Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “The psychopathological profile of cannibalism: a review of five cases” de Raymond S., Léger A. y Gasman I., en el cual se analizan cinco casos de canibalismo y los perfiles psicopatológicos relacionados.

En la sociedad actual, el canibalismo es extremadamente raro y representa un acto de violencia impensable. Se define como un acto que implica el consumo de un individuo de una especie (o partes de él) por parte de otro individuo de la misma especie.

Hay muchos ejemplos de canibalismo en la mitología, cuentos de hadas o literatura. Además, hay muchas expresiones lingüísticas que implicaría canibalismo, a menudo con connotaciones sexuales. Por ejemplo, está para comérselo/a. No obstante, nadie dice tal expresión con la intención de comerse a nadie.

No pensamos en el canibalismo y puede que pocos se atrevan a bromear con ello. Simplemente excluimos esa posibilidad de nuestra cabeza. Esto es así porque el canibalismo, al igual que muchos otros temas, sigue siendo un gran tabú.

Un ejemplo en este sentido es que en muchos países europeos el canibalismo está ausente en el Código Penal. En Francia se considera un acto de degradación del cuerpo de la víctima si ocurre después de un crimen. Si hay canibalismo sin crimen se considera un acto de tortura. En el Código Penal español no hay mención directa alguna del canibalismo. Algunos consideran que se sobreentiende a través del artículo 526, pero no queda muy claro.

En el reino animal el canibalismo no es algo tan extraño, excepto para los humanos. Cuando ocurre, no es una decisión individual o costumbre, sino que depende de una variedad de factores. Por ejemplo, el aumento poblacional de una especie. El canibalismo suele darse más entre las hembras y más a menudo en épocas de hambruna.

El canibalismo entre humanos como práctica recurrente no está documentado suficientemente. No hay evidencias de ello, excepto en circunstancias extremas como las situaciones de hambruna o como parte de una conducta antisocial.

En cualquier caso, la mayoría de los antropólogos coinciden en que hay tres tipos de canibalismo humano: como ritual, de supervivencia y patológico. El canibalismo ritual ocurriría en grupos tribales como norma social, donde el sistema de creencias autoriza la ingesta de personas.

El canibalismo de supervivencia ocurre excepcionalmente en situaciones muy extremas. Aquel que lo practica normalmente está en contra de tal acto, pero situaciones como hambruna, asedios militares o naufragios le obliga a ello.

El canibalismo patológico es una práctica individual y voluntaria, altamente condenada por la sociedad. Hay unos cuantos casos muy famosos, por ejemplo, J. Dahmer, arrestado en 1991, que mató y descuartizo a 17 hombres y se alimentó de ellos. Fue diagnosticado con un trastorno de personalidad mixta, con rasgos fetichistas antisociales, sádicos y obsesivos.

Hay pocos estudios sobre este tipo de canibalismo también extremadamente raro. De los casos analizados parecen emerger dos perfiles. Por un lado, individuos que sufren de formas extremas de parafilia. Por otro lado, individuos que sufren trastornos psicóticos severos.

En esta investigación, los autores analizan cinco casos que implican canibalismo. Se trata de 5 personas internadas en el Hospital Paul Guiraud de Francia en algún momento de los últimos 20 años. Estos 5 pacientes son todos hombres, con un historial de aislamiento y deterioro social. Todos ellos han tenido una infancia disfuncional, con negligencia emocional. Tres de ellos han sufrido violencia familiar y los dos restantes fueron víctimas de abuso sexual. Solo dos sujetos de los cinco tienen historial criminal.

Los 5 pacientes tienen un historial de atención psiquiátrica con hospitalización. Todos han mostrado un cumplimiento deficiente de las recomendaciones de salud mental en la etapa posterior a la hospitalización.

Del análisis de estos casos, se pueden extraer dos grupos que difieren en diagnóstico y psicopatología. El primer grupo se compone de tres sujetos diagnosticados con esquizofrenia paranoide. El segundo grupo se compone de dos sujetos con un diagnóstico de trastorno de personalidad mixta (TPM), con rasgos sádicos asociados a la parafilia.

Psicopatología

En el grupo de esquizofrenia, el ataque a las víctimas se inició con impulsividad, sin premeditación. Un factor predisponente que contribuyó a ello es el uso de sustancias como el cannabis o el cese de la toma de medicación. El factor precipitante fue a menudo trivial, por ejemplo, una discusión con la familia sobre la herencia. Los tres pacientes de este grupo presentaban delirios de persecución o alucinaciones místicas.

En el segundo grupo, los sujetos con TPM admitieron haber tenido fantasías canibalísticas o planes ocultos relacionados con el canibalismo en el pasado. Además, se destaca la ausencia total de tabús en estos sujetos y ausencia de delirios. No se destacan factores predisponentes, pero sí precipitantes diferentes de los del grupo anterior. Se trata de sentimientos de humillación y ambos sujetos de este grupo atacaron a su víctima cuando sufrían una muy baja autoestima.

Relación con las víctimas y modus operandi

En el grupo con esquizofrenia, todas las víctimas pertenecían a la pareja parental. Se habla, por tanto, de canibalismo en un contexto de parricidio. En los tres casos hubo relaciones hijo-padre/madre de dependencia con un gran componente de hostilidad. Esto explicaría la elección de los órganos a ingerir: orejas, ojos, manos y antebrazos. Los sujetos no saborearon la carne (sin apreciaciones conscientes de la carne, como cuando probamos algo), la ingirieron cruda y no hubo evidencias de satisfacción sexual.

En el grupo con TPM las cosas son bastante diferentes. Los dos sujetos de este grupo eran conocidos de sus víctimas y mantenían una relación marcada por la cosificación. Las víctimas eran parte de una situación de punto muerto del agresor, marcada por fuertes sentimientos de humillación. En estos casos, los agresores seleccionaron cuidadosamente las partes a ingerir, sí saborearon la carne previamente cocinada.

También hubo elementos de placer sexual. Uno de los sujetos había planeado canibalismo con necrofilia y el otro presentó activación sexual y eyaculó durante el acto de canibalismo. No hubo remordimientos posteriores, ni implicaciones morales, ambos tratando los hechos como unos eventos casuales.

Perfil psicológico

Aunque cada caso tenga sus particularidades, los autores concluyen que, para el grupo con esquizofrenia, el canibalismo es una reacción de autodefensa ante amenazas percibidas o ante un daño destructivo físico o psicológico. Por ejemplo, los sujetos utilizaron expresiones como me estaba comiendo vivo o me sentía consumido por ella. Se trata de una dinámica de auto-presentación, que el otro (la víctima) sepa que uno existe, que tiene poder.

No solo cometieron el crimen, sino una exageración del acto a través del canibalismo, una defensa adicional. Siguieron un concepto de violencia fundamental, relacionado con la supervivencia: yo o él/ella (sin olvidar que hay una patología mental de fondo). Estos sujetos pasaron al cuidado de unidad psiquiátrica, sin sentencia de prisión.

Para el grupo con TPM, el canibalismo permitió un restablecimiento narcisista. Estos actos ocurrieron en el contexto de una intensa frustración, humillación (percibida) y conflicto entre las realidades internas y externas. Supusieron una liberación de la tensión basada en ira y aumentaron la autoestima de los agresores.

Los actos de canibalismo fueron una forma de eliminar los sentimientos de inferioridad y/o vulnerabilidad en una atmósfera megalomaníaca. Por ejemplo, uno de los sujetos dijo haberse sentido como un héroe. Ya no se trata de un yo o él/ella, sino de un él/ella es yo, dónde la víctima es algo inferior y el poder de destruirla reivindica el yo.

Por tanto, el tema central es el ego y el narcicismo. Los sujetos siguieron un deseo intenso de superar frustraciones fuertemente enraizadas y comportamientos socio-emocionales inadecuados a través de un acto extraordinario. De los dos sujetos de este grupo, uno declaró enajenación mental y otro fue sentenciado a 30 años de prisión.

Todo lo observado en el análisis de estos casos encaja con lo visto en otras investigaciones. El canibalismo aparece asociado a dificultades en la infancia (p. ej. abuso físico, suicidio de miembros familiares, etc.). Los agresores suelen tener un historial de problemas psiquiátricos. También cometen crímenes más violentos que otro tipo de criminales, sugiriéndose mayores niveles de ira.

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