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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Characterizing trajectories of anxiety, depression, and criminal offending in male adolescents over the 5 year following their first arrest”, de Baker, A. E.; Padgaonkar, N. T.; Galván, A.; Frick, P. J.; Steinberg, L. y Cauffman, E. (2022), en el que los autores realizan un estudio para saber cómo la ansiedad, la depresión y otros factores relacionados con la salud mental, influyen en la vida de los jóvenes que delinquen por primera vez, tomando como punto de partida su primer arresto.

 La posibilidad de entrar en prisión y ser juzgado por un delito no es agradable para nadie. Por ello, no es de extrañar que los jóvenes que entran en contacto con el sistema de justicia experimenten niveles más altos de internalización de síntomas como la ansiedad y la depresión, en comparación con los jóvenes que no delinquen.

Las tasas de ansiedad y depresión en esta población son especialmente preocupantes: casi la mitad de los jóvenes implicados en la justicia cumplen con criterios clínicos de internalización de problemas psicológicos.

Y aproximadamente la mitad de los hombres adultos en la misma situación experimentan trastornos de salud mental mientras cumplen condena, e incluso una vez que son liberados.

Además, los problemas de salud mental van de la mano con los problemas criminológicos: las personas que continúan delinquiendo después de la adolescencia tienen casi tres veces más probabilidades de experimentar problemas de salud.

Otro dato importante, es que los jóvenes en el sistema de justicia rara vez reciben tratamiento, lo cual se relaciona con un mayor riesgo de abuso de sustancias, fracaso académico y trastornos emocionales que perdurarán en la edad adulta, incluso un mayor riesgo de suicidio.

Es un tema muy importante y que se debe tratar, debido a que la mayoría de trastornos psiquiátricos aparece durante la adolescencia o la adultez temprana, un periodo en el que los comportamientos de riesgo también alcanzan su punto máximo.

Pero ¿qué dice la literatura existente sobre ello? Los resultados de un estudio de 2019 sugieren una cascada temporal en la que los problemas de conducta en la infancia se traducen en resultados sociales negativos, que contribuyen a la depresión en la adolescencia y esta a su vez, puede contribuir a la delincuencia adolescente o adulta posterior.

En una muestra que se siguió durante seis años hasta 2012, los jóvenes que mostraban altos niveles de depresión estaban en riesgo de aumentar su comportamiento disruptivo, y los jóvenes que mostraban altos niveles de comportamiento disruptivo estaban, a su vez, en riesgo de desarrollar síntomas de depresión mucho más altos.

Lo que este trabajo se plantea es averiguar si la trayectoria de los síntomas y la trayectoria ofensiva cambian con el ingreso de los jóvenes en el sistema de justicia y cómo lo hacen.

Primero, los autores buscaron caracterizar la trayectoria media de la internalización de síntomas y conductas delictivas de los jóvenes después de su primer contacto con el sistema de justicia. Dado que la prevalencia de los trastornos de salud mental tiende a aumentar después del primer contacto con el sistema de justicia, los autores plantearon la hipótesis de que el grupo mostraría un aumento progresivo de éstos.

Además, debido al aumento en el comportamiento delictivo durante la adolescencia y la edad adulta joven, también se planteó la hipótesis de la continuación de la delincuencia en la adultez.

El segundo objetivo, era examinar si el cambio en la salud mental está relacionado con el cambio en la delincuencia, o al revés, y describir esta relación.

Para todo esto, 1216 adolescentes varones fueron evaluados durante los cinco años posteriores a su primer arresto. Estos arrestos se produjeron por delitos leves de mediano alcance, como robo de bienes, agresiones simples o vandalismo. Fueron evaluados cada seis meses durante los primeros tres años, después las entrevistas se dieron de forma anual.

Los resultados del estudio indicaron que la ansiedad y la depresión cambian junto con las conductas delictivas en los adolescentes varones después de su primer arresto, de modo que una mayor mejora en la salud mental, se relaciona con un nivel más alto de disminución de la delincuencia, y viceversa. Estos hallazgos resaltan la naturaleza entrelazada de los síntomas de internalización y los comportamientos de externalización, y subrayan la importancia de considerar la salud mental en los estudios de reincidencia juvenil.

