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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Does she kill like he kills? Comparison of homicides committed by women with homicides committed by men in Spain” de Santos-Hermoso, J.; Quintana-Touza, J. M.; Medina-Bueno, Z. y Gómez-Colino, M. R. (2021), en el que los autores realizan un análisis de las diferencias entre cómo matan las mujeres y cómo matan los hombres.

Los estudios sobre las conductas delictivas han mostrado que la mayoría de los delitos, especialmente los violentos, son cometidos por hombres.

En el contexto español, la tasa media de delincuencia de los hombres entre los años 2010 y 2018 fue cinco veces superior a la de las mujeres.

A pesar de las diferencias que refleja este dato, a lo largo de los últimos 20 años se ha registrado un aumento constante del número de mujeres condenadas por delitos violentos. Y no sólo en España; de hecho, Finlandia constató un aumento de los homicidios cometidos por mujeres entre 1995 y 2004.

Si bien el estudio de mujeres como víctimas de homicidio ha sido ampliamente estudiado, no ocurre lo mismo si pensamos en ellas como victimarias. Esto es así, principalmente, por el bajo nivel de prevalencia de mujeres asesinas. Y dentro del grupo de investigaciones sobre mujeres homicidas, aún hay menos que analicen los homicidios cometidos por ellas fuera del ámbito familia.

Pero ¿qué sabemos hasta ahora? Pues bien, una de las principales conclusiones extraídas de estos estudios comparativos, es que las mujeres matan principalmente a miembros de su familia, mientras que los hombres tienden a matar a conocidos y extraños.

En cuanto al género de las víctimas, la mayoría de los estudios muestran que tanto hombres como mujeres, prefieren a estas últimas.

Por otro lado, parece ser que las víctimas de corta edad tienden a asociarse con mujeres, principalmente por la implicación de estas en los casos de filicidio.

Con respecto a las características de los agresores, la literatura habla de que las mujeres tienden a estar casadas o en pareja y conviven con otras personas, mientras que los hombres suelen ser solteros y vivir solos. Otro dato sería que ellos suelen tener más antecedentes penales que ellas.

Sobre el consumo de alcohol y drogas, también es más probable que los hombres hayan consumido alguna sustancia, mientras que, con respecto a enfermedades mentales, es más probable que sean ellas las que tengan un diagnóstico previo.

Los hombres matan en escenarios públicos y al aire libre, mientras que las mujeres lo hacen en espacios cerrados, como los hogares. Ellos, además, usan armas de fuego en mayor medida, y ellas tienden a utilizar la asfixia o las armas blancas.

Con estos datos de trabajos anteriores, los autores realizan un estudio con la intención de profundizar en las diferencias entre unos y otros homicidios, pero sin limitarse a un ámbito específico como pueden ser los casos de pareja o los filicidios.

Para ello, analizan casos que corresponden a 577 homicidios resueltos por la Guardia Civil española entre 2013 y 2018 (un 95,5% del total de los casos registrados en esos años).

¿Cuáles fueron los resultados obtenidos?

En primer lugar, hay que señalar que las mujeres perpetradoras constituyeron un 9,8% del total de los perpetradores analizados. De este porcentaje, 3 de cada 4 fueron cometidos por mujeres en el ámbito familiar, destacando los casos de filicidio.

Con respecto al género de las víctimas, sorprendentemente se observó que las mujeres matan predominantemente a hombres, y no a mujeres como se creía; mientras que en los hombres ocurre al contrario. Las mujeres también preferirían a personas jóvenes, por lo que en aquellos casos en los que la víctima es un hombre joven, es más probable que el homicidio lo haya cometido una mujer.

En cuanto al perfil psicosocial, las mujeres asesinan a víctimas que pueden ser consideradas vulnerables, ya sea por lo que acabamos de comentar sobre la juventud, o por el hecho de que estas víctimas puedan exhibir algún tipo de enfermedad o dificultad mental en mayor medida que las víctimas de los hombres.

Sobre los perpetradores, la información que arrojan los autores es que las mujeres son, de media, algo mayores que los hombres, pero la diferencia no es significativa.

Un hallazgo importante que confirma conclusiones de otras investigaciones es que, en mayor medida que los hombres, las mujeres tienden a presentar o estar diagnosticadas con trastornos mentales en momento del incidente. Por otro lado, los hombres están más frecuentemente bajo la influencia de sustancias.

Un hallazgo interesante que las mujeres tienden a cometer los homicidios durante la tarde. No suelen llevarlos a cabo en presencia de testigos, probablemente porque ya hemos visto que prefieren espacios cerrados.

Además, tal y como sugerían otras investigaciones, parece ser que las mujeres tienden a desplazar los cuerpos. Esto puede explicarse porque la mayoría de sus víctimas son familiares y pueden optar por el desplazamiento del cuerpo como método de desvinculación; por otro lado, dado que las víctimas menores de edad están asociadas a las mujeres, sus cuerpos son más sencillos de mover.

Parece que existe consenso en que las armas de fuego son utilizadas principalmente por hombres y los métodos de asfixia por mujeres. De los 100 casos del estudio en los que se utilizaron armas de fuego, sólo 1 involucró a una mujer agresora.

En términos de los comportamientos de los perpetradores posteriores al homicidio, los estudios sugieren que las mujeres permanecen en la escena y tienden a confesar con mayor frecuencia que los hombres.

Este estudio proporciona una base interesante sobre la que seguir investigando las diferencias entre los homicidios cometidos por hombres y los cometidos por mujeres. Si bien una limitación existente podría ser que, sabemos que las mujeres cometen principalmente los homicidios en el ámbito familiar, ¿pero existen diferencias entre los homicidios familiares cometidos por mujeres y hombres?

Por otro lado, aún es necesario desarrollar estudios que incluyan el análisis de otras variables, como si existe o no relación previa entre víctima y victimario.

Los autores señalan este punto como una idea de la que pueden partir investigaciones futuras.

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Is criminal expertise a feature of unsolved sexual assault involving theft?” de Reale, K. S.; Bauregard, E. y Chopin, J. (2021), en el que los autores estudian el papel de la experiencia criminal en la resolución de casos de agresiones sexuales con robos.

 Las agresiones sexuales son uno de los delitos violentos más comunes, pero también uno de los menos denunciados.

Incluso cuando se denuncian, las tasas de enjuiciamiento por ellos se encuentran entre las más bajas en comparación con otros delitos violentos.  Además, sólo una minoría de delitos sexuales tiene sospechosos concluyentes.

A pesar de estos problemas, ha habido poca información empírica sobre qué factores influyen en la capacidad de solución en la agresión sexual, ya que la mayoría de estudios se han centrado en factores que ayuden a resolver homicidios.

Sin embargo, sí hay algunos estudios que han demostrado, en el ámbito de las agresiones sexuales, que hay delincuentes profesionales diferenciados de los novatos porque han desarrollado un conocimiento y habilidades orientadas a la detección que hacen sus casos más particulares.

Y aunque es un primer esbozo, en realidad no se ha estudiado si esta experiencia tiene relación real con la resolución de casos. Es precisamente este vacío el que pretende llenar este estudio.

Pero, ¿qué es la pericia criminal? En delitos sexuales, se refiere a un delincuente que ha desarrollado habilidades relacionadas con el crimen y utiliza un modus operandi sofisticado que implica la evitación de la detección.

Algunos expertos han sugerido que hay delincuentes sexuales que, teniendo múltiples víctimas, y permaneciendo en el anonimato durante largos periodos de tiempo, terminarán desarrollando experiencia criminal que implicará aprender las habilidades y conocimientos necesarios para funcionar bien en un dominio en particular.

Esta perspectiva nos sugiere que los delincuentes que poseen esta característica, en principio tendrían más éxito cuando cometen crímenes e intentan evitar ser detectados.

Los autores se proponen estudiar esta posibilidad. Para ello, realizaron una investigación en la que todos los casos de la muestra son de agresión sexual en los que las víctimas son desconocidas (porque son los casos más difíciles de resolver) y víctimas en el mismo momento de robo de artículos personales.

El robo de artículos fetiche, en particular, puede ser un marcador de un delincuente parafílico con una importante peligrosidad sexual. También puede asociarse con una escalada en los delitos cometidos.

Fueron un total de 1041 casos analizados, obtenidos de una base de datos de la policía nacional de Francia con delitos registrados desde 1991 hasta 2018.

Los hallazgos sugirieron que el indicador conductual de la experiencia no es una característica relevante de los delitos sexuales no resueltos en la muestra estudiada. Es decir, no parece que los casos de agresión sexual no detectados puedan utilizarse como una estimación de los delincuentes expertos. Sin embargo, hubo más resultados interesantes.

Se encontró que el número de violaciones o actos sexuales cometidas por el delincuente, y el semen encontrado en la escena del crimen, sí se asociaban significativamente con la resolución del caso. Cuanto más contacto hay con la víctima, hay más probabilidades de ser detenido.

La única variable del delito asociada con el estado de un caso no resuelto era cuando se robaban artículos fetiche, en comparación con el robo de artículos valiosos.

No se puede excluir la posibilidad de que esto se relacione simplemente con que los artículos valiosos son más rastreables y, por tanto, ofrezcan un medio alternativo para que la policía identifique al sospechoso cuando no haya pruebas.

También es posible plantear la hipótesis de que los artículos fetiche son robados por delincuentes que pasan menos tiempo con la víctima o cometen actos menos intrusivos y, por tanto, dejan menos evidencia forense.

El análisis demostró que aquellos que roban artículos fetiche a sus víctimas, con menos frecuencia cometen actos de perpetración sexual. Por tanto, es posible que este tipo de delincuente sea también el más experto porque prioriza el robo sobre actos que tienen un mayor riesgo.

Este tipo de robo está también relacionado con la escalada de delitos, por lo que eventualmente se puede alcanzar una agresión sexual o asesinato.

Es decir, existe un vínculo entre el robo de fetiches y la escalada de delitos sexuales que puede reflejar un subgrupo particularmente importante de delincuentes no detectados.

En cuanto a las limitaciones del estudio, los autores señalan que sólo se investigaron agresiones sexuales con robo, y los resultados pueden no ser generalizables a otros tipos de agresiones sexuales. Además, sólo se examinó la experiencia criminal en violación de extraños.

Comentan que las investigaciones futuras deberían intentar replicar estos hallazgos en otros delitos sexuales e incluir información cualitativa más detallada relacionada con la experiencia del delincuente.

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Deadly violence in Sweden: profiling offenders through a latent class analysis” de Khoshnood, A.; Ohlsson, H.; Sundquist, J. y Sundquist, K. (2020), en el que los autores dan unas nociones acercad el perfil criminal del delincuente sueco.

El homicidio y el asesinato son dos de los delitos más graves que se pueden observar en cualquier ordenamiento jurídico. Incluso la tentativa de homicidio se une a ellos, causando daños irreparables a las víctimas y a toda la sociedad.

A partir de 2015-2016, se ha visto aumentada la tasa de estos delitos en países de Europa occidental, como Suecia, que ha sido testigo de problemas crecientes con la violencia relacionada con armas de fuego y explosivos.

Esto nos llama la atención, debido a las políticas restrictivas con respecto a las armas de fuego que imperan en la mayoría del territorio de la Comunidad Europea.

Un estudio recientemente publicado mostró que la violencia letal ha sido más que duplicada en Suecia en comparación con 2012, que fue cuando la tasa de esta violencia fue mínima.

El 35% de estos homicidios se llevaron a cabo con armas de fuego y fue perpetrado por hombres de entre 15 y 29 años.

Por tanto, teniendo en cuenta esta tendencia creciente de la violencia mortal en Suecia, y que es el país con el porcentaje más alto en Europa occidental de homicidios relacionados con armas de fuego entre hombres jóvenes, es de vital importancia obtener más conocimiento sobre los delincuentes que perpetran este tipo de crímenes.

La identificación de las características comunes de los delincuentes para delitos violentos como los homicidios se pueden utilizar en la prevención de éstos y en la evaluación de riesgos.

Además, esta información ampliaría nuestra comprensión de qué personas pueden estar en riesgo de cometer delitos violentos, y contribuir a un mayor conocimiento sobre qué factores pueden ser de protección o perjudiciales para ellas.

Hasta ahora, solo unos pocos estudios sobre las características de los delincuentes y sus crímenes se basaron en personas suecas. Y si queremos estudiar al delincuente sueco, este tipo de datos son esenciales.  Además, esos estudios se limitaron a investigar muestras pequeñas o solo un tipo de delito violento.

Los autores intentan subsanar estas limitaciones identificando clases de individuos que cometieron homicidios o intentos de homicidios, incluso conspiración o preparación, en el contexto sueco.

Para ello, utilizaron información del Registro Sueco de Delitos y del Registro Sueco de Sospechosos Penales. Incluyeron a personas de entre 15 y 60 años de edad, condenadas y/o sospechosas de homicidio entre 2000 y 2015.

Además, se agregó información sobre criminalidad previa, abuso de sustancias y trastornos psiquiátricos.

Se contó con un total de 14.466 individuos. Más del 80% de ellos eran hombres, y la gran mayoría de nacionalidad sueca, aunque existía una proporción importante de inmigrantes de primera y segunda generación.

En cuanto a los resultados, aparece la siguiente información.

El modus operandi más común para el homicidio fue el uso de armas de fuego (42%) y más de la mitad de las personas incluidas habían sido condenadas previamente por delitos contra la propiedad (53%).

Un poco mas de la quinta parte de los individuos incluidos (23%) tenían un transtorno psiquiátrico y una gran proporción tenía problemas de alcohol (23%) o de abuso de sustancias (42%).

Una parte importante de las personas tenía un nivel educativo bajo (41%) y cerca de un tercio había recibido asistencia social recientemente (32,4%).

Con respecto al coeficiente intelectual, su resiliencia y rendimiento escolar, no se tuvieron datos para todos los sujetos, si bien aquellos para quienes sí existían mostraron valores bajos en las tres variables.

La mayoría de personas pertenecía a una clase socioeconómica baja.

Además, se vio cómo una historia previa de delitos es un factor de riesgo, tanto para la reincidencia como para cometer otro tipo de delitos. Esto se debe a que los delitos violentos aumentan el riesgo de seguir cometiendo delitos violentos, cuya intensidad va aumentando.

A diferencia de estudios internacionales, las personas de este estudio tenían una media de 39 años. Los delitos violentos graves suelen ser cometidos por jóvenes, con un promedio de 30 años. Por tanto, es un dato que consideramos se debe tener en cuenta.

Los resultados obtenidos son considerados consistentes para el contexto sueco debido a la gran muestra y la objetividad de los datos.

Son particularmente importantes para las autoridades policiales pertinentes y la organización de inteligencia de la policía, que pueden utilizar los hallazgos para crear mejores perfiles de delincuentes. Además, puede ser información de interés para centros penitenciarios y de libertad condicional, y pueden ser útiles para identificar y prevenir procesos que conducen a la violencia mortal.

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Characteristics of persons accused of intimate partner homicide amongst forensic psychiatric observations”, de Valabdass, S. N.; Subramaney, U. y Edge, A. (2021), en el que los autores realizan un estudio para intentar obtener un perfil criminal de acusados de violencia íntima en la pareja que se encuentran en centros psiquiátricos a la espera de juicio.

La violencia dentro de la pareja es un tema que hemos tratado previamente en otros post y ya sabemos que es un problema con una gran dimensión que debe ser abordado con urgencia.

El homicidio dentro de la pareja se define como el asesinato intencional de la pareja actual o anterior, y dentro de la violencia en este ámbito se considera la forma más extrema. Estos homicidios pueden involucrar cónyuges, parejas actuales o que ya no lo son, parejas homosexuales y víctimas tanto masculinas como femeninas (en este caso, hablamos de violencia de género).

En un estudio global realizado en más de 66 países se encontró que el 13,5% de todos los homicidios, y el 38,6% de aquellos en los que las víctimas eran mujeres, fueron cometidos por las parejas íntimas de estas.

Un estudio en el contexto nacional de los autores, Sudáfrica, reveló que entre 1999 y 2009, aproximadamente el 50% de las víctimas de asesinatos u homicidios habían muerto a manos de sus parejas.

 Por tanto, es un fenómeno de especial importancia que debemos estudiar para mejorar en su prevención.

Existen algunas lagunas, aún a día de hoy, con respecto al perfil criminal de los acusados y las características del delito en aquellos casos de violencia en la pareja que son remitidos a observación psiquiátrica forense.

Esto es, casos de violencia en la pareja en los que se ha considerado que el victimario no era responsable penalmente o era inimputable debido a ciertas características.

El objetivo de este estudio es describir el perfil sociodemográfico, clínico y forense de los acusados remitidos a observación psiquiátrica forense. Además, los autores examinaron las características de los delitos.

El estudio consistió en una revisión retrospectiva de los expedientes de los acusados por homicidio o intento de homicidio en el contexto de la pareja que encontraban internados en un hospital psiquiátrico de Sudáfrica. Se tuvieron en cuenta los datos desde el 1 de enero del 2000 hasta el 31 de diciembre de 2018.

La muestra incluyó únicamente a mayores de edad, de ambos sexos. Fueron un total de 145 hombres y 18 mujeres. 33 de ellos tenían una enfermedad psiquiátrica previa y 108 admitieron consumir sustancias como alcohol y cannabis con cierta frecuencia. Además, el 26% de los acusados fueron victimarios anteriores de violencia de género.

Con respecto a las características del delito, se obtuvieron datos muy interesantes.

Por ejemplo, la gran mayoría de las víctimas eran el cónyuge o pareja actual del acusado. El apuñalamiento con cuchillo era el método homicida más común, seguido del disparo.

La mayoría de delitos ocurrieron en la residencia, o bien de la víctima o bien del victimario, habiendo casos en los que ambos la compartían.

El 69% de los acusados informó de no haber consumido ninguna sustancia en el momento del delito.

Además, hubo quienes señalaron motivos para cometer estos delitos. Los más comunes fueron rabia, infidelidad y separación.

Con respecto a la observación psiquiátrica, se vio que el 18% tenía un trastorno por consumo de sustancias; el 15%, uno depresivo mayor; el 9% tenía un trastorno del estado de ánimo; el 3%, demencia y un 1% contaba con algún tipo de retraso mental.

En general, se consideró que la muestra era más apta para ser juzgada que para no ser juzgada, así como que había muchos más acusados responsables penalmente que no responsables.

También se descubrió que el género es un factor de predicción significativo de ambas cosas: la aptitud para ser juzgado y la responsabilidad penal.

Esto es, los hombres tenían más probabilidades de ser considerados aptos y responsables, mientras que ocurría lo contrario con las mujeres.

La presencia de un diagnóstico psiquiátrico en el momento de la comisión del delito, se asoció significativamente con estos dos puntos. Tener una psicopatología como un trastorno psicótico o demencia en el momento de la infracción, hizo que fuera más probable que los acusados fueran considerados inadecuados para ser juzgados y no responsables penalmente.

Además, la literatura sugiere que el trauma infantil juega un papel muy importante. El trauma puede incluir abuso físico y/o sexual o presenciar violencia. Sin embargo, solo un 10% de la muestra refirió haber experimentado traumas infantiles. Existe la posibilidad de que los sujetos no hayan informado de haberlo experimentado o que los evaluadores no hayan indagado lo suficiente sobre esta posibilidad.

Al igual que la mayoría de estudios, este presenta limitaciones. Una de ellas es que por la propia naturaleza retrospectiva de éste, es posible que los datos no siempre estén completos y haya información inexacta o imprecisa.

Los autores señalan la necesidad de seguir ahondando en el tema, especialmente en el contexto de Sudáfrica en el que se encuentran, ya que existe muy poca investigación en él sobre el fenómeno.

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Pathological risk-propensity typifies Mafia members’ cognitive profile” de Salvato, G.; Fiorina, M. L.; De Maio, G.; Francescon, E.; Ovadia, D.; Bernardelli, L.; Santosuosso, A.; Paulesu, E. y Bottini, G. (2020), en el que los autores estudian si existen diferencias entre los perfiles cognitivos de los miembros de bandas de crimen organizado y aquellos delincuentes que actúan en solitario.

 El crimen organizado es un asunto que preocupa a nivel mundial, a cuya comprensión y prevención se invierten cada vez más recursos y esfuerzos.

Gran parte de la prevención se basa en las maneras de detectarlo de forma pronta para poder evitarlo o minimizar sus consecuencias.

Por otro lado, respecto a la comprensión del fenómeno, sabemos ya algunas cosas. Por ejemplo, sabemos que son organizaciones muy estables con una compleja estructura jerárquica que se rige por unas normas muy estrictas.

Los integrantes más recientes, deben dejar atrás su identidad para adoptar una nueva. Sus actividades delictivas, así como su vida privada, están reguladas por códigos de conducta que prácticamente podrían llamarse mandamientos. Estas normas construyen una identidad colectiva a la que los miembros se adhieren, creando una fuerte cohesión.

Se sabe que el grupo empuja a los individuos a llevar a cabo conductas arriesgadas. Los autores sugieren dos explicaciones para esto.

Primero, la responsabilidad compartida por el grupo. Esto significaría que las decisiones arriesgadas serían percibidas por los individuos como más asequibles.

Segundo, existe una persuasión, dirigida a perpetrar estas conductas de riesgo, que sería ejercida por los individuos que son más influyentes en y para el grupo.

Además, entienden que esto pueda ocurrir también como una forma de mantener el estatus conseguido dentro del grupo, o de acercarse al que se pretende alcanzar.

Estas y otras características distinguen la delincuencia organizada del crimen ordinario, tanto desde una perspectiva jurídica como social.

Los autores se preguntan, pues, si existen también diferencias entre los delincuentes de uno y otro tipo a nivel conductual.

Hacen una suposición: es posible que las características distintivas, si las hay, procedan de variaciones cognitivas en las funciones ejecutivas del lóbulo frontal.

Esta idea procede de otros estudios previos, que han demostrado que ciertas disfunciones ejecutivas de este tipo predicen conductas delictivas específicas.

Sin embargo, hasta ahora se desconoce si existe un patrón característico de los miembros de organizaciones criminales.

Para dar respuesta a estas y otras cuestiones, los autores decidieron llevar a cabo un experimento en el que contaron con 50 convictos que cumplían condena por crimen organizado y a 50 delincuentes comunes.

Además, se creó un grupo de control formado por personas sin historial delictivo para comparar.

Se les pasaron unos tests sobre capacidades cognitivas, depresión, ansiedad y psicopatía, entre otros.

Los resultados obtenidos arrojaron ideas muy interesantes. En primer lugar, que efectivamente, la afiliación a grupos tan dominantes como las mafias influye en el comportamiento de sus miembros dentro y fuera de sus actividades profesionales.

 Esto sería consistente con estudios de psicología social que muestran que las dinámicas de grupo modulan el comportamiento individual en general.

Esta sería la primera diferencia entre los dos tipos de delincuentes mencionados, ya que las personas con una fuerte sensación de pertenencia a un grupo se comportarían de forma distinta que aquellas que se perciben a sí mismas como individuos solitarios.

Con respecto al perfil cognitivo, el estudio muestra que los miembros de bandas de crímenes organizados parecen tener más probabilidades de mostrar una propensión al riesgo patológico en comparación con los delincuentes comunes.

No nos sorprende, sabiendo que la pertenencia a un grupo parece tener una enorme influencia en esta conducta patológica. Esta sería la diferencia más importante entre uno y otro tipo de delincuentes.

Los autores señalan que se han diseñado numerosos programas de prevención para fomentar el desarrollo de habilidades emocionales y sociales desde la infancia y también la adolescencia, en caso de que se detecten comportamientos disfuncionales.

Consideran que este tipo de programas deberían adoptarse de forma mucho más frecuente, ya que son particularmente efectivos para factores como el riesgo patológico observado en este estudio.

Como en toda investigación, existen limitaciones. Una de ellas es que los autores consideran que las personas que participaron en el estudio no son representativas de la totalidad de la sociedad.

Si bien los autores han conseguido una respuesta parcial a la incógnita, es muy importante tener en cuenta que los fenómenos criminológicos relacionados con la delincuencia organizada son extremadamente complejos y, por ello, deben seguir destinándose esfuerzos y recursos para investigar sobre cómo prevenirlos.

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “C3-Sex: a Conversational Agent to Detect Online Sex Offenders” de Ibáñez Rodríguez, J.; Rocha Durán, S.; Díaz-López, D.; Pastor-Galindo, J. y Gómez Mármol, F. (2020), en el que los autores prueban una herramienta de inteligencia artificial creada para detectar posibles agresores sexuales interesados en menores.

Desafortunadamente, el tráfico de personas, de drogas, el abuso sexual o el bullying son realidades que, a pesar de los esfuerzos de la sociedad, siguen presentes.

Con el desarrollo de la tecnología en los últimos años, una de las figuras delictivas que más ha proliferado ha sido el abuso de menores y la creación, distribución y consumo de pornografía infantil.

Hoy en día no es difícil encontrar foros, comunidades online y redes sociales dedicadas a ello. La INTERPOL registró, a fecha de julio de 2020, casi tres millones de imágenes y vídeos de abusos a menores.

Sin embargo, la tecnología también ha sido capaz de proporcionarnos herramientas para perseguir este tipo de conductas.

Una de ellas es la ya conocida inteligencia artificial, o IA, se utiliza para, por ejemplo, ayudar a los humanos a tomar decisiones, detectar patrones en bases de datos o predecir eventos futuros.

Una de las técnicas utilizadas en las redes sociales por las IA es el PNL, o procesamiento del lenguaje natural. Su función es analizar y entender el lenguaje humano, incluso replicarlo, y una de sus aplicaciones más comunes es la de las entidades de conversación artificial, también conocidas como chatbots.

Los chatbots, grosso modo, serían aplicaciones con las que se puede mantener una conversación, es decir, sin necesidad de que ésta sea entre dos personas humanas.

Es por esto por lo que los autores se plantearon, siguiendo investigaciones anteriores que parecían prometedoras, si existía la posibilidad de desarrollar un chatbot cuya función fuese detectar posibles agresores sexuales de menores interesados en pornografía infantil.

Así nació C3-Sex, una inteligencia artificial, un chatbot, que interactúa con usuarios de una plataforma de chat anónimo, llamada Omegle, y analiza el comportamiento de los usuarios en torno a la pornografía infantil.

Después de pasar por todo el complejo proceso de creación del software, los creadores de C3-Sex decidieron ponerlo a prueba.

¿Cómo lo hicieron?

Los pasos a seguir eran simples. C3-Sex entraría en una sala de chat de Omegle, seleccionando “sexo” como tema de interés. Allí, usuarios de todo el mundo podrían abrir una ventana de chat privada con el bot y comenzaría una conversación. En caso de que el usuario estuviese interesado en compartir contenido multimedia, C3-Sex le sugeriría utilizar Snapchat para intercambiarlo.

Snapchat es una red social famosa entre los jóvenes porque se pueden enviar fotografías y vídeos que tienen caducidad y sólo se pueden visualizar una vez, a gusto del usuario. Además, la aplicación te envía una notificación cuando alguien ha hecho una captura de pantalla de la imagen o vídeo que le has enviado.

En algún momento, la conversación entre el usuario y C3-Sex terminará, siendo el usuario quien de el primer paso para ello, pues sólo si éste cierra el chat, lo hará también C3-Sex.

Es en este momento cuando el software analizaría de forma exhaustiva la conversación, que habría sido guardada en su totalidad.

Tras utilizar C3-Sex durante un total de 50 días, se obtuvo una clasificación de tres enormes grupos de usuarios en función de cómo interactuaron con el chatbot.

El primer grupo fue el de usuarios indiferentes, 1489 personas del total. Estas personas demostraron tener una opinión negativa sobre el abuso sexual infantil y la pornografía de este tipo, manifestando emociones de rechazo. Obviamente, estas personas no enviaron imágenes sexuales ni manifestaron querer recibirlas. Además, fueron los más rápidos en responder, probablemente para manifestar esta negativa.

El segundo grupo fue el de usuarios interesados, 4041 sospechosos. Estas personas tenían una opinión favorable sobre el abuso infantil y sus emociones presentadas hacia una interacción sexual eran positivas. No parecían interesados en intercambiar contenido multimedia, centrando la mayor parte de su actividad en Omegle, sin llegar a Snapchat.

Por último, el grupo de los usuarios pervertidos, un total de 1669. Estas personas estaban interesadas en la interacción sexual y también en compartir contenido multimedia, mostrando en todo momento una actitud receptiva. Además, registraron una alta actividad en Snapchat y eran muy rápidos en responder.

Con estos resultados, se probó que C3-Sex era, en efecto, un software poderoso, útil y con mucho potencial para detectar sospechosos de abuso online de menores, así como de consumo y distribución de pornografía infantil.

Una de las limitaciones de C3-Sex es que, si bien perfila a los sospechosos a través de una gran cantidad de información, la versión actual del software no permite saber la posibilidad real de que los sospechosos se conviertan en pedófilos. Eso es un trabajo que debe hacer el analista de ciberinteligencia.

Los autores señalan que, para futuras publicaciones, están trabajando de forma que el software subsane los pequeños errores y limitaciones que posee, además de instalarle mejoras. Por ejemplo, quieren implementar un porcentaje de peligrosidad del individuo en función de la conversación, proporcionándole una función predictiva.

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Expressiveness and Instrumentality of Crime Scene Behavior in Spanish Homicides” de Pecino-Latorre, M. M.; Pérez-Fuentes, M. C.; Patró-Hernández, R. M. y Santos-Hermoso, J. (2019), en el que los autores estudian si el modelo instrumental/expresivo es útil para establecer tipologías de homicidios, basándose en características de los mismos.

A lo largo de los diferentes artículos compartidos en el club, ya hemos visto que la investigación de homicidios es uno de los campos más complejos a los que se enfrentan las fuerzas de seguridad.

Es por esto por lo que la perfilación criminal se vuelve tan interesante y necesaria en nuestros días, al desarrollar herramientas para formar hipótesis sobre las características potenciales del perpetrador del delito, aumentando la eficiencia de las investigaciones policiales.

Dentro de todas las herramientas que posee el campo de estudio de la perfilación criminal, los autores deciden centrarse, en este artículo, en el modelo de investigación instrumental/expresivo.

Este modelo nació en la perfilación criminal como un intento de superar los problemas y limitaciones de otros sistemas previos más sencillos. Fue diseñado con el fin de crear un sistema de clasificación para ayudar a explicar los comportamientos violentos, describiendo la dinámica entre la víctima y el agresor y diferenciando temáticamente las acciones llevadas a cabo durante el suceso homicida.

Por un lado, la agresión instrumental estaría motivada por el deseo de obtener algún tipo de beneficio, por ejemplo, económico o sexual. El objetivo del agresor no sería causar daño físico a la víctima, pero utilizaría la violencia cuando fuese necesaria para conseguir su objetivo.

Este tipo de agresiones son típicas de homicidios que se dan mientras otra actividad criminal tiene lugar, por ejemplo, un robo o una violación.

Por otro lado, la agresión expresiva, se daría cuando existe algún estímulo que el perpretrador percibe o entiende como una amenaza y ante el cual responde de forma violenta. Se relaciona con una intensa activación emocional, con enfado y hostilidad, a menudo como resultado de una escalada de violencia. La intención sería causar daño físico y no necesariamente la muerte.

Si este tipo de agresión termina en un homicidio, suele ocurrir que los individuos se conocían.

Numerosos estudios han demostrado la utilidad de este modelo instrumental/expresivo para establecer una tipología de homicidios y vincular éstas con las características potenciales del agresor.

Conociendo este modelo, los autores se preguntan si de verdad es útil para diferenciar temáticamente entre homicidios.

Para ello, realizan un estudio con una muestra que consiste en 448 homicidios cometidos en España entre 2010 y 2012. Se seleccionaron una serie de variables de cada uno de estos casos que tendrían relación con el modelo instrumental/expresivo o que serían relevantes para este (por ejemplo, características del homicidio, el modus operandi, o características de la víctima). Con un software estadístico, se procesaron todos los datos.

Los resultados obtenidos mostraron que, efectivamente, este modelo instrumental/expresivo sirve para establecer una tipología de homicidios. En concreto, para los homicidios seleccionados en el estudio, se mostraron cinco tipos diferentes.

El primer tipo serían los homicidios expresivos-impulsivos. Sería el más predominante de la muestra. Estos homicidios estarían caracterizados por falta de premeditación y planificación, y el acto violento tendría origen en un impulso emocional. El cuerpo de la víctima tendería a ser encontrado en el lugar de los hechos; es decir, no habría intenciones de ocultar o destruir evidencias del crimen. Además, las víctimas serían conocidas por el homicida, por lo que es muy posible que el suceso se propiciase por una discusión entre ambos.

Después, aparecería el tipo expresivo-distante. En estos homicidios sería clave la presencia de acciones postmortem tales como esconder el cuerpo o moverlo. Esto reflejaría un intento del perpetrador de distanciarse del suceso y disociarse del acto criminal.

El tipo expresivo-familiar serían aquellos homicidios que se dan en el seno familiar. Normalmente hablaríamos de filicidios y las perpetradoras serían en su mayoría mujeres, mientras que las víctimas serían menores de edad. Este tipo de homicidios sucederían en un intento del perpetrador para satisfacer sus necesidades emocionales. Además, normalmente, serían crímenes cometidos mediante asfixia.

Después tendríamos los homicidios del tipo instrumental-oportunista. En ellos, el acto violento se lleva a cabo por un motivo, en principio, oculto (por ejemplo, sensación de poder o control). Las víctimas tenderían a ser desconocidas para el agresor y serían percibidas por éste como objetos por los que el agresor no siente nada. Serían víctimas oportunas con un cierto grado de vulnerabilidad. Además, el agresor de estos homicidios tendría ciertos conocimientos forenses que le harían no dejar gran cantidad de evidencias físicas o biológicas en la escena del crimen.

Y por último, están los homicidios de tipo instrumental-de recompensa. En ellos las víctimas son percibidas por el agresor como medios para conseguir el objetivo, que normalmente suele estar relacionado con gratificaciones económicas o sexuales. Es posible que no haya evidencias, porque el perpetrador también suele dedicar esfuerzos a borrarlas. Estos homicidios pueden tener lugar en ocasiones durante otros actos delictivos, como robos, donde la muerte puede estar causada por impedir que el perpetrador consiga su beneficio económico.

Los resultados obtenidos, por tanto, son consistentes con otras investigaciones previas que mostraron que las características de los homicidios y el comportamiento de los agresores en la escena del crimen pueden ser diferenciados temáticamente en función de la instrumentalidad y la expresividad, ofreciendo una explicación de los comportamientos violentos y las dinámicas interpersonales entre la víctima y el agresor.

Los resultados tienen implicaciones prácticas en el marco de la perfilación criminal como herramienta en las investigaciones policiales, especialmente para establecer de forma más rigurosa la priorización de sospechosos y para reducir el tiempo y los recursos económicos invertidos en la investigación.

En el estudio existen limitaciones, como que las tipologías no terminan de estar bien definidas y pueden solaparse unas con otras. Además, los casos del estudio fueron tomados de bases de datos donde no se recogía toda la información de estos; por ejemplo, no se sabía el lugar de las heridas de la víctima, las circunstancias en las que el cuerpo fue encontrado o detalles de la escena del crimen. Por ello, los autores refieren que las investigaciones futuras deben orientarse al estudio de estas variables.

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Homicide Profiles Base don Crime Scene and Victim Characteristics”, de Pecino-Latorre, M. M.; Pérez-Fuentes, M. C. y Patró-Hernández, R. M. (2019), en el cual las autoras pretenden identificar las características de los homicidas a partir de las conductas realizadas y observadas en la escena del crimen, y las características de la víctima.

La perfilación criminal es un campo de estudio muy complejo que lleva interesando a numerosos expertos muchos años, debido a su eficacia a la hora de resolver crímenes.

Y tan compleja como la perfilación criminal es el área en que es más importante y espectacular su aplicación: los casos de homicidios.

Los casos de homicidios son especialmente llamativos porque es la más violenta de las conductas criminales, pero además por el gran impacto que implica no sólo para los allegados de las víctimas, sino también para la sociedad.

El homicidio es un fenómeno difícil de tratar, ya que incluye variables con características dinámicas y procesos psicológicos específicos relacionados con el homicida, la víctima, el contexto de ambos, etcétera, que son complicadas de estudiar.

Es por ello por lo que, en las investigaciones recientes se recomienda estudiar cada caso de forma independiente, examinando los aspectos específicos, sus detalles, en lugar de realizar asociaciones generales.

Un enfoque que ha cobrado importancia en los últimos años es el que cambia la idea del perfilador criminal tradicional, en la que se le veía como una figura que predecía la personalidad desconocida del criminal. Se plantea que, en adelante, el perfilador se base en elementos del crimen que le permitan crear hipótesis de características potenciales del criminal de forma más rigurosa.

Algunos autores de otros estudios previos se han centrado en analizar las diferencias en los modus operandi en función del género del criminal. Por ejemplo, encontraron que los hombres suelen matar más a mujeres y personas que conocen, mientras que las mujeres matan con más frecuencia a miembros de su familia. Con respecto al arma del delito, los hombres tenderían más a usar armas de fuego mientras que las mujeres suelen optar por la asfixia.

Otros datos interesantes de estudios que citan las autoras, es que se ha observado que, en los casos en los que el homicida conoce a su víctima, suele haber un mayor número de heridas, los crímenes se cometen en espacios cerrados y utilizando objetos punzantes o cortantes.

Es decir, hay numerosos estudios donde se ha visto que es útil estudiar los detalles y elementos del homicidio para inferir características del criminal. Por ello, las autoras de este artículo se plantearon determinar qué datos del delito, del comportamiento observado en la escena del crimen y en las víctimas, están asociadas con las características del homicida simple en España, que es el lugar en el que se realizó el estudio.

El estudio incluyó un total de 448 casos de homicidio que se estudiaron utilizando softwares estadísticos. El 90,8% de estos crímenes fueron perpetrados por hombres; un 9,2%, por mujeres.

Los resultados obtenidos son consistentes con la idea de que, a partir de los elementos del homicidio, tales como la escena del crimen, el modus operandi o rasgos de la víctima, se pueden plantear hipótesis sobre características potenciales del perpetrador, de forma que se pueden filtrar sospechosos de forma más rigurosa.

Algunos de los datos conseguidos con el estudio fueron, en primer lugar, que, si la víctima es una persona menor de edad, es más probable que el autor del delito sea una mujer, y más aún si se utilizó la asfixia para cometer el homicidio. Además, las mujeres estarían más relacionadas con crímenes intrafamiliares, en concreto, las víctimas más comunes serían sus hijos.

Por otro lado, los hombres tenderían más a utilizar armas de fuego y la fuerza bruta contra sus víctimas.

Vemos cómo los resultados coinciden hasta ahora con los estudios previos realizados.

El estudio informa de otros aspectos, como que es más probable que el agresor sea español si la víctima también lo es –recordemos que la investigación se realizó en España–, y será más probable que sea extranjero si también es el caso de la víctima.

En lo relativo al historial delictivo previo, se obtienen datos importantes como que, si existen antecedentes de delitos contra las personas, los perpetradores optarán por tener especial cuidado a la hora de tomar precauciones para no ser descubiertos. Además, aquellas personas que previamente han cometido delitos, es más probable que si perpetran un homicidio sea al aire libre. Por último, las personas con historiales de agresiones sexuales tienden a elegir a víctimas que oscilen entre los 19 y los 35 años.

Las autoras señalan que el estudio cuenta con algunas limitaciones, por ejemplo, que las conclusiones obtenidas no pueden generalizarse a todos los homicidios, debido a que la muestra para la investigación está compuesta por únicamente casos de homicidios simples donde los perpetradores son mayores de 18 años. Otra limitación sería que la base de datos de donde se obtuvieron los casos, no incluía detalles sobre la escena del crimen, lugar de las heridas, o circunstancias específicas en las que se encontró el cuerpo, por lo que señalan la importancia de que los estudios venideros tengan en cuenta estos puntos.

Este estudio demuestra que prestar atención a la victimología es esencial en las investigaciones criminales, ya que las características de la víctima, el modus operandi, la escena del crimen, etcétera, ofrecen información muy poderosa de los perpetradores.

Las autoras concluyen con la idea de que los resultados están basados en evidencias empíricas y las investigaciones futuras deben ir en esta línea, subsanando las limitaciones del presente estudio.

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