupo premeditado/depredador usando los criterios forenses de Meloy (1988, 1997) relacionados con la violencia. Además, los autores definen la violencia predatoria o instrumental como “un acto planificado, deliberado y, sobre todo, consciente; mientras que la violencia afectiva o impulsiva se refiere a actos reactivos, inmediatos y principalmente emocionales “.

Cada recluso había sido referido por su abogado o por el tribunal para la evaluación neuropsicológica relacionada con la aptitud para ser juzgado, la responsabilidad criminal, retraso mental o anormalidades neuropsicológicas. Los investigadores estaban interesados ​​en examinar las diferencias neuropsicológicas y de inteligencia, si las hubiera, entre estos dos grupos de criminales. Todos los reclusos participaron en una entrevista clínica y completaron una batería de pruebas neuropsicológicas.

Los análisis mostraron que el grupo afectivo/impulsivo era de media más joven, con menos años de educación, más propensos a ser afroamericanos, más propensos a tener antecedentes de abuso de sustancias (93% a 76%) o trastornos del desarrollo y menos probabilidades de tener antecedentes de diagnóstico psiquiátrico o trastorno de la personalidad que los pertenecientes al grupo predatorio/instrumental.

El grupo afectivo/impulsivo parecía menos inteligente (CI 79 de media) frente al predatorio/instrumental (CI 93 de media). Además tenían peor memoria, peor atención y un pobre reconocimiento facial. También se observaba menos eficiencia en la resolución de problemas y la flexibilidad cognitiva.

Por otro lado, los predatorios/instrumentales tenían más probabilidades de tener trastornos del Eje I (trastornos mentales importantes como la esquizofrenia o el trastorno bipolar) y trastornos del Eje II (trastornos de la personalidad como antisocial, narcisista, histriónico, límite, etc).

Esto sugiere que los asesinos afectivos/impulsivos tienen importantes déficits neuropsicológicos e intelectuales, mientras que los ​​predatorios/instrumentales tienen en gran medida intactos todos los dominios neurocognitivos. Por tanto, los asesinos predatorios/instrumentales es probable que sean más inteligentes y con menos probabilidades de ser capturados (o al menos menos no rápidamente atrapados). El asesino afectivo/impulsivo es probable que cometa el crimen con una menor evaluación previa de las consecuencias y sin un plan de fuga o coartada. Pero volviendo a la pregunta inicial, mejor evitar encontrarnos con ninguno de los dos.

Asumir la culpa por otros. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Taking Blame for Other People’s Misconduct”, de los autores Jennifer Willard, Stephanie Madon and Timothy Curran, de la Universidad de Kennesaw, que estudian el fenómeno de las confesiones falsas para encubrir a otras personas. 

Por lo general, la atención a la hora de investigar sobre confesiones  se centra en si son verdaderas o falsas, tomando de punto de partida que cuando son falsas se trata de un culpable que se niega a asumir la culpa. Olvidamos tener en cuenta a aquellos que confiesan y, sin embargo, su confesión es falsa porque en realidad son inocentes. Parejas que se cubren entre ellas, amigos que se protegen, personas extorsionadas para confesar un delito que no han cometido. Sabemos que existen las confesiones falsas para encubrir a otra persona, de hecho, ya indagamos al respecto hace unos meses. ¿Pero qué tipo de personas son más propensas a hacerlo?

El propósito de esta investigación fue (a) identificar las diferencias individuales que predicen la probabilidad de estar en una situación en la que es posible asumir la culpa, (b) replicar y ampliar la identificación de las diferencias individuales que distinguen entre las personas que asumen la culpa por los demás y los que no lo hacen, y (c) identificar los factores situacionales asociados con el comportamiento de culpa.

Participaron 213 estudiantes universitarios, en su mayoría mujeres, y 42 hombres inscritos en un tratamiento para el abuso de sustancias. Los participantes debían completar una encuesta sobre la conducta de asumir la culpa en nombre de otra persona. Aquellos que nunca se habían encontrado en una situación así debían contestar sobre un escenario hipotético. Debían valorar del 1 al 7 diversos factores situacionales que habían influido (o podrían influir) en su decisión de asumir o no la culpa en esa situación. Estos factores situacionales incluyeron (1) la presión ejercida por el perpetrador, (2) la gravedad percibida del acto, (3) la lealtad al perpetrador, (4) la obligación para con el perpetrador, (5) el sentimientos de responsabilidad sobre el acto, y (6) cómo de diferentes se perciben las consecuencias para uno mismo en en comparación con la persona que cometió el crimen. La versión para la muestra del abuso de sustancias incluía dos ítems adicinales sobre incentivos para asumir la culpa y probabilidad de ser descubierto.

Encontramos que el 67% de los participantes (142) se habían encontrado en una situación así y el 61% de estos (86) asumieron la responsabilidad por la otra persona.  Lo más habitual era hacerlo por un amigo o pareja (65%), un conocido (17%), un familiar (13%) u otro (4%). Los tres principales delitos fueron el fraude (17%), la conducta desordenada (17%) y el robo (11%). Para la muestra de tratamiento para el abuso de sustancias, el 90% de los participantes (38) indicó haber estado en una situación de este calibre y el 76% de ellos (29) asumió la culpa de otra persona; por un amigo o pareja (39%), un familiar (32%), un conocido (21%) u otro (7%). En su caso, los tres principales delitos asumidos fueron los relacionados con drogas (59%), los relacionados con el alcohol (35%) y el robo (28%).  Además, estos individuos resultaron ser más extrovertidos, reportaron sentir más lealtad hacia el verdadero culpable e indicaron más incentivos para asumir la culpa que los individuos que cometieron el delito.

En conclusión, las confesiones falsas que surgen del deseo de proteger a otra persona o de la presión ejercida por los verdaderos culpables han recibido alarmantemente poca atención. Este estudio ha investigado el potencial de las diferencias individuales y factores situacionales pero es un tema que merece atención.

Familiaridad y falsas memorias en la rueda de reconocimiento. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Feelings of familiarity and false memory for specific associations resulting from mugshot exposure”, de los autores Alan W. Kersten y Julie L. Earles, de la Universidad de Florida, que analizan cómo las ruedas de reconocimiento pueden afectar a la memoria de los testigos.

El 27 de octubre de 1985, una mujer fue violada en su propia casa, en Virginia (Estados Unidos). Ella dijo a la policía que la habitación estaba a oscuras y no pudo ver la cara del agresor, pero dos de sus vecinos testificaron haber visto a un hombre llamado Walter Snyder fuera de la casa la víctima poco antes del ataque. Snyder fue interrogado y su foto fue incluida entre las que se mostraron a la víctima para el reconocimiento. La mujer no le señaló como el perpetrador pero sí que manifestó que las cejas de él le resultaban familiares. Meses después, en la rueda de reconocimiento, la víctima le reconoció como culpable. Después de siete años en prisión, la familia logró que se hicieran pruebas de ADN (en ese momento novedosas) y tras tres pruebas diferentes fue descartado como culpable.

Este caso demuestra los peligros asociados con la presentación de fotos de los sospechosos a los testigos oculares y a las víctimas de un crimen. Aunque puede ser una herramienta de investigación útil, también puede tener el efecto de contaminar la memoria de los testigos oculares sobre el evento. Si un individuo representado en las fotografías se asemeja al autor real o si resulta familiar a la víctima por otras razones, puede hacer que un testigo recuerde más tarde haber visto al individuo representado cometer el crimen. Como por ejemplo en este caso, que Walter Snyder resultaba familiar a la víctima porque ella lo había visto pasear en el vecindario. Este proceso se llama “transferencia inconsciente”.

Para estudiar en profundidad este proceso, los investigadores utilizaron a 80 estudiantes, con una edad media de 20 años, y 40 ancianos, con una media de 71 años.  A cada participante se le mostró una serie de fragmentos de vídeo de actores que realizaban acciones sencillas y luego se les indicó que recordaran qué actor realizó esa tarea. Completaron esta tarea 36 veces cada uno.

Después de las presentaciones, los 40 adultos mayores y la mitad de los jóvenes (otros 40) fueron examinados inmediatamente para ver cuánto podían reconocer correctamente. Los 40 jóvenes restantes fueron examinados de nuevo tres semanas más tarde.

Según los resultados, tanto los participantes más jóvenes como los mayores eran más propensos a reconocer falsamente los acontecimientos si los actores que aparecían en esos eventos también habían aparecido en las fotos. Además, para los adultos mayores, la toma de fotografías significaba que experimentaban una sensación de familiaridad cuando veían al actor actuar en los fragmentos de vídeo, incluso si se les había preguntado una acción diferente cuando vieron las fotos. Los investigadores creen que esto probablemente signifique que las personas mayores reconocieron la cara familiar, pero no pudieron ubicar por qué. Por su parte, los más jóvenes tenían tendencia a crear más falsos recuerdos siempre que la pregunta y la fotografía le hubieran sido presentadas de manera conjunta en la tarea, ya que esto parecía crear algún tipo de aprendizaje asociativo que afectaba al recuerdo original.

En conclusión, tras la primera rueda de reconocimiento, ya sean fotos o en persona, un mismo testigo no debería ser llamado de nuevo para un segundo reconocimiento ya que su recuerdo del evento está enturbiado por la visión de los sospechosos.

Las acosadoras. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “The Female Stalker”, de los autores J. Reid Meloy, Kris Mohandie y Mila Green, de la Universidad de Phoenix, que estudian el perfil de las acosadoras.

Aunque la mayoría de acosadores son varones cuyas víctimas son mujeres, también podemos encontrar acosadoras. Hasta hace una década se trataba de una proporción de cuatro a uno, pero no deja de ser una minoría significativa. Las víctimas masculinas del acoso femenino se enfrentan a menudo a la indiferencia, el escepticismo o incluso la burla. Incluso se llega a cuestionar su sexualidad. E incluso en igualdad de condiciones, una acosadora tiene menos papeletas para ser procesada. Por lo general, se tiende a pensar que por su inferioridad física una acosadora es menos peligrosa o incluso menos digna del foco atencional de la propia criminología. Por ello, es importante investigar a este colectivo y lograr el manejo de esta amenaza tan obviada.

Se investigaron 1005 casos de acoso de ambos sexos para un estudio comparativo, entendiendo como conducta de acecho dos o más contactos no deseados hacia una misma persona que generara un miedo razonable en ella. Se codificaron en los casos 50 variables que incluían aspectos demográficos, objetivos del acoso, consecuencias legales y reincidencia. Además se disponía de una valoración del estado mental de los acosadores en el 76% de los casos.

Se identificaron 143 acosadoras femeninas en la muestra, cuyo perfil típico era el de una mujer soltera, separada o divorciada de unos 30 años con un diagnóstico psiquiátrico, la mayoría de las veces un trastorno del estado de ánimo. Era más probable que persiguiera a un varón conocido, extranjero o celebridad, en lugar de alguien con quien tuviera una intimidad sexual previa. En comparación con los acosadores masculinos, las acosadoras tenían antecedentes penales significativamente menos frecuentes y eran significativamente menos amenazantes y violentos. Su comportamiento de búsqueda era menos basado en la proximidad, y sus comunicaciones eran más benignas que las de los hombres. La duración media del acecho fue de 17 meses, pero la duración modal fue de dos meses. La reincidencia fue de 50%, con un tiempo modal entre la intervención y el contacto con la víctima de un día. Cualquier relación real previa (relaciones sexuales íntimas o conocidas) aumentó significativamente la frecuencia de las amenazas y la violencia con grandes tamaños de efecto para toda la muestra femenina. Este resultó ser el subgrupo más peligroso, de los cuales la mayoría amenazaban y eran físicamente violentas. Las menos peligrosas eran los acosadoras de las celebridades de Hollywood. Dos de las variables predictoras para la violencia en el acecho de los hombres fueron validadas externamente con tamaños de efecto moderados para las mujeres: las amenazas se asociaron con un mayor riesgo de violencia y la escritura de cartas se asoció con un menor riesgo de violencia.

En conclusión,  la relación entre el acosador y la víctima parece primordial en el comportamiento del acosador femenino. En mujeres mitiga la agresión, pero el apego la agrava.  De hecho, el subgrupo más peligroso entre los acosadores masculinos y femeninos es aquellos que han tenido una relación previa sexualmente íntima con la víctima. Este estudio subraya la importancia de determinar el tipo de acosador cuando se realizan investigaciones o intervenciones de planificación, partiendo de las dos tipologías de acecho.

La pantalla del móvil revela toda nuestra vida. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Lifestyle chemistries from phones for individual profiling”, de los autores Amina Bouslimani, Alexey V. Melnik, Zhenjiang Xu, Amnon Amir, Ricardo R. da Silva, Mingxun Wang, Nuno Bandeira, Theodore Alexandrov, Rob Knight y Pieter C. Dorrestein, de la Universidad de California, que estudian los restos orgánicos de los teléfonos móviles.

Sabemos que nuestro móvil tiene todo sobre nosotros. En las redes sociales están los datos de nuestros amigos, dónde trabajamos e incluso dónde estamos pasando las vacaciones. En la galería de imágenes hay más fotos de nuestra vida privada en un año de las que nuestros padres se hicieron en toda una vida. En Youtube hay un registro de qué música escuchas y Google sabe dónde has estado. Nuestro móvil puede realizar un análisis completo de nuestras vidas y nuestra forma de ser. Pero, ¿sabías que puede hacerlo también sin necesidad de desbloquear tu pantalla?

Cada vez que nuestros dedos tocan el teléfono móvil, dejamos atrás pequeños restos. A veces células de piel, otras de lo que hemos tocado recientemente. Pequeñas moléculas del café del desayuno, del champú o tabaco. El móvil, que de media tenemos unas cinco horas diarias en las manos, es también una especie de diario de nuestra propia vida para un científico forense.

En este estudio analizaron las sobras químicas en los teléfonos de 39 voluntarios, pasando un simple bastoncillo por la pantalla, y los dedos de la mano derecha, comparando los patrones químicos entre ambos. La coincidencia entre ambos sugeriría que esas moléculas de la piel habían sido transferidas al teléfono de cada usuario. Los científicos identificaron muchas de las moléculas que encontraron y posteriormente los compararon con una base de datos de productos químicos que contiene los perfiles de varios compuestos, incluyendo especias, cafeína y medicinas.

Las huellas de cientos de miles de moléculas diferentes aparecieron en cada teléfono. Las moléculas reflejaban lo que había estado en el cuerpo, como los medicamentos y los alimentos. También reflejaban lo que cada persona había manejado antes de tocar el teléfono, como jabón o maquillaje. De hecho, la mayoría de las moléculas provienen de productos de belleza, medicinas y alimentos. Estos residuos ayudaron a los científicos a analizar el comportamiento de cada usuario del teléfono. Los resultados a menudo podían descubrir si al propietario de un teléfono le gustaba la comida picante, bebía café o usaba desodorante. Las pruebas podían indicar lugares que alguien había visitado recientemente o incluso podían señalar si estaba enfermo.

Incluso después de lavarnos las manos tras comer, pequeños rastros moleculares quedan en nuestros dedos y pasan al teléfono. De hecho, lavarnos las manos añade a nuestra huella molecular rastros de jabón. Cada actividad aumenta la complejidad de la huella que vamos depositando. Encontramos por ejemplo el caso del participante número 21, en cuya pantalla se apreciaban restos de un medicamento antidepresivo, el citalopram, seguramente procedente del sudor de sus manos.

Esto significa que con sólo analizar un teléfono móvil, podemos hacer un perfil de su usuario. Por ejemplo, podríamos decir si probablemente es una mujer, qué tipo de cosméticos usa, si se tiñe el cabello, si bebe café, si prefiere el vino a la cerveza o si toma comida picante. La policía ya utiliza análisis moleculares para buscar rastros de explosivos o drogas ilegales, pero pronto podrán usar los residuos del teléfono para reducir las pistas en buscar a un sospechoso o localizar a alguien que dejó un teléfono detrás en una escena del crimen. La privacidad en el siglo XXI será pronto tan sólo un recuerdo anecdótico del siglo XX.

Detectar el suicidio en los rasgos faciales. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Detecting Suicidality From Facial Appearance”, de los autores Sela Kleiman y Nicholas O. Rule, de la Universidad de Toronto, que estudian los rasgos faciales asociados a la conducta suicida. 

El suicidio es la primera causa de muerte no natural en España. Dificultad para concentrarse, desprenderse de sus pertenencias, cambios repentinos de comportamiento, pérdida de interés en sus actividades, dificultades en el trabajo, modificación de los hábitos alimentarios o de sueño, conductas autodestructivas o consumo de drogas o alcohol. Hay muchas señales y a pesar de todo, no somos capaces de verlo venir. Es difícil estar atento a tantas señales que a veces pueden achacarse a otros factores… Pero, ¿y si pudiéramos preverlo con un simple vistazo?

Un equipo canadiense plantea la posibilidad, a lo largo de varios estudios y experimentos, de que haya algún tipo de patrón detectable en la cara de los suicidas que nos pueda dar la pista de que van a cometer un suicidio en breve. Lo cual sería una valiosa herramienta en la prevención.

Para este experimento se cogieron fotos de personas fallecidas por suicidio y de personas vivas de sus anuarios del instituto y la universidad. Fueron un total de 80 fotos, 40 de cada tipo (12 mujeres y 28 hombres), que se emparejaron por sexo y raza y se recortaron para mostrar únicamente el rostro. Además se pusieron en escala de grises para tratar de homogeneizarlas entre sí.

En la primera fase del estudio, se pidió a 33 participantes que observaran las 80 fotos y determinaran rápidamente, basándose en su “intuición”, si creían que las personas de las fotografías se habían suicidado o si estaban vivas. Sin importar si el participante ni el individuo representado en la foto eran hombre o mujer, los participantes fueron capaces de identificar con éxito a aquellos que se habían suicidado a un nivel significativamente por encima del azar.

En la siguiente fase, los investigadores querían estar seguros de que el peinado o la forma de la cara no estaban afectando las decisiones. Así que se recortó las fotos más para mostrar sólo “características faciales internas”. 30 participantes examinaron las fotos y, de nuevo, fueron capaces de identificar a las personas que se habían suicidado por encima del azar.

Posteriormente se consiguieron otras 25 fotos de suicidas que posaban mirando a la cámara de entre 14 y 19 años y se emparejaron de nuevo con la misma cantidad de fotos coincidentes en sexo y raza. Esta vez también se tuvieron en cuenta otros detalles al emparejarlos como llevar gafas, por ejemplo. Y, para mayor fiabilidad, realizó el emparejamiento una persona ajena a la investigación para evitar posibles sesgos. Una vez más se recortaron para mostrar sólo los rasgos faciales internos y se presentaron a 29 participantes, que de nuevo acertaron por encima del azar.

Para un segundo estudio, 161 estudiantes de calificaron las fotos de la primera fase del estudio anterior en medidas de depresión, desesperanza, satisfacción con la vida o impulsividad. Las víctimas de suicidio fueron vistas como más impulsivas y más deprimidas, pero no se observaron diferencias en los otros factores. Por lo tanto, las inferencias de la depresión e impulsividad contribuyen a las percepciones sobre el suicidio, pero sólo las inferencias sobre impulsividad realmente pueden predecir si un individuo se suicidará.

En un tercer estudio, pidieron a 133 participantes que evaluaran cada cara sobre la probabilidad de que pensaran que la persona representada podría hacer una compra impulsiva, participar en un comportamiento sexual impulsivo (relaciones sexuales sin protección) o participar en un acto violento impulsivo (una pelea en un bar). Los suicidas fueron juzgados con mayor probabilidad de estar involucrados en un altercado violento, pero no se les veía más propensos a participar en relaciones sexuales sin protección o a realizar una compra impulsiva.  Con lo cual, los investigadores concluyen que, como el suicidio constituye un acto violento contra el yo, hay algún tipo de señal en la apariencia facial que indica la posibilidad violencia impulsiva para el observador.

En conclusión, parece que es posible que haya algún tipo de lenguaje no verbal que ponga en evidencia la ideación suicida. Sería importante aprender a evaluar esos rasgos concretos y detectarlos como una importante medida de prevención.

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