Cuando los jóvenes entraron en contacto con el sistema de justicia, se vio una disminución inicial de la ansiedad y la depresión, seguida de un aumento en los síntomas unos años más tarde.

Esto último sugiere que la participación en el sistema de justicia influye en la trayectoria de los síntomas y los empeora a medida que los jóvenes se desarrollan.

Además, cuando los jóvenes se habían criado en barrios pobres y problemáticos, presentaron una mayor gravedad en la ansiedad y depresión sufrida, lo que está en línea con estudios anteriores que destacan que la desorganización del barrio y la exposición a la violencia pueden aumentar el riesgo de problemas de salud mental en adolescentes.

A pesar de la utilidad de este estudio, una limitación es que se realizó únicamente con jóvenes varones, por lo que quizás los resultados no pueden aplicarse al sexo femenino, por tanto, los autores recomiendan explorar esta dimensión.

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Intergenerational transmission of personality disorder severity and the role of psychosocial risk factors” de Auty, K. M.; Farrington, D. P. y Coid, J. W. (2021), en el que los autores estudian si los padres transmiten sus trastornos de personalidad a sus hijos y cómo.

No es la primera vez que nos presentan la posibilidad de que se transmitan enfermedades mentales de progenitores a hijos. Las influencias familiares en el desarrollo de diferentes formas de psicopatología están bien respaldadas en la literatura de investigación empírica.

Sin embargo, los factores que explican esta continuidad generacional podrían ser más, aparte de los factores genéticos.

Revisando literatura existente, se encontró una fuerte relación entre los trastornos de personalidad antisocial, límite y narcisista de los padres, y psicopatologías en su descendencia.

Y además, las asociaciones intergeneracionales también se han demostrado previamente para los trastornos de internalización.

Gracias a estudios realizados con gemelos, se comenzó a sospechar que en este asunto intervenían otros factores además de la genética, ya que los gemelos no presentaban de igual manera un trastorno, o incluso uno de ellos no lo presentaba y el otro sí.

La psicopatología de los padres podría tener una influencia indirecta, más que la directa a través de la biología. Esta influencia indirecta podría producirse a través del ambiente, como las circunstancias socioeconómicas de la familia o su modo de crianza.

Además, estos factores pueden tener impactos diferentes en la descendencia masculina y la femenina.

La medición y estudio de los vínculos entre la experiencia de los padres en la infancia y la experiencia de sus hijos a la misma edad, a menudo se descuida en los estudios, donde se hace un seguimiento de las dos generaciones, a menudo peculiar.

Las personas con problemas de conducta de aparición temprana, a menudo se crían en familias con múltiples desventajas psicosociales. En la edad adulta, estos niños tienden a experimenta problemas en muchas áreas: financiera, laboral, abusan de sustancias, cometen delitos violentos o relacionados con las drogas, aparece la maternidad temprana, el fracaso escolar, una mala salud física y mental, o problemas de relación interpersonal.

Los estudios que examinan la influencia de la psicopatología de los padres en el desarrollo de conductas problemáticas en los niños se han centrado tradicionalmente en las madres, posiblemente debido a una alta prevalencia de absentismo de los padres en la crianza de los hijos. Esto implica que el impacto del comportamiento de los padres se comprende menos.

Comprender la naturaleza de los factores de riesgo que influyen en la transmisión de trastornos mentales de padres a hijos, puede ayudar a explicar los comportamientos problemáticos en la edad adulta.

Además, los niños que corren mayor riesgo de presentar una personalidad desadaptativa, no sólo sufren ellos mismos sino que también representan un alto coste para la sociedad y aún no está claro cuáles son las intervenciones más efectivas.

El objetivo de este estudio es establecer si existe una asociación, primero, entre las cualidades de los trastornos de la personalidad de una muestra de hombres y su descendencia; en segundo lugar, si existe una asociación entre la gravedad de los trastornos; en tercero, si existen factores de riesgo psicosocial y cuáles son.

El estudio se llevó a cabo con una muestra de 411 hombres y sus hijos. Comenzó en 1961-1962, y se han realizado entrevistas periódicas desde entonces, incluyendo aquellas hechas a los hijos e hijas cuando ya habían alcanzado la edad adulta.

