Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Body Recovery after the “First48”: implications for sexual homicide investigations” de Reale y Beauregard; en él nos hablan de los factores que influyen a la hora de recuperar un cuerpo.

Siempre se dice que las primeras 48 horas en la investigación de un homicidio son las más importantes. En el presente artículo se analizan las características de la víctima y del victimario, así como del lugar que pueden influir en que un cuerpo sea recuperado dentro de ese margen de tiempo.

En este estudio se hicieron cuatro hipótesis. La primera de ellas es que los agresores que presentan determinadas características (condenas previas) tomarán medidas para que el cuerpo tarde en recuperarse más de 48 horas. La segunda de las hipótesis es que los casos que tengan víctimas con determinadas características (víctimas marginales) llevará más de 48 horas localizar el cuerpo. La tercera es que los cuerpos que hayan sido abandonados en determinados lugares, en el exterior, llevará más de 48 horas localizarlos. Por último, aquellos asesinos que tengan conciencia forense provocarán que se tarde más de 48 horas en localizar el cuerpo.

Los datos para el estudio se obtuvieron de la Royal Canadien Mounted Police (RCMP). Para incluirse tenían que ser casos consumados y tenían que cumplir la definición de homicidio sexual del FBI, incluyendo al menos uno de los siguientes elementos: falta de atuendo en la víctima, la exposición de las partes sexuales de la víctima, que el cadáver presente una posición sexual, objetos insertados en las cavidades de la víctima, evidencia de actividad sexual o evidencia de actividad sexual sustitutiva, interés o fantasía sexual.

Se manejó una muestra de 250 casos ocurridos en Canadá desde 1948 a 2010. Se comparó los casos donde el cuerpo había sido recuperado en las primeras 48 horas y en los que no, contando desde la última vez que fue vista la víctima con vida. Se optó por esa franja temporal porque según los investigadores es cuando se produce una mayor obtención de información y de evidencias forenses. De los casos analizados un 56,4% fueron recuperados en las primeras 48 horas y el 43,6% restante pasado ese tiempo.

También se analizaron siete características del victimario como es la edad, la raza, si poseía o no una dirección fija, su estado civil, condenas previas por otros delitos violentos, condenas previas por delitos sexuales o cualquier condena por delitos contra la propiedad. Un 63,2% de la muestra eran blancos, con una edad media de 28 años, un 51,8% estaba casado, un 92% tenía residencia fija y un 59,6% tenía antecedentes por delitos contra la propiedad.

Además, se examinaron cinco características de la víctima que son edad, sexo, raza, si es una víctima marginal (trabajadora sexual, vagabunda, aborigen), y su relación con el agresor. La mayor parte de las víctimas eran mujeres (87,6%), blancas (63,2%) con una edad media de 27 años.

También se realizó un estudio de las variables relacionadas con el lugar. Por un lado, podían ser relativas al lugar donde se tuvo el primer contacto entre víctima y agresor y por otro, el lugar donde se abandonó el cuerpo. Se analizó en ambos casos si era el lugar de residencia de la víctima, cómo la trasladó, si era un lugar público o una localización exterior. El primer contacto con la víctima se produjo en exteriores en un 32,8% de los casos y se abandonó el cuerpo en exteriores en un 59,8% de los mismos. La siguiente ubicación más usada fue la residencia de la víctima, siendo el lugar de contacto en un 26,6% de los casos y el lugar de abandono del cuerpo en un 25,2%.

En relación a la conciencia forense del agresor se analizó si destruyó pruebas, si manipuló a la víctima o la escena, si tomó otras precauciones, si se localizó semen u otros indicios biológicos y si el cuerpo de la víctima había sido movido, desechado o desmembrado. Lo más común fue desechar el cuerpo (42,8%), destruir pruebas (38,8%) y mover el cuerpo de la víctima (30,8%).

Los resultados que aportó el análisis son que en los casos con agresores de más edad el cuerpo se recupera después de las primeras 48 horas. Al igual que ser soltero, tener un historial previo de delitos violentos y de delitos contra la propiedad también en estos casos se recuperaba el cuerpo pasado esa franja temporal. La edad de la víctima es la única variable que influenciaba en la recuperación del cuerpo. En relación a la localización, la residencia de la víctima, el transporte del cuerpo y las localizaciones exteriores hacían que pasarán más de 48 horas para localizar el cuerpo. Influían de la misma manera el destruir pruebas, mover el cuerpo o desecharlo.

Las investigaciones anteriores demostraron que un agresor organizado tenía una planificación cuidadosa y una conciencia forense. Por ello, una de las hipótesis era que en los casos donde el agresor tenía conciencia forense el cadáver sería descubierto después de las primeras 48 horas. Esta hipótesis quedó confirmada con los resultados, en los cuáles se vio que los agresores que eliminan pruebas o intentan deshacerse del cuerpo de la víctima retrasaban en mayor medida su descubrimiento. Lo que coincide además con la literatura preexistente. Aunque hay que señalar que trasladar el cadáver de ubicación no obtiene tan buenos resultados como desechar el cuerpo de la víctima (enterrarlo, ocultarlo, sumergirlo), ya que no solo retrasa su aparición, sino que puede comprometer la integridad de las pruebas forenses. Esto coincide con la tipología de organizado propuesta por Ressler para los homicidios sexuales.

Se hipotetizó que cuando se contacta o abandonaba a la víctima al aire libre se retrasaría su descubrimiento. Los resultados dicen que es más posible que se retrase su aparición si el contacto se produjo mientras se dirigían hacía algún lugar y es menos probable cuando abandonan el cuerpo en un lugar público. Parece ser que influye más el lugar de contacto primario que el lugar de abandono, ya que si por ejemplo se captura a la víctima mientras hace autostop esto dificultaría la investigación debido a que no se conocería su ubicación exacta ni el momento en el que se produjo. Esto se correspondería con la tipología de delincuente geográficamente móvil de Holmes y DeBurger.

En relación a los agresores se planteó que aquellos que tenían condenas anteriores tomaran medidas para retrasar la aparición del cadáver. Esto no se pudo confirmar ya que la única variable que se confirmó es que era más probable que estuviera casado. Esto está en línea con la literatura preexistente que afirma que los asesinos organizados son más estables y tienen más posibilidades de vivir en pareja.

Por último, en relación a las características de la víctima se hipotetizó que aquellas que fuera marginales se tardaría más de 48 horas en recuperar el cuerpo. Esto no puedo establecerse, ya que la única característica que parece relacionada era la edad de la víctima. Los resultados muestran que víctimas más jóvenes tienen menos probabilidades de ser encontradas después de las primeras 48 horas.

Estos hallazgos pueden ayudar en los casos de desapariciones donde se sospeche que puede haber detrás un posible delito. En los casos donde el cuerpo no se haya encontrado en 48 horas, los esfuerzos deberán centrarse en buscar cuerpos ocultos. También pueden ayudar a dar prioridad a sospechosos en los casos donde el cuerpo no haya aparecido en las primeras 48 horas, donde se recomienda que se centren en sospechosos casados.