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Utilidad de la antropología forense en casos de maltrato animal. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “A multidisciplinary investigation of chronic animal abuse: Collaboration between veterinary forensics and forensic anthropology” de Smith-Blackmore, M. y Bethard, J. D. (2020), en el cual se estudian los beneficios de la colaboración entre la veterinaria y la antropología forense en casos de maltrato animal.

En la medicina forense veterinaria, la lesión no accidental de un animal se refiere al trauma que surge del abuso físico de este.

La definición legal de maltrato animal varía entre jurisdicciones, pero una comúnmente aceptada es: aquel comportamiento socialmente inaceptable que causa dolor, sufrimiento o angustia innecesarios y/o la muerte de un animal.

El maltrato animal puede causar angustia psicológica a las personas y se sabe que está asociado con otros delitos, violentos y no violentos. En cualquier caso, los veterinarios forenses pueden trabajar con antropólogos forenses para lograr una mejor comprensión, más detallada, del patrón de lesiones de un animal. Por ejemplo, uno de los posibles beneficios podría ser comprender mejor la cronología —cuánto ha durado el abuso evidenciado en el tiempo— y otros hechos asociados con los delitos de abuso o maltrato animal.

Ahora bien, en aquellos casos en los que la causa de la lesión sea ambigua, es necesario realizar más pruebas para respaldar un diagnóstico de lesiones no accidentales. Reconociendo esta necesidad, ya se han publicado investigaciones previas que proporcionan un marco de diagnóstico en tales casos.

Entre otros, los hallazgos radiográficos revelaron cinco características que, al menos, deberían aumentar las sospechas y respaldar un diagnóstico de lesiones no accidentales: la presencia de múltiples fracturas; fracturas que ocurren en más de una región del cuerpo (miembro anterior, miembro posterior y axial); fracturas transversales; fracturas que se presentan en una etapa posterior de curación (presentación tardía); y múltiples fracturas en diferentes etapas de curación.

En otra de estas investigaciones previas sobre la materia, se encontró que las lesiones asociadas a lesiones no accidentales fueron fracturas de cráneo, dientes, vértebras y costillas, hemorragia escleral, daño en garras y evidencia de fracturas más antiguas. Por lo tanto, al reconocer e incorporar los hallazgos modelados de la literatura, los veterinarios forenses pueden diferenciar con seguridad las lesiones accidentales de los casos de lesiones no accidentales.

Así, el objetivo de la investigación de los autores radica en ilustrar la aplicación práctica de estos estudios previos mediante un estudio de caso.

En septiembre de 2013, se encontró un perro aparentemente herido de gravedad en la calle y significativamente bajo de peso. Se evaluó que el perro era una hembra pitbull joven, con politraumatismo y un pronóstico reservado para volver a caminar o moverse. Tras eutanasiarla ante dicho pronóstico, el veterinario examinador informó a las autoridades de sus sospechas de que se tratasen de lesiones no accidentales.

En el examen externo postmortem se observó que: el cuerpo pesaba 8,2 kg; un perro sano de su raza y estructura debería pesar normalmente unos 18 kg. A nivel óseo, se encontraron múltiples fracturas de cráneo y lesiones en varios estados de cicatrización, fracturas por aplastamiento de las apófisis espinosas dorsales, lesiones de piernas, de hombros y fracturas de costillas. Este patrón de lesiones era incompatible con las causadas por golpes contra automóviles o peleas con otros perros.

Las lesiones se encontraban en varios estados de curación, lo que indica que ocurrieron en distintas ocasiones.

El veterinario que realizó el examen postmortem solicitó la asistencia de un antropólogo forense para ayudar a determinar la duración y secuencia de las lesiones. El examen antropológico siguió las prácticas habituales de eliminación de tejidos blandos. Después de que se extrajeran los tejidos blandos manualmente, se examinaron todas las superficies óseas en busca de evidencia de lesiones esqueléticas diagnósticas de lesiones antemortem. Se detectaron las siguientes lesiones antemortem:

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El análisis macroscópico de los tejidos esqueléticos confirmó los hallazgos del veterinario de múltiples lesiones antemortem ubicadas en todo el cuerpo del perro. Las tasas de curación se clasificaron generalmente en las etapas de inducción y callos blandos. Sin embargo, el antropólogo forense tuvo cuidado de no asignar un intervalo cronológico a estas observaciones. Para terminar de confirmar el diagnóstico, se localizó al último dueño del animal y se tomaron muestras y fotografías del último lugar donde vivió el perro antes de que se encontrase en la calle. Así, se probó la culpabilidad del último dueño, posteriormente condenado por maltrato y crueldad animal.

El análisis de casos sospechosos de abuso puede resultar un desafío para los patólogos forenses y radiógrafos que no tienen experiencia en el examen directo de huesos. En tales casos, las lesiones esqueléticas radiográficamente invisibles que documentan un historial de trauma a menudo pueden ser identificadas por un antropólogo forense que cuenta con la experiencia osteológica adecuada.

Por ende, a medida que continúan desarrollándose tanto la veterinaria forense como la antropología forense, un área emergente de superposición y oportunidad de desarrollo entre ambas son los estudios adicionales de trauma veterinario basados en el esqueleto.

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La identificación trans en antropología forense. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Breaking the binary: The identification of trans-women in forensic anthropology” de Schall, J. L.; Rogers, T. L. y Deschamps-Braly, J. C. (2020), en el que se analiza el impacto de la cirugía de feminización facial en las técnicas de identificación empleadas por la antropología forense.

En antropología forense, la identificación del fallecido comienza con la construcción del perfil biológico. Posteriormente, se compara con descripciones de personas desaparecidas para ayudar a acotar las investigaciones.

En los casos de personas trans y de género diverso, describir sus restos físicos y sexo biológico puede tener poca correlación con su identidad social, retrasando y/o confundiendo la identificación. Algunas personas trans han buscado alterar su apariencia física para reflejar mejor su género. Así, estas alteraciones podrían tanto facilitar el proceso de identificación como generar nuevas complicaciones.

Cabe recalcar que, cuando los antropólogos forenses realizan una evaluación de sexo, están evaluando el sexo biológico, no el género. Tradicionalmente, esta disciplina tiene una conceptualización binaria de la variación sexual (masculino o femenino), limitando la incorporación del género en este proceso. Consecuentemente, poco se han discutido los métodos para la identificación de personas transgénero y no conformes con el género en la antropología forense.

Transgénero es un término genérico para las personas cuya identidad de género difiere del sexo que se les asignó al nacer. Trans a menudo se refiere a un individuo que busca, o ha experimentado, una transición social de un género binario a otro, como hombre a mujer o mujer a hombre. Hay muchas opciones de modificación corporal para las personas trans. Estas incluyen terapias de reemplazo hormonal, cirugía genital, cirugía de feminización facial y cirugía de masculinización facial.

Entre estos, la cirugía de feminización facial es un grupo de procedimientos quirúrgicos destinados a feminizar los rostros de las personas en transición de hombre a mujer o mujeres trans. En concreto, los procedimientos específicos que impactan directamente en el esqueleto facial son: el contorno de la frente, la rinoplastia, el contorno del mentón y el contorno de la mandíbula.

Debido a que cada individuo tiene una frente y posición del seno frontal diferente, el proceso de reducción y contorno de esta es muy variable. Si la cirugía tiene éxito desde una perspectiva antropológica forense, la cara de una mujer trans debería de ser indistinguible de una mujer cis. Esto sugiere que un análisis métrico del cráneo produciría una evaluación del sexo craneal de “mujer”, aunque la pelvis -por ejemplo- siguiese pareciendo masculina. Por ende, el sexo craneal sí coincidiría (fememnino) pero no el sexo de la pelvis.

Sin embargo, también pueden surgir otras dificultades no antropológicas. Por ejemplo, si en la denuncia de desaparición se identifica a la persona trans de acuerdo con su sexo biológico (hombre) en vez de su verdadera identidad de género (mujer). Por otro lado, si la cirugía de feminización no tiene éxito, la identidad será ambigua o, en función de las circunstancias, generar otros problemas de identificación y correspondencia.

Por tanto, es necesario comprender cómo las cirugías de feminización impactan la evaluación del sexo craneal y, en última instancia, evaluar tanto el sexo como el género como parte de un perfil esquelético forense. Se trata de un tema casi inexplorado en la antropología forense, el cual debe abordarse para facilitar la identificación legal de una manera respetuosa con la identidad personal del fallecido.

Debido a que pocos cirujanos practican este tipo de cirugía, el tamaño de la muestra de la investigación de los autores es limitada.

Concretamente, se contó con 11 sets de imágenes de tomografía computarizada con el antes y el después de la operación de mujeres transgénero que se operaron en el último año. Se utilizó la tomografía computarizada en tanto que no hay colecciones esqueléticas de individuos trans, tratándose de imágenes no distorsionadas. Asimismo, se tomaron un total de 17 medidas craneoencefálicas, 10 de las cuales están afectadas por cirugía de feminización, según la visibilidad de los puntos de referencia. Asimismo, se utilizó el software FORDISC para el tratamiento de las imágenes.

Algo de gran importancia para esta investigación era que las medidas tomadas de las imágenes de tomografía computarizada preoperatoria se reconocieran como masculinas, antes de evaluar las imágenes posoperatorias. Desde la perspectiva de la identificación forense, una cirugía de feminización exitosa alteraría la evaluación preoperatoria del sexo de “masculino” a “femenino”.

Los resultados mostraron que, independientemente de las mediciones incluidas, FORDISC indicó que los individuos de la muestra eran más similares a los hombres que a las mujeres, tanto antes como después de la operación (excepto en un caso de resultado femenino postoperatorio). En última instancia, las alteraciones quirúrgicas no fueron lo suficientemente marcadas como para cambiar el resultado de una evaluación craneométrica del sexo en el software. No obstante, los resultados del posoperatorio sí eran lo suficientemente notables como para que un antropólogo forense pudiera dudar y concluir que los resultados son indeterminados.

Hubo tres casos en los que los resultados de la métrica “masculina” tenían una probabilidad posterior más alta en el posoperatorio que en el preoperatorio. Una explicación puede ser que, a pesar de la extracción de una cantidad significativa de hueso, las proporciones y el tamaño general del resto del cráneo están fuera del rango de la mayoría de mujeres. Las modificaciones realizadas en el esqueleto y el tejido blando durante la cirugía tienen como objetivo imitar la morfología “femenina”, no el tamaño “femenino”.

A pesar de estos resultados, es importante recordar que el análisis métrico es solo un componente de la evaluación del sexo craneal. Asimismo, el análisis morfológico de un cráneo de hombre a mujer que se ha sometido a cirugía mostrará evidencia de las modificaciones quirúrgicas, como tornillos y clavijas. Debido a esto, hubo algunas dificultades en la investigación para tomar las medidas postoperatorias en las tomografías computarizadas en estas áreas afectadas. De hecho, en algunos casos tales placas aumentaron el volumen del área y, consecuentemente, el tamaño de las medidas.

Dicho esto, los cirujanos plásticos de todo el mundo practican este tipo de cirugías, independientemente de si tienen la capacitación adecuada, lo que puede provocar errores en el procedimiento. Por lo tanto, los resultados finales variarán según las necesidades del individuo y la experiencia del cirujano.

En conclusión: es imperativo que los antropólogos forenses consideren la posibilidad de que un individuo no identificado pueda ser transgénero y, por ende, no limiten su análisis y conclusiones a categorías binarias de sexo. Los resultados del estudio demuestran que es posible encontrar evidencias de género en los esqueletos faciales de personas transgénero que se han sometido a una cirugía de feminización facial.

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El poder identificativo de la corteza. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Contribution of plant anatomy to forensic investigation: Tree bark morphology” de Caccianiga, M.; Compostella, C.; Caccia, G. y Cattanero, C. (2020), en el que se evalúa la posibilidad de identificar las especies de plantas a partir de pequeños fragmentos de corteza de plantas leñosas, ayudando en investigaciones forenses.

El papel de la botánica en la investigación forense ha demostrado ser cada vez más útil en las últimas décadas.

Los macrorestos de plantas (semillas, frutos, flores, hojas y otras partes y/o sus fragmentos) son una herramienta poderosa para vincular un cuerpo, u otra evidencia, a la escena principal del crimen. Esto es debido a que pueden proporcionar información detallada sobre la ubicación ecológica y geográfica donde el cuerpo ha estado expuesto.

Por otro lado, su identificación puede ser problemática incluso para expertos, particularmente cuando solo se cuenta con partes pequeñas, que no significativas y/o si su estado de conservación es deficiente.

Se pueden encontrar otras estructuras con mayor frecuencia, especialmente las más resistentes y expuestasdirectamente al medio ambiente. Estas son la capa externa de plantas con semillas leñosas (en árboles y arbustos); esto es, la conocida como corteza. Su contacto directo con el medio externo y su resistencia a la descomposición hacen que sea muy probable su aparición cuando se produce el contacto con una planta leñosa.

No obstante, se sabe poco sobre las herramientas de identificación específicas para las características anatómicas de la corteza. O, al menos, se sabe poco sobre la individualización de marcas específicas que pueden usarse para compararlas directamente con muestras de procedencia conocida, incluso si los textos de referencia al respecto están cada vez más disponibles. La corteza consta de muchas capas de diferente origen que pueden estar presentes o no en diferentes especies.

Así, la investigación de los autores tiene su origen en un caso real de homicidio en el norte de Italia. Allí se encontraron fragmentos de corteza en la víctima y se analizaron para ayudar a reconstruir la dinámica del homicidio. En agosto de 2010 se encontró el cuerpo de un hombre de 20 años en un bosque, junto a un gran árbol, con varias heridas de bala en la cabeza y el tórax.

El cuerpo presentaba muchas abrasiones en la cara, muñecas y antebrazos. Sin embargo, lo que más destacaba para el patólogo eran una serie de pequeñas astillas de corteza insertadas en la piel de los antebrazos. Una vez retiradas estas astillas de la piel, se analizaron con la intención de verificar si podían provenir de la corteza del árbol adyacente al cuerpo.

Las astillas recogidas del cuerpo se pegaron sobre un soporte de madera en posición vertical (como si fuera en posición viva) y se lijaron finamente en la sección transversal. Se tomaron muestras de 16 especies de árboles comunes en el norte de Italia y representativas de las principales formas macroscópicas de corteza para la identificación. Dicha identificaciónde las astillas de corteza recogidas del cuerpo se realizó a través de claves identificativas y la comparación visual con muestras de corteza exterior recogidas de los árboles cercanos.

Ahora bien, los fragmentos encontrados en el cuerpo eran muy pequeños (entre 2 y 8 mm) y no se pudo realizar la descripción de toda la corteza. Sólo estaba presente una parte de la corteza exterior (ritidoma).

La identificación de los fragmentos con la clave completa no fue posible debido a la ausencia de tejido de expansión en las muestras recogidas de la escena. Por el contrario, la clave simplificada reportada sí permitió la correcta identificaciónde las muestras.

Los datos confirman la aparición de rasgos distintivos específicos en las capas que forman la corteza de los árboles. Su uso como herramienta de identificación es prometedor, pues el aumento del número de especies podría mejorar en gran medida la eficacia de la clave de identificación.

Sin embargo, la dimensión de las muestras obtenidas rara vez es suficiente para observar correctamente las características de diagnóstico de la corteza. El número de capas de ritidomas en la corteza exterior también puede ser variable, incluso dentro del mismo árbol.

Así, la falta de la corteza interna dificulta la interpretación de los rasgos de diagnóstico de la corteza externa. Esto se debe a que las células y tejidos solo pueden observarse en su fase degradada, sin ninguna información sobre su estado original. Por ello, las células esclerificadas de diferente origen a menudo no se distinguen entre sí cuando se encuentran en la corteza externa.

Los fragmentos de corteza pueden encontrarse con frecuencia tras un contacto con el tronco o las ramas de un árbol. Además, presentan un aspecto variable como consecuencia de la especie de origen. Muchas características podrían observarse y reconocerse con una simple observación macroscópica con lente o estereomicroscopio. Asimismo, los tejidos de la corteza pueden aguantar mucho tiempo sin deteriorarse (son resistentes) y se pueden fácilmente manipulables.

Debido a estas razones, los fragmentos de corteza deberían ser incluidos en los macrorrestos para ser recolectados y analizados durante las investigaciones. No obstante, también existen algunos puntos críticos, particularmente por el pequeño tamaño de las muestras que es más probable que se encuentren y su falta de integridad.

Desafortunadamente, las colecciones de referencia de cortezas son bastante poco comunes, mientras que para fines forenses sería importante tener fácil acceso a una amplia gama de estas que incluyan clasificaciones de plantas nativas y exóticas.

Así, la investigación de los autores demuestra la utilidad de un estudio completo de restos botánicos asociados con muestras forenses. Esto incluye muestras incluidas que aparentemente carecen de las herramientas de identificación tradicionales. También se manifiesta la necesidad de establecer colecciones de referencia que incluyan partes de plantas que, probablemente, se conserven y resistan a la descomposición.

Por último, cabe apuntar que los métodos y conocimientos derivados de los estudios arqueológicos o paleoecológicospueden ser útiles para alcanzar todo el potencial de tales técnicas, que aún está por alcanzarse y ser reconocido.

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Signos de intoxicación en la cavidad oral. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Oral Manifestations of Poisons in View of Forensic Odontology-A Review” de Arthanari, A.; Doggalli, N.; M. A. y Rani, S. (2020), en el cual se realiza una revisión de cómo distintos tipos de tóxicos afectan a la cavidad oral de una persona, dejando signos de intoxicación.

La cavidad oral es la parte que aporta la información más importante en casos de consumo de venenos o tóxicos. La razón radica en que es relativamente fácil analizar qué tipo de tóxico se ha consumido en base a los cambios de color. Las manifestaciones orales hacen referencia, por su parte, a cambios clínicos o en la autopsia en la cavidad oral.

Así, las intoxicaciones pueden producirse mediante tóxicos que se encuentran en diversos ámbitos. En los hogares encontraríamos detergentes, desinfectantes, antisépticos… O el uso de medicamentos, dado el abuso de drogas, sobremedicación o una medicación errónea. Por otro lado, también encontramos venenos de fuentes agrícolas como pesticidas, fungicidas, etc., o de origen industrial, en las fábricas donde muchos tóxicos son producidos, tratados y manufacturados.

Una intoxicación también puede producirse mediante ingesta de comidas y bebidas, debido a una contaminación accidental o por los aditivos y preservantes de la comida. En cualquier caso, estás no son las únicas fuentes, pues son diversas (mordeduras de serpientes u otros animales, contaminación urbana, intoxicación por gas de alcantarillado, etc.).

Así, una de las clasificaciones que puede establecerse de los tóxicos es distinguiendo entre químicos y fisiológicos o farmacológicos. En los tóxicos químicos, a su vez, puede distinguirse entre aquellos de origen inorgánico (corrosivos y sales metálicas y no metálicas) y orgánico (volátiles, alcaloides…).

Los tóxicos fisiológicos/farmacológicos, por su parte, nos permiten diferenciar entre tóxicos corrosivos (fuerte álcalis —un compuesto empleado en determinados medicamentos, sobretodo efervescentes—, mineral, y ácidos orgánicos) e irritantes (de origen metálico, vegetal o gases).

Bien, tras estas breves referencias teóricas, a continuación se exponen una serie de elementos junto a los signos orales de intoxicación que cada sustancia deja.

Por un lado, los compuestos organofosforados aluden al nombre general de cualquier compuesto que contenga fósforo. Dichos compuestos se utilizan ampliamente en la agricultura para la protección de cultivos, el control de plagas y, además, en usos veterinarios, médicos y los denominados “gases nerviosos” en operaciones químicas.

En base a su toxicidad y uso clínico se clasifican en compuestos de alta, intermedia o baja toxicidad. La mayoría son agentes altamente solubles en lípidos (grasas) y se absorben bien en la piel, las membranas mucosas orales y la membrana conjuntiva (ojos). Con respecto a sus manifestaciones clínicas, si bien dependen de diversos factores, la mayoría de intoxicaciones por fósforo se caracterizan, a nivel oral, por desprender un olor a ajo.

La fostoxina y fumitoxina son componentes empleados para fumigar y el control de plagas. Su manifestación oral, cuando se ingiere, se produce al presentar un olor muy penetrante.

El plomo, en la boca, causa astringencia (desecación y contracción) y un sabor metálico. Las manifestaciones orales incluyen un “tono plomo” (gris azulado) de la piel con palidez y una línea azul a lo largo de la encía, con un borde negro azulado en los dientes (esto último síntoma de una intoxicación crónica).

Por su parte, el arsénico es un elemento que se observa principalmente en minerales. De hecho, la contaminación de aguas subterráneas por arsénico es un importante problema de salud pública global. La exposición crónica al arsénico causa varios tipos de lesiones cutáneas. Los signos y síntomas también se encuentran en la lengua, la mucosa gingival y la bucal.

Otra sustancia que podemos nombrar es el ácido bórico, el cual puede utilizarse como pesticida, en desinfectantes o en productos de higiene como pastas de dientes. Las manifestaciones, tanto generales como orales, por su intoxicación incluyen cianosis intensa por la pérdida de oxígeno en la sangre de los labios y uñas (presentan un color azulado o morado). La cavidad oral también presenta inflamaciones y manchas marrones, sufriendo sobretodo efectos corrosivos.

El último ejemplo lo encontramos en el ácido sulfúrico. Este es uno de los químicos industriales de mayor entidad. Es usado en la industria eléctrica, joyería, laboratorios químicos y la agricultura, siendo la ingesta la forma más común de intoxicación. Su manifestación oral se observa en lengua, encías, mucosa bucal y paladar esponjosos, amarillentos e insensibles.

Bien, realizando varios estudios de caso, los autores observaron los siguientes signos de intoxicación, en función del tóxico identificado.

En el primer caso se examinó a un hombre adulto por intoxicación con organofosforados. El examen de la cavidad oral reveló un engrosamiento de las mucosas orales con una decoloración blanquecina de la encía adherida. La lengua también mostraba manchas blancas.

En el segundo caso se trató a un joyero que, accidentalmente, se intoxicó ingiriendo ácido sulfúrico. Sufrió quemaduras cutáneas inmediatas de diversa extensión y profundidad. Bucalmente, tenía un trismo (contracción de los músculos de la mandíbula y boca) severo, con lengua, encías, mucosa bucal y paladar esponjosos, amarillentos e insensibles.

El tercer caso también era una intoxicación mortal por ácido sulfúrico por parte de una mujer joven. Se observó hinchazón en los labios con signos de cianosis, una decoloración amarillenta de la mucosa oral y de la lengua, así como una decoloración excesivamente blanquecina de los dientes. El análisis químico determinó la ingesta del tóxico como la causa de la muerte.

El cuarto caso examinado fue el de un mecánico fallecido, con un presunto historial de consumo de matarratas mezclado con ácido de batería, presentando las cavidades bucales un color café. El examen clínico reveló una congestión y ulceración de la boca. En la autopsia se observaron erosiones y pequeñas hemorragias en los labios y en la cara dorsal de la lengua.

El último y quinto caso presentado es el de una adolescente fallecida por la mordedura venenosa de una serpiente. Todo su cuerpo se había puesto pálido y salía espuma de su boca. Esto coincide con las manifestaciones orales más habituales producidas por el veneno de serpientes. Dichas manifestaciones incluyen: hemorragia sistémica espontánea, detectada más frecuentemente en los surcos gingivales y paralización de los músculos bucales, faciales y del cuello. También se forma localmente espuma y se produce una decoloración azulada o negruzca de la cavidad oral y la cara.

En conclusión, las encías y la lengua son las partes de la cavidad oral donde más visibles son los efectos de los diferentes tóxicos expuestos. Y, de estas observaciones, puede beneficiarse la Toxicología Forense, sin perjuicio de otras técnicas y tecnologías que permitan esclarecer la investigación forense.

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Temperatura: la importancia de su reconstrucción para la investigación criminal. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Stay cool or get hot? An applied primer for using temperature in forensic entomological case work” de Lutz, L. y Amendt, J. (2020), en el que se analizan los métodos más precisos para reconstruir la temperatura en escenas del crimen, según distintos intervalos postmortem y desde la perspectiva de la entomología forense.

La temperatura es un elemento clave para las ciencias forenses, en disciplinas como la patología o antropología. Es de especial importancia para determinar el intervalo postmortem.

Por lo tanto, no es sorprendente que la temperatura también juegue un papel muy importante en la entomología forense. La temperatura afecta a la actividad, oviposición y la sucesión de insectos en un cadáver. Especialmente, afecta al crecimiento de los insectos que se alimentan de un cuerpo en descomposición. La estimación del crecimiento y la edad de las etapas inmaduras de los insectos carroñeros se logra utilizando, por ejemplo, la suma térmica. La edad resultante es la base para determinar el intervalo postmortem mínimo.

Además de la identificación correcta de las especies, saber la temperatura a la que estuvieron expuestos los insectos durante el crecimiento es el paso más importante para estimar dicho intervalo.

Hay muchas pautas y estándares publicados sobre cómo usar, modelar o reconstruir la temperatura en las investigaciones forenses. En todos se proponen mediciones de temperatura “diarias”, “horarias” o “múltiples” in situ después de haber encontrado el cuerpo. Sin embargo, a pesar de su importancia, la reconstrucción de la temperatura sigue siendo objeto de controversia y punto débil de la entomología forense.

Durante las últimas dos décadas, varios autores se han centrado en mejorar la recopilación de la temperatura de la escena del crimen y el impacto de distintos factores en la precisión de su estimación. Algunos de estos factores son la meteorología, microclimas en el área de la escena, presencia de luminosidad o sombras… etc. No obstante, todavía no parece haber un enfoque uniforme para estimar la temperatura.

Así las cosas, los autores estudiaron 51 informes de casos de los últimos 25 años, identificando 5 categorías de cómo se estimó o calculó la temperatura.

En la mayoría de los informes de casos, en el 72% solo se utilizaron datos de la estación meteorológica más cercana sin vinculación con la temperatura en la escena del crimen. El 27% informes no consideran los datos de la estación meteorológica en absoluto, pero utilizan mediciones propias tomadas en la escena del crimen después del descubrimiento del cadáver, que a veces eran deficientes con solo una medición justo después del momento del descubrimiento.

Con base en esa encuesta se puede decir que la reconstrucción de temperatura rara vez se realiza en el trabajo de casos entomológicos forenses, al menos en los casos publicados. En particular, los modelos estadísticos más complejos (como los modelos aditivos generalizados) siguen siendo únicos.

Así, en el estudio propio de los autores el objetivo era promover las mediciones de temperatura en el sitio del descubrimiento y la comparación con los datos oficiales de las estaciones meteorológicas cercanas y analizar si los modelos aditivos generalizados o la regresión lineal son más adecuados para reconstruir la temperatura en la escena de un crimen. En este contexto, se comprobaron la influencia de diferentes variables.

En total, se establecieron 3 sitios hipotéticos de descubrimiento de los cuerpos en una antigua zona militar a 20 km al este de Münster, Alemania. En el primer escenario el cuerpo estuvo expuesto a la luz solar durante todo el día con vegetación, al aire libre. En el segundo, el cuerpo estaba cubierto por ramas al aire libre. En el tercero, el cadáver estaba rodeado por grandes árboles que proporcionaban sombra la mayor parte del día.

La temperatura en cada sitio se registró cada hora desde el 24 de julio hasta el 13 de agosto de 2017. Además, se descargaron las mediciones de temperatura por hora de la estación meteorológica más cercana. La temperatura se registró con un sensor.

Para cada uno de estos escenarios, la recolección de temperatura en el sitio se realizó durante uno (24 h), tres (72 h), cinco (120 h), siete (168 h) y diez (240 h) días tras el descubrimiento del hipotético cadáver. Luego, los datos de temperatura se correlacionaron con los datos de la estación meteorológica para el tiempo correspondiente, lo que resultó en cinco períodos de correlación para cada intervalo postmortem. Esto se hizo para los tres sitios de descubrimiento de cuerpos.

Se compararon los datos de temperatura in situ y los datos correspondientes de la estación meteorológica para cada uno de los períodos de correlación. Estas comparaciones permitieron la producción de modelos. Los modelos se desarrollaron mediante regresión lineal y modelos aditivos generalizados. En total, se desarrollaron 45 modelos utilizando regresión lineal y 45 utilizando modelos aditivos generalizados.

Los resultados mostraron que el uso de los modelos aditivos generalizados puede proporcionar reconstrucciones de temperatura en la escena del crimen más precisas que la regresión lineal o la información de estaciones meteorológicas. En el 95,6% de todos los modelos, la temperatura reconstruida con estos modelos fue más cercana a los datos reales en el sitio que en los otros modelos.

La inclusión de la variable “hora del día” en los modelos ayudó a incrementar enormemente la precisión. Esto se debe a que así se cubrían posibles efectos causados por oscilaciones entre la temperatura en la escena del crimen y la estación meteorológica. Sin embargo, los resultados revelaron que la recopilación de datos en el lugar debe realizarse cada hora durante al menos 3 días para obtener una reconstrucción precisa de la temperatura en la escena del crimen.

Además, el microclima específico en la escena (sombra, sol, etc.), puede influir en la precisión de la reconstrucción de la temperatura. Un modelo de temperatura (modelos aditivos generalizados, regresión lineal) proporciona mejores resultados si la diferencia entre los datos in situ utilizados no se desvía demasiado de la temperatura que se va a reconstruir. Esto a menudo puede lograrse, si es posible, realizando las mediciones cerca del día del descubrimiento, no con un retraso de varios días o semanas.

En cualquier caso, es imprescindible diferenciar entre escenarios al aire libre y sitios cerrados. Esto se debe a que las oscilaciones de temperatura y la influencia de otros agentes, como la meteorología, son muy distintas entre ambos. Si se encuentra un cuerpo en interiores, los requisitos para una reconstrucción de temperatura cambian.

Consecuentemente, la reconstrucción de la temperatura con modelos aditivos generalizados es muy útil porque pueden considerarse muchos parámetros de la escena del crimen (humedad relativa, velocidad del viento, precipitación…) para que la reconstrucción de la temperatura sea lo más precisa posible.

Finalmente, para alcanzar una mayor eficacia, las grabaciones de datos deberían realizarse cada hora durante un mínimo de 3 días hasta 10 días, siendo recomendable recrear las condiciones de la escena. Si la temperatura no se reconstruye (o no se puede reconstruir) por diversas razones, una comparación y discusión de los datos in situ con los de una estación meteorológica es lo mínimo que deben hacer los expertos forenses.

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Conducta suicida: ¿cómo influyen el lenguaje y la cultura? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Words matter life: The effect of language on suicide behavior” de Lien, D. y Zhang, S. (2020), en el cual se analiza la importancia del lenguaje y su relación con la conducta suicida.

A pesar de la importancia del suicidio y el incremento de muertes por esta causa en los últimos años, todavía sabemos poco sobre el suicidio a nivel individual.

Los investigadores en psicología y medicina consideran el suicidio como la consecuencia más grave de los trastornos psiquiátricos. En contraposición, la mayoría de teorías económicas enmarcan el comportamiento suicida como una decisión racional, sin actuar puramente por impulso.

Así, algunos autores han relacionado la conducta suicida con las condiciones económicas. De acuerdo con el planteamiento económico, cuando la utilidad esperada de seguir viviendo es inferior a cero, la gente se suicidará. Esta teoría sugiere que las personas con ingresos más bajos tienen una mayor propensión a suicidarse. Empíricamente, diversos estudios demuestran la validez de esta teoría.

Los factores demográficos también son los principales determinantes del suicidio. Las pruebas muestran que la tasa de suicidio es más alta para los hombres y las personas mayores.

Recientemente, estudios han demostrado la correlación entre el marcador gramatical de eventos futuros en el lenguaje y una serie de comportamientos económicos orientados al futuro de quien escribe. La explicación subyacente es que las estructuras lingüísticas pueden afectar directamente a la cognición y el comportamiento de los hablantes. Siendo más concretos, hablar o escribir en tiempo futuro influye en la orientación a largo plazo del hablante.

Por otro lado, el suicidio también está muy ligado a la cultura, en tanto que cada una de estas tiene diferentes explicaciones de la vida y la muerte. La legitimidad del suicidio se ve afectada en gran medida, e incluso decidida, por la cultura. Además, esta influye en la motivación del suicidio, en términos de darle un cierto significado. Desde la perspectiva física, los métodos de suicidio y el tratamiento de los problemas de salud mental son diversos en las culturas, lo que afecta el número real de muertes por suicidio en relación con los intentos de suicidio.

Así, podemos plantearnos: ¿los marcadores de futuro tienen un impacto en otras elecciones intertemporales de los hablantes según la expectativa del futuro, como el suicidio?

Asimismo, si las características lingüísticas pueden servir como marcadores culturales, ¿pueden ayudar a entender la diversidad de conductas suicidas entre naciones y culturas?

El marcador de futuro tiene un impacto en la cognición y el comportamiento de las personas. Así, hablar del futuro a más largo plazo y con más firmeza, conducirá a tasas de suicidio más bajas en comparación con personas idénticas pero que hablan de un futuro débil.

Para dar respuesta a las preguntas planteadas, los autores llevaron a cabo su propio estudio. Los datos sobre suicidios se obtuvieron de la base de datos de mortalidad de la Organización Mundial de la Salud. Además de datos económicos y demográficos de cada país, los autores tuvieron en cuenta factores climatológicos / ambientales.

A nivel individual, la fuente de datos empleada fue la World Value Survey, una encuesta utilizada en los estudios de idiomas y comportamientos. Esta se utilizó para medir el lenguaje y los marcadores de futuro. Por último, en tanto que es muy complicado utilizar datos de suicidios reales por diversas razones, para el estudio se escogieron alternativas. Estas fueron las actitudes hacia el suicidio y la eutanasia, empleándose como variables dependientes.

Para evitar la ambigüedad del efecto del lenguaje, en la muestra se contó a la población no inmigrante del país. En total se trabajó con una muestra de 183.993 personas de 89 países.

Así pues, los resultados muestran que, teniendo en cuenta la lengua materna del país, los países que hablan un idioma con referencias débiles al futuro tienen tasas de suicidio más altas. Como era de esperar, los hallazgos sobre las variables económicas y demográficas de los países son consistentes con estudios previos: una mayor tasa de inflación y de divorcios inducirán a más suicidios.

Individualmente, los individuos que hablan un idioma con marcadores específicos de futuro piensan que el suicidio es un comportamiento menos justificable. En contraposición, los individuos que hablan un idioma con referencias de tiempo futuro débiles tienden a justificar más el suicidio.

Asimismo, parece que la creencia de un individuo coincide con sus acciones en el contexto del suicidio. Esto es, quienes aluden que el suicidio es injustificable tienen menos probabilidades de cometer suicidio. Por otro lado, las personas mayores, hombres y con alto nivel educativo y de ingresos tienden a mostrar una mayor aceptación del suicidio.

Las personas que hablan un lenguaje con referencias de futuro fuertes consideran el suicidio como un comportamiento más injustificable que las que (aún siendo idénticas en demografía, que nacieron y crecieron en el mismo país) hablan sin distinguir entre el presente y el futuro en gramática.

Resumidamente, el marcador explícito de un evento futuro puede ampliar (o reducir) la distancia entre el presente y el futuro. Ampliar la distancia aislará y descartará los sentimientos sobre el futuro. En el contexto del suicidio, utilizar una forma específica al hablar del futuro puede debilitar el dolor y la infelicidad que se producirán en el futuro. En consecuencia, hay más probabilidades de tener un menor número de pensamientos suicidas.

El otro impulsor de este efecto es la diversidad cultural. La cultura puede afianzar o, contrariamente, debilitar las conductas y pensamientos de aceptación del suicidio. En cualquier caso, se trata de un fenómeno complejo y multifactorial que requiere de más investigación.

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Ciberviolencia hacia la población LGTB+ en redes sociales. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “An examination of social media as a platform for cyber-violence against the LGBT+ population” de Mkhize, S.; Nunlall, R. y Gopal, N. (2020), en el que se analiza el papel de las redes sociales en la ciberviolencia hacia la población LGTB+.

A pesar de todos los logros conseguidos progresivamente en materia legal, la población LGTB+ continúa asumiendo muchos retos. Entre estos se incluye la discriminación basada en el género y la orientación sexual.

Por ejemplo, en Sudáfrica la discriminación de género a menudo prevalece en las escuelas, el empleo y la sociedad. Actualmente, el mayor uso y dependencia de Internet ofrece otro espacio para la discriminación y acoso a la población LGBT+. Concretamente, las plataformas de comunicación online, sobretodo las redes sociales, hacen de la ciberviolencia un fenómeno creciente. Un fenómeno que requiere atención.

En este contexto, la baja denuncia de la ciberviolencia dificulta la determinación del alcance de la misma. Sin embargo, la falta de intervención correctiva es aún más importante. Esto se debe a que puede afectar a la calidad de vida de las víctimas y la continua discriminación de género.

Cualquier persona que utilice el ciberespacio puede ser víctima de ciberacoso. No obstante, es más probable que afecte más a poblaciones vulnerables, como niños o minorías sexuales. Las minorías sexuales incluyen a lesbianas, homosexuales, hombres y mujeres bisexuales, transgénero e individuos que no están seguros de su orientación sexual y aún están explorando su identidad sexual.

En Sudáfrica, y otros múltiples sitios, la población LGBT+ tiene menos probabilidades de denunciar discriminación de género. Esto hace que la determinación de la prevalencia del ciberacoso de la población LGBT+ sea difícil de determinar. Si bien determinar la tasa de ciberacoso de la población LGBT+ resulta difícil, las consecuencias son más visibles y frecuentes.

En cualquier caso, no debemos olvidar que las características del ciberacoso difieren de las del acoso tradicional. Por ejemplo: el ciberacoso tiene una audiencia potencialmente más grande o facilita el anonimato de los agresores. Por otra parte, los efectos negativos más comunes del ciberacoso en jóvenes LGBT+ incluyen depresión, ansiedad, autolesiones, problemas académicos, abuso de sustancias y suicidio. Sin embargo, faltan políticas de ciberacoso para hacer frente a estas consecuencias.

Bien, los autores llevaron a cabo un estudio propio. El objetivo era ahondar en la experiencia de las víctimas LGTB+ en Sudáfrica. Dada su popularidad en el país, se utilizó Facebook como plataforma para estudiar las conductas sociales. Asimismo, se realizaron unas entrevistas semi-estructuradas con 7 participantes que se identificaban dentro de la población LGTB+.

Los investigadores examinaron datos de agosto de 2017 a agosto de 2019 para recopilar contenido actual en Facebookrelacionado con el ciberacoso de personas LGBT+. Algunos de los términos empleados para seleccionar el contenido fueron lesbiana, gay, LGTB, homosexual… Se encontró que la mayoría de las publicaciones contra la población LGBT+ eran comentarios escritos en grupos y páginas (45%), y en respuestas en secciones de comentarios (44%).

Con respecto a las entrevistas, se hicieron plantearon cuatro cuestiones centrales. Primeramente, cuál había sido la experiencia de los participantes con el ciberacoso en Facebook por motivo de su orientación sexual. Asimismo, de qué forma lo habían experimentado (comentarios, mensajes privados…); y cómo definirían su experiencia (ataque personal, odio, discriminación…). Por último, se les preguntó por sugerencias para tratar el ciberacoso contra la población LGTB+ en Sudáfrica.

Bien, a partir de ambos métodos (análisis de Facebook y entrevistas) se obtuvieron diversos resultados. A través del análisis de contenido se generaron cinco temas principales. Estos son: discriminación de género; invasión de privacidad (infiltración de grupos); amenazas; prejuicios; y odio hacia el colectivo.

La discriminación de género reveló que es más probable que el ciberacoso dirigido a población LGBT+ sea resultado de ser diferente al orden binario de género (masculino/femenino). Entre los métodos encontramos publicar comentarios en grupos heterosexuales para mostrar odio hacia personas homosexuales. También se observaron estos métodos en los propios perfiles de las víctimas.

Con respecto a la invasión de privacidad, esta se refiere esencialmente a la creación de cuentas falsas para acceder a grupos LGBT+ con el fin de publicar insultos y amenazas. Un participante mencionó que su cuenta fue pirateada y el perpetrador usó su cuenta para compartir publicaciones sobre él y su sexualidad en Facebook.

Depresiones y ansiedad, las autolesiones, los problemas académicos, el abuso de sustancias y el suicidio pueden ser consecuencia de tales invasiones. El estudio descubrió que las redes sociales, especialmente Facebook, facilitan la perpetración del odio y la homofobia, ocultando la identidad de los agresores mediante el uso de cuentas falsas para garantizar su anonimato.

Ahora bien, las amenazas son una de las experiencias más comunes entre las víctimas LGTB+ de ciberacoso. Estas incluyen la expresión de que los homosexuales deberían morir y/o ser castigados por ser su orientación sexual antinatural para los agresores. Esto incluye amenazas realizadas por mensajes privados. En el caso del estudio, esto último ocurría normalmente después de que los agresores (hombres) contactasen primero con las víctimas (mujeres lesbianas).

Los prejuicios, por su parte, se reflejaron en publicaciones recientes de odio hacia el colectivo, compartidas en grupos alrededor del país. Consecuentemente, el odio y los prejuicios hacia la población LGBT+ están fuertemente influenciados por la heteronormatividad. Esta se refiere a la creencia de que sólo existen, o deberían existir, y son naturales dos géneros: hombre y mujer (heterosexuales). Dicha creencia se ve reflejada en muchas de las publicaciones analizadas.

Dentro de la población LGTB+, las publicaciones indicaban odio a los homosexuales, en particular a los gays y lesbianas.

En conclusión, los hallazgos sugieren que Facebook, entre otras redes sociales, ha facilitado la perpetración de crímenes de odio contra la población LGBT+. Basándonos en esta investigación, la discriminación de género aún persiste en Sudáfrica. Esto hace que la población LGBT+ sea más vulnerable a la discriminación, los prejuicios y las amenazas debido a su orientación sexual o género.

Por tanto, es recomendable prestar más atención a esta población y a la seguridad en las redes sociales para hacer frente a los autores de cualquier forma de ciberviolencia.

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Delitos de odio: ¿es posible predecirlos por las redes sociales? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Hate in the machine: anti-black and anti-muslim social media posts as predictors of offline racially and religiously aggravated crime” de Williams, M. L.; Burnap, P.; Javed, A.; Liu, H. y Ozalp, S. (2019), en el que se analiza si existe una relación entre la perpetración de delitos de odio offline y los delitos de odio online.

En los últimos años, los delitos de odio referente a la raza y religión han aumentado exponencialmente en diversos países.

Actualmente sigue existiendo una necesidad, política y práctica, de mejorar la inteligencia sobre los delitos de odio. Particularmente, debe comprenderse mejor el papel que desempeñan las tensiones y acontecimientos comunitarios en la perpetración de tales delitos.

La tecnología se ha considerado como parte de la solución al transformar las prácticas policiales analógicas en procesos digitales complementarios. Junto con los delitos de odio offline, el discurso de odio online publicado en las redes sociales se ha convertido en un problema social pernicioso.

Investigaciones anteriores muestran que los delitos de odio offline y el discurso de odio online están estrechamente relacionados con eventos de importancia. Por ejemplo, ataques terroristas y votaciones políticas. Sin embargo, no está claro si se puede encontrar un patrón más general de correlación independientemente de los eventos “desencadenantes”.

En una muestra de los años 2017 y 2018, los delitos de odio racial online constituyen la mayoría de todos los delitos de odio online (52%), seguidos de la orientación sexual (20%), la discapacidad (13%), la religión (12%) y los delitos de odio online transgénero (4%). A finales de 2017, las redes sociales comenzaron a introducir políticas contra la incitación al odio, cediendo ante presiones diversas.

En base a esta información, los autores plantean su hipótesis. Esta es: ¿el discurso de odio online en Twitter puede mejorar las estimaciones de los delitos de odio offline?

Dicha cuestión plantea la posibilidad de utilizar las redes sociales como alternativa o complemento a indicadores convencionales. Además, deben tenerse en cuenta los factores demográficos ecológicos. Por ejemplo, la proporción de la población que es negra o que pertenece a una minoría étnica. Esto es debido a que dichos factores también se han asociado con los delitos de odio.

Así, en la investigación de los autores se tuvo en cuenta información procedente de Reino Unido. Se vincularon datos de fuentes administrativas, de encuestas y de redes sociales para construir los modelos estadísticos. Estos se recopilaron antes de que las grandes plataformas de redes sociales introdujeran políticas estrictas sobre/contra la incitación al odio.

Los datos policiales se recopilaron de un periodo de 8 meses entre agosto de 2013 y 2014. Los datos policiales sobre delitos se filtraron para incluir solo los delitos de odio racial y religioso, estos últimos contra el Islam o los musulmanes.

Así las cosas, los resultados indican lo siguiente. Existe una asociación positiva consistente entre el discurso de odio en Twitter dirigido a la raza y la religión y los delitos agravados por motivos raciales y religiosos en Londres. Así, la investigación confirmó también la relación entre la presencia (o ausencia) de eventos que actuaban como desencadenantes tanto para los delitos de odio online como offline y la perpetración de los mismos.

Los modelos permitieron proporcionar predicciones de la tasa de incidencia de delitos offline por proporción de la población negra o de minoría étnica y el recuento de tweets de odio online. Esto es digno de mención, dado que indica que el papel de las redes sociales en el proceso de victimización por odio no es trivial.

El discurso de odio publicado en las redes sociales (como indicador de polarización extrema) influye en la frecuencia de los delitos de odio offline. Sin embargo, es poco probable que el discurso de odio online sea una causa directa de los delitos de odio offline aisladamente. Contrariamente, es más probable que las redes sociales sean solo una parte de la causa. Los factores locales, como la composición demográfica de los vecindarios (por ejemplo, la proporción de población negra y de minorías étnicas, el desempleo…) y otros factores ecológicos probablemente desempeñen un papel clave.

Lo que el estudio señala es la importancia relativa del discurso de odio online en este contexto. Si vamos a explicar el crimen de odio como un proceso, y no como un acto discreto, con victimización que va desde el discurso de odio hasta la violencia, las redes sociales deben formar parte de ese entendimiento.

La victimización por odio se caracteriza por insultos, amenazas o violencia repetidos o continuos. Una de sus cualidades es que es duradera, y ahora se extiende al ámbito online y puede vincularse a su manifestación offline. El discurso de odio en las redes sociales amplía los “climas de inseguridad” que experimentan los grupos minoritarios que trascienden las instancias individuales de victimización.

Examinar la dinámica contemporánea de victimización por odio requiere métodos capaces de capturar variaciones en los datos online y offline. Esto también incluye variaciones tanto en el tiempo como en el espacio. El aumento de las fuentes de datos sobre el odio también es importante, debido a las bajas tasas de denuncia continuas. Así, la administración (registros policiales), la encuesta (censo) y las nuevas formas de datos (Twitter) se pueden vincular para estudiar el odio en la era digital.

Sin embargo, los mecanismos individuales responsables del vínculo entre los incidentes de odio online y offline deben establecerse mediante más trabajo forense y, posiblemente, cualitativo.

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El perfil del delincuente sexual coreano. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Profiling Korean sex crimes: Offender characteristics and crime scene actions” de Kim, S.; Almond, L. y Eyre, M. (2019), en el que se analiza el perfil criminal del delincuente sexual coreano.

El perfil criminal, o análisis de conducta, suele ser empleado especialmente en casos de delitos violentos. Por ello los delitos sexuales no son una excepción. Contrariamente, son, junto a los homicidios, los crímenes más frecuentes y apropiados en los que utilizar la perfilación.

Sin embargo, las clasificaciones de los agresores sexuales han experimentado diversas críticas y cambios con el paso del tiempo. Específicamente, diversos estudios intentaron mejorar la comprensión de las características del delincuente al diferenciar los comportamientos delictivos.

Los perfiles de agresores sexuales existentes han sido realizados mayoritariamente en países occidentales, como EE.UU, Reino Unido o Canadá. Por ello, deberían realizarse estudios para asegurar que los enfoques de elaboración de perfiles pueden generalizarse a delitos sexuales cometidos en otras naciones. Esto es, no se trata solo de aumentar nuestro conocimiento sobre la conducta criminal. El objetivo también es comprobar si las teorías basadas en contextos occidentales se aplican a contextos no occidentales. O si, por el contrario, existen diferencias culturales, etc.

Debido a estos motivos, la elaboración del perfil criminal del agresor sexual coreano resulta interesante y necesario.

En Corea del Sur, el número de delitos sexuales es muy superior al de otros delitos violentos. En 2018, se registraron 23.478 mientras que, en comparación, se observaron 309 homicidios y 821 robos. Así las cosas, algunos investigadores destacados realizaron estudios significativos para establecer modelos coreanos de comportamiento delictivo. Estos también tienen utilidad para la elaboración de perfiles criminales.

Así, varios estudios mostraron recientemente resultados notables al comparar comportamientos delictivos coreanos y occidentales. Concretamente, se descubrió que había similitudes y diferencias entre los delincuentes de homicidiocoreanos, finlandeses y suecos en los comportamientos de mutilación en los cuerpos de las víctimas. Encontramos otro ejemplo en un estudio comparativo entre homicidas sexuales coreanos y canadienses (aquí podéis leer más sobre homicidas sexuales).

Por tanto, se han realizado algunos estudios sobre comportamientos y características delictivas en Corea del Sur. No obstante, todavía hay poca investigación para probar si los perfiles occidentales de delincuentes sexuales están validados. Con el fin de identificar diferencias, de haberlas, los delitos sexuales entre Occidente y Corea del Sur, el conocimiento se puede utilizar como base científica para mostrar la necesidad de desarrollar un modelo temático adecuado de los delitos sexuales coreanos.

Con este fin, los autores examinaron un total de 50 casos de crímenes sexuales representativos acontecidos entre 2006 y 2009. La edad de las víctimas iba desde los 6 hasta los 50 años. La de los agresores, todos hombres, desde los 16 hasta los 56 años. En el 72% de los casos, los agresores eran extraños, y en el 28% conocidos de las víctimas. Los archivos del caso generalmente contenían los perfiles de los delincuentes, métodos delictivos, información de la escena del crimen y declaraciones de los delincuentes y las víctimas.

Bien, se establecieron 27 variables sobre características de los agresores, escenas del crimen y el delito en sí. Esto es, cómo fueron perpetrados. Posteriormente, se compararon las variables identificadas en los agresores sexuales coreanos con los occidentales (concretamente de Gran Bretaña). Cada caso se clasificó en base a tres temas, o temas híbridos, según la puntuación de frecuencia de la ocurrencia de variables.

Los resultados fueron los siguientes. El 84% de los casos fueron asignados a un tema concreto y el 14% como híbridos. De los primeros, el 44% se clasificó dentro del tema de participación y hostilidad, el 20% se clasificó como tema de control y el 20% se clasificó como robo. En el primer tema, casi el 60% de los agresores conocían a las víctimas, mientras que en los otros dos era entre el 20% y el 10%.

Se encontró que los dos países eran diferentes en la frecuencia del comportamiento delictivo. Particularmente, en acciones en la escena del crimen entre delincuentes coreanos y británicos. El agresor sexual coreano suele cometer penetración vaginal, fuerza a la víctima a participar y también abusa verbalmente de ella. El británico, si bien también realiza la penetración vaginal, no comparte el resto de las características típicas. Se caracteriza más por ataques sorpresa a las víctimas.

Por otro lado, se detectaron ocho variables de acción en la escena del crimen, contextualizadas en la hostilidad o participación, idénticas al modelo británico. Sin embargo, cinco variables sobre el participación u hostilidad se indicaron en el contexto coreano por parte del agresor. Concretamente: violencia única, rasgar la ropa, identificar a la víctima, degradar a la víctima e insinuar conocer a la víctima. Además, los comportamientos de sexo oral se observaron con mayor frecuencia en la participación y hostilidad.

Asimismo, los agresores sexuales coreanos tienen más probabilidades de tratar a la víctima como un objeto sexual, al tiempo que también desean tener relaciones sociales con las víctimas. La explicación de esto puede ser debido a la cultura sexual coreana, sobretodo el extendidísimo uso de la pornografía. Los delincuentes pueden relacionar comportamientos hostiles con la adquisición de relaciones debido al modelo que se muestra en la pornografía. Por lo tanto, pueden transferir esta conexión a sus actos sexuales.

Estas diferencias sugieren que la investigación transcultural es necesaria. Además, los antecedentes previos de robo y delito sexual, conocer a la víctima y usar vehículos diferían dentro de los comportamientos dominantes entre un país y otro.

La investigación de estas diferencias y del significado implícito tras ellas aumentará nuestro conocimiento sobre los delitos sexuales según distintos países. Por ello, los resultados apoyan la idea de que las asociaciones entre las características del delincuente y las acciones en la escena del crimen se pueden utilizar como una técnica de investigación y perfilación.

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Entomología y estimación del intervalo postmortem. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Forensic entomology application in China: Four case reports” de Wang, M.; Chu, J.; Wang, Y.; Li, F.; Liao, M.; Shi, H.; Zhang, Y.; Hu, G. y Wang, J. (2019), en el cual se ilustra mediante cuatro casos prácticos cómo la información entomológica permite estimar el intervalo postmortem.

No es ningún secreto que determinar el momento de la muerte es de gran importancia para las investigaciones criminales.

Este momento se determina mediante diversas condiciones posteriores a la muerte, como el livor mortis o el rigor mortis. Sin embargo, muchos de estos métodos solo son aplicables hasta pasadas 48-72 horas de la muerte (2-3 días). Pasado este tiempo, muchas técnicas asociadas a la medicina forense se vuelven inexactas, o incluso no se pueden aplicar.

Por ello, se han desarrollado nuevos métodos que estimen el intervalo postmortem para mejorar la precisión de tal estimación. Entre ellos, la entomología forense es una importante rama de las ciencias forenses. Utilizando las especies de artrópodos, los datos de sucesión pueden reflejar cuánto tiempo el cuerpo ha estado expuesto. Los datos de desarrollo pueden utilizarse para estimar el periodo de tiempo en el que el cuerpo fue colonizado.

Así, el periodo de actividad de los insectos se refiere al tiempo desde que los artrópodos colonizan el cuerpo hasta que los restos son encontrados. Este periodo no siempre se corresponde con el intervalo postmortem. Recientemente, se ha refinado estableciendo un intervalo mínimo postmortem. Este representa el tiempo desde la colonización hasta el hallazgo de los insectos inmaduros más antiguos en el cadáver.

Los informes de casos son bastante valiosos ya que la entomología forense está constantemente evolucionando y expandiendo su aplicación. Los múltiples estudios al respecto demuestran que la entomología forense es aplicable a investigaciones criminales de diversas partes del mundo.

En este sentido, China tiene una amplia experiencia haciendo uso de la entomología. Por ello, los autores analizaron 4 casos prácticos detectados en el sur de China, zona con clima subtropical monzónico.

Bien, el primer caso ocurrió en 2015. El cuerpo de un hombre apareció junto a un estanque, en un área suburbana; estaba tendido sobre su lado izquierdo. La parte superior del cuerpo estaba desnuda, y en general no presentaba grandes rasgos de putrefacción. Las temperaturas corregidas medias fueron de 26 ° C durante la semana anterior.

Así pues, los investigadores de la escena del crimen recolectaron alrededor de 30 gusanos de la cabeza como evidencia entomológica. Las especies que se identificaron en dicha muestra, con 26º de temperatura, necesitan entre 43 y 68 horas para desarrollarse. Por ello, se estimó que el intervalo mínimo postmortem debían ser 68 horas. No obstante, el patólogo difirió. En base a la falta de signos de putrefacción y la temperatura, estimó que el intervalo postmortem debía ser de unas 48 horas.

¿Quién llevaba razón entonces?

La respuesta es: ambos. La investigación descubrió que el hombre había deambulado por la zona con una herida abierta en la cabeza. Al parecer, se desmayó donde lo encontraron tras no recibir atención médica. Es entonces cuando los insectos comenzaron a colonizar la herida y cuerpo, cuando el hombre todavía estaba vivo pero comatoso. Finalmente, murió horas después. Por ello las estimaciones de los intervalos no concordaban entre sí, supervalorando dicho intervalo la evidencia entomológica. Sin embargo, no es habitual que los primeros insectos colonizadores aparezcan en el cuerpo antes de la muerte. En cualquier caso, esta situación ilustra la importancia de la colaboración entre profesionales.

El segundo caso tuvo lugar en 2017. El cuerpo de un hombre adulto se encontró en una habitación sin puerta ni ventanas pero que lo resguardaba de la lluvia. Bajo las sábanas, el cuerpo estaba desnudo y la mayoría de los tejidos blandos momificados. La causa de la muerte fue una lesión cerebral, y la temperatura media del mes de 26.ºC. Como evidencia entomológica, se identificaron pupas vacías, larvas e individuos adultos de distintas especies de dípteros y coleópteros.

En conjunto, tras analizar todas las muestras y teniendo en cuenta la temperatura, condiciones del cadáver… etc., se estimó que el intervalo postmortem era de entre 23 y 24 días. Posteriormente, con la resolución del caso se supo que el intervalo real era de 25 días, muy cercano al estimado. Los escarabajos son especialmente útiles en casos forenses en los que los dípteros ya han abandonado el cuerpo y solo se pueden encontrar escarabajos. Estudiar el patrón de sucesión de las especies, si tiene estados específicos, puede ser de gran ayuda para estimar el intervalo postmortem de cuerpos en avanzado estado de descomposición.

El tercer caso aconteció en 2011. Se encontró el cuerpo de una mujer en el baño de una vivienda, en avanzado estado de descomposición. La muerte se produjo por una ingesta excesiva de alcohol y medicamentos. Había relativamente pocasmoscas y gusanos adultos en el sitio; la puerta se encontraba cerrada pero las ventanas abiertas. Las larvas de mosca se distribuyeron principalmente en cabeza y cara. En este caso, el intervalo estimado por la evidencia entomológica no coincidía con el resto de evidencia. Esto puede explicarse principalmente por la alteración que muchas sustancias químicas pueden causar en los insectos, incluido su desarrollo.

Finalmente, en el cuarto caso (2011), se encontraron restos de una mujer asesinada en la ladera de una colina, cerca de la salida de una carretera. Casi toda la ropa estaba quemada, pero a los órganos internos y al cerebro no les afectó tanto el fuego. La temperatura media fue de 15.3ºC, y gran parte del cuerpo tenía colonias de hongos blancos.

Así, se identificaron tres especies de moscas, siendo el estado previo a la pupa el más avanzado de las muestras. En base a esta evidencia entomológica, se determinó que el intervalo mínimo postmortem era de 25.5 días. La confesión del asesino situó el intervalo postmortem en 26 días. En este caso, la estimación entomológica fue un éxito.

Resulta interesante subrayar que este caso se produjo en invierno, cuando se cree que la actividad de los insectos se reduce. Sin embargo, otras investigaciones sugieren que es la luz solar, y no la temperatura, la que determina dicha actividad y aparición de los artrópodos en los cuerpos. Por otra parte, aunque la quema puede destruir algunos sitios potenciales de oviposición, también puede conducir a más sitios de oviposición debido a la aparición de grietas.

Así pues, la entomología forense es una ciencia de gran utilidad. Pero requiere de mucha precisión y tener otros diversos factores en cuenta para hacer estimaciones correctas. Y en China, donde esta ciencia está menos desarrollada, su demanda para aplicarla en investigaciones criminales cada vez es mayor.

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