La entrevista recopiló información sobre delitos, uso de drogas y alcohol, comportamiento sexual, enfermedades, lesiones, actitudes agresivas, personalidad, empleo, relaciones, niños y comportamientos en la crianza de niños.

Los resultados obtenidos no arrojaron suficiente evidencia de la transmisión intergeneracional de trastornos graves de personalidad entre padres e hijos, pero sí se encontró entre padres e hijas.

Además, sugirieron que tres factores de riesgo psicosocial estaban asociados con la gravedad del trastorno: problemas de empleo de los padres, familia desestructurada y mala supervisión del niño durante la infancia. Sin embargo, los resultados también informaron de que estos factores psicosociales tenían un efecto pequeño una vez que la gravedad del trastorno mental ya estaba presente.

Los hijos de un padre con trastornos de la personalidad sufren dos posibles desventajas: un mayor riesgo genético de sufrir trastornos de la personalidad, y ser creado en un ambiente que no es propicio para la crianza exitosa de los hijos.

Una de las limitaciones del estudio es que las entrevistas, parecidas a los autoinformes, pueden no ser completamente objetivas, ya que las personas con trastornos de personalidad a menudo tienen problemas de autoconciencia.

En estudios futuros, los autores sugieren que se deben investigar las estrategias de afrontamiento adaptativo, ya que es más probable que aquellos que tienen rasgos de personalidad resiliente, busquen a otras personas igualmente prosociales y, por tanto, será menos probable que desarrollen psicopatologías en la edad adulta.

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “The startle réflex as an indicator of psychopathic personality from childhood to adulthood: a systematica review” de Oskarsson, S.; Patrick, C. J.; Siponen, R.; Bertoldi, B. M.; Evans, B. y Tuvblad, C. (2021), en el que los autores investigan, a partir de literatura previa, si existen suficientes estudios empíricos que demuestren que el reflejo del sobresalto se relaciona con la presencia de la psicopatía en un sujeto. 

Pocos temas son tan interesantes para los interesados en el conocimiento de la conducta humana como la psicopatía, su razón de ser, sus factores de riesgo y de detección.

Desde la psicología y la criminología se sugiere que la psicopatía surge de un déficit emocional subyacente, que implicaría una reactividad alterada a los estímulos emocionales negativos.

Como el estudio de la psicopatía se puede abordar de diferentes formas, los autores explican que consideran correcto utilizar el modelo triárquico, que caracteriza la psicopatía en función de tres factores: audacia, mezquindad y desinhibición. Este modelo se formuló para reconciliar diferentes conceptualizaciones históricas de la psicopatía y proporcionar un marco en el que integrar los hallazgos de diferentes estudios. 

En este artículo, emplean el modelo triárquico para interpretar y sintetizar los resultados de los estudios publicados. El objetivo es proporcionar una visión general del estado de la literatura y examinarlo. 

Pero ¿cómo se ha conceptualizado la psicopatía en la historia? Tradicionalmente, se ha entendido que es una condición marcada por la desviación antisocial y tendencias hacia la criminalidad severa

Otra idea es aquella que divide la psicopatía en psicopatía primaria y secundaria. La primaria reflejaría una psicopatía más pura, con un déficit afectivo importante y falta de conciencia. La secundaria reflejaría una perturbación afectiva, en lugar de un déficit afectivo. 

Aunque todo esto se ha estudiado ampliamente, la mayoría de los expertos actualmente sugiere que la personalidad psicopática es más bien un continuo dimensional y no algo categórico. 

Volviendo a la idea del modelo triárquico, el utilizado en el artículo, recordamos que se refería a la psicopatía como un conjunto de distintos grados de audacia, mezquindad y desinhibición. 

La audacia es la capacidad de mantener la calma en situaciones amenazantes o estresantes, es la ausencia de ansiedad. Los individuos con un alto nivel de audacia tienen una ausencia de preparación refleja defensiva cuando se exponen a señales de amenaza. 

La mezquindad conlleva una empatía deficiente, explotación y manipulación de los demás. Se han demostrado, en estudios recientes, asociaciones negativas entre la mezquindad y los indicadores neuronales y conductuales del procesamiento empático, como el reconocimiento de la cara del miedo o la reactividad a ésta. 

Por último, la desinhibición abarca un bajo control de los impulsos, alteración de la regulación del afecto y una propensión general a problemas de externalización. 

Llegados a este punto, en el que parece que la mayoría de estudios se realizan sobre la personalidad de los adultos, los autores se preguntan qué ocurre con los niños

La personalidad psicopática es algo que tiene sus raíces en los primeros años de vida. Algunos estudios indican que psicópatas jóvenes muestran características similares a los adultos. 

En general, está bien establecido en la literatura que en los adultos es multidimensional, por lo que se puede suponer, viendo tantas similitudes, que también es multidimensional en los niños. 

Uno de los objetivos principales de la aplicación del modelo triárquico de la psicopatía, era cerrar la brecha entre la literatura sobre la psicopatía en adultos y la que es sobre niños, al proporcionar un marco único para considerar cómo se desarrolla la personalidad psicopática desde edades tempranas. 

Pero ¿por qué buscar relaciones entre la psicopatía y el reflejo del sobresalto? Éste es una respuesta involuntaria y primitiva a un estímulo amenazante que se asocia con una movilización defensiva, experimentada como desagradable o generadora de miedo para un sujeto. 

Afecta a todo el cuerpo, pero el primer y más rápido elemento es la contracción del ojo. Por lo general, esta respuesta de parpadeo de sobresalto aumenta cuando al sujeto se le presentan estímulos desagradables en comparación con estímulos neutrales, y disminuye cuando se le presentan estímulos placenteros. 

Los estudios anteriores de la personalidad psicopática y las reacciones fisiológicas se han centrado principalmente en la baja frecuencia cardíaca y la reducción de la conductancia de la piel, sin embargo, esto se relaciona con los niveles de excitación y no son muy útiles para medir el miedo. Así que se necesitan otras medidas que partan del sistema defensivo, como el reflejo del sobresalto, para tener una mejor comprensión del miedo en psicópatas y ver si su cerebro tiene una falta de reactividad. 

Los autores realizaron una búsqueda en diferentes bases de datos científicas recopilando datos de artículos publicados entre 1994 y 2020, hasta conseguir un total de 40. 

Obtuvieron datos como que los delincuentes psicópatas mostraron menos reflejo del parpadeo mientras veían escenas de mutilaciones o agresiones que otro tipo de delincuentes

Esto concuerda con la idea de que los individuos psicópatas tienen un déficit específico de empatía que hace que no respondan fisiológicamente mientras observan a otros en peligro. 

Sin embargo, también parece que hay un reflejo del parpadeo reducido en momentos amenazantes, lo que sugiere que el déficit en la reactividad defensiva no se limita a observar a otros en peligro. 

En otro estudio, se observó que las personas con mayores niveles de mezquindad (uno de los elementos del modelo triárquico), exhibieron respuestas autonómicas deficientes a imágenes violentas. 

Los resultados, por tanto, sugieren que la psicopatía, en efecto, está relacionada con un déficit en el reflejo del sobresalto, lo cual es un buen inicio para realizar investigaciones más profundas sobre este tipo de personalidad. 

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Depressive Symptoms Among Police Officers: Associations with Personality and Psychosocial Factors” de Jenkins, E. N.; Allison, P.; Innes, K.; Violanti, J. M. y Andrew, M. E. (2019) en el que los autores realizan un estudio para conocer cuáles son los factores psicosociales que protegen a los agentes de policía de sufrir depresión. 

La depresión mayor afecta a más personas alrededor del mundo. La cifra corresponde a aproximadamente el 6,7% de toda la población estadounidense. 

Sabemos que ser policía implica tener un trabajo con altos niveles de estrés. El trabajo policial implica exponerse a eventos psicológicamente desafiantes y peligrosos que pueden aumentar el riesgo de problemas de salud relacionados con el estrés, como la depresión y otros trastornos mentales. 

Sin embargo, no todas las personas que se ven expuestas a eventos traumáticos desarrollan síntomas de malestar psicológico, puede que por la existencia de ciertos factores protectores

Es decir, los resultados positivos después de exponerse a eventos traumáticos y estresantes son posibles, si los agentes de policía desarrollan y usan habilidades y estrategias psicológicas para manejarlos. 

La investigación previa sugiere que una variedad de factores psicosociales, normalmente agrupados dentro del término “resiliencia”, pueden contribuir a la capacidad del individuo de afrontar y recuperarse de una exposición a un ambiente negativo. Ejemplos de estos factores serían el optimismo, habilidades de afrontamiento activo, apoyo social, salud física, entre otros. 

Literatura previa sugiere que algunas dimensiones de la personalidad pueden estar relacionadas con la depresión de nueva aparición (es decir, la depresión que se experimenta por primera vez). 

La evidencia actual nos dice que los niveles más altos de neuroticismo y los niveles más bajos de extraversión y consciencia (esto es, dimensiones del modelo Big Five), se relacionan con la aparición de síntomas depresivos. 

Por otro lado, debemos mencionar la resistencia. Este sería un rasgo de personalidad muy complejo, que refleja la capacidad del individuo para resistir situaciones de estrés y se ha asociado con la resiliencia, el alto rendimiento y una buena salud. Por ejemplo, los resultados de un estudio realizado con personal militar sugieren que la resistencia puede mitigar los efectos negativos del estrés relacionado con la guerra. 

Además, existe evidencia creciente que nos muestra que el apoyo social ayudaría a promover una buena salud, tanto física como mental. 

Aunque varios estudios han sugerido que existen características como las ya mencionadas, que pueden mitigar los efectos adversos de las exposiciones estresantes sobre la salud mental, la investigación sobre ellos aplicada a los agentes de policía es escasa. Este es el objetivo del estudio. 

La muestra incluyó a 242 policías. Casi el 72% eran hombres, y casi el 74% tenían el rango de oficial. Los varones informaron de una ingesta de alcohol media más alta que las mujeres, mientras que éstas alcanzaron niveles más altos de neuroticismo, apertura y amabilidad con respecto a ellos. 

Los resultados obtenidos aportan información interesante, como que una mayor amabilidad se asoció con la disminución de probabilidades de una nueva depresión. Ocurría lo contrario con el neuroticismo y las estrategias de afrontamiento pasivo, ya que fueron asociadas con más probabilidades de depresión de nueva aparición. 

Esto es coherente con resultados de literatura previa, donde los síntomas depresivos se asocian positivamente con el neuroticismo e inversamente con la extraversión y la amabilidad. 

Dado que le neuroticismo hace referencia a la tendencia a experimentar un afecto emocional con valencia negativa en respuesta a situaciones estresantes, no es sorprendende que personas con altos niveles de éste tengan mayor riesgo de sufrir síntomas depresivos. 

Aunque la resistencia, el apoyo social y el afrontamiento activo no tuvieron una relación especialmente significativa con la protección frente a la depresión de nueva aparición, los resultados apuntaron en la dirección esperada y en consonancia con literatura previa. Por ejemplo, los hallazgos de un estudio realizado con personal militar que había participado en la Guerra del Golfo, sugieren que la resistencia protege contra los efectos negativos del estrés relacionado con la guerra. Puede ser porque las personas resistentes tienden a encontrar un significado positivo en su trabajo, siendo menos vulnerables al estrés psicológico. 

Varias investigaciones han informado de asociaciones significativas entre los diferentes estilos de afrontamiento y la depresión. Los individuos con estilos de afrontamiento activos utilizan estrategias para afrontar un problema y modificar la fuente de estrés, mientras que las estrategias de afrontamiento pasivas evitativas están diseñadas para evitar que los individuos abordan directamente los eventos estresantes. Por lo tanto, no sorprendente que las estrategias de afrontamiento activas, incluida la resiliencia, se hayan asociado con niveles más bajos de depresión y estrés percibido. En nuestro estudio, encontramos que el afrontamiento pasivo se asociaba con mayores probabilidades de sufrir depresión de nueva aparición.

Por último, mencionamos que el apoyo social puede brindar ayuda para mitigar la angustia, especialmente el apoyo conyugal y de la familia. 

En cuanto a las limitaciones del estudio, los autores señalan el pequeño tamaño de la muestra y esperan que en el futuro se pueda realizar una investigación con más sujetos. 

Sin duda, esta investigación es muy útil para saber a qué factores debemos prestar atención para que nos pueden ayudar a prevenir la aparición de una enfermedad terrible como la depresión.

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “The emotional déficits associated with the Dark Triad traits: Cognitive empathy, affective empathy and alexithymia” de Jonason, P. K. y Krause, L. (2013), en el que los autores hacen una investigación acerca de cuáles son los déficits emocionales asociados con la famosa Tríada Oscura.

Maquiavelismo, narcisismo y psicopatía han sido identificados repetidamente en la literatura desde hace años como rasgos de personalidad aversivos. Tal es su poder negativo que forman la llamada Tríada Oscura, que tanto nos atrae.

El narcisismo está caracterizado por la superioridad y el dominio; el maquiavelismo, con la manipulación y el encanto social; la psicopatía, por último, se relaciona con las actitudes sociales insensibles o la impulsividad.

Desde hace unos años, se le ha prestado atención a la idea de que deficiencias emocionales como la ausencia de empatía pueden ser factores que subyacen a estos rasgos de personalidad.

Pero no sólo se ha relacionado con la Tríada Oscura la carencia de empatía, sino también la existencia de la alexitimia. Es decir, la incapacidad para describir y comprender las propias emociones.

A pesar de que estos dos déficits emocionales podrían estar relacionados, no se han estudiado simultáneamente hasta esta investigación.

¿Cómo podrían relacionarse? Los autores proponen la idea de que la capacidad de identificar o comprender las propias emociones (alexitimia) puede estar vinculada a la capacidad de identificar o comprender los sentimientos de los demás.

Es decir, la habilidad de ponerse en el lugar de otra persona (empatía) puede estar respaldada por la capacidad de tener primero conocimiento de los sentimientos propios.

Los psicólogos evolucionistas argumentan que los rasgos y disposiciones como la Tríada Oscura o la empatía limitada, podrían ser positivos para la adaptación de las personas siempre que les ofrezcan un mayor acceso a recursos.

Podrían, en realidad, proporcionar una ventaja competitiva al facilitar los comportamientos asociados con el logro de metas que requieren la explotación de los demás. ¿Cómo? Por ejemplo, a través del desprecio por los propios sentimientos o por los de los demás.

Con la alexitimia también podría ocurrir lo mismo. Esta perspectiva sugiere que puede ser adaptativa en el sentido de que podría facilitar la estrategia social explotadora que a menudo se vincula con la Tríada Oscura.

Para el estudio de los déficits emocionales de la Tríada Oscura y corroborar, o no, la literatura previa, los autores llevan a cabo un estudio con 320 voluntarios.

Se les pidió que puntuasen unas frases en función de si estaban de acuerdo o no con ellas, en una escala del 1 al 5. Estas frases se utilizarían para evaluar su narcisismo, psicopatía y maquiavelismo.

Se evaluaron también sus niveles de alexitimia y empatía con tests especialmente desarrollados para ello por especialistas del área.

Los resultados obtenidos fueron interesantes, y en la línea de lo que los autores hipotetizaron desde el principio.

Parece ser que tener bajos niveles de empatía y una capacidad o motivación limitadas para comunicar las propias emociones, facilita la estrategia social antagónica que aparece en los rasgos de la Tríada Oscura.

De hecho, pasar demasiado tiempo preocupado por los sentimientos propios o de los demás, sería un obstáculo para alguien que persigue una estrategia de vida típica de la Tríada Oscura. Estarían, por tanto, más enfocados en obtener lo que quieren del mundo externo que examinando su mundo interno.

Una de las limitaciones que los autores señalan en este estudio, es que había un gran desequilibrio en el número de hombres y mujeres. Consideran que en próximas investigaciones se debe intentar igualar el número e investigar en profundidad si existen diferencias entre unos y otros.

Comentan que, como conclusión, una baja empatía y una alta alexitimia pueden ser ventajosas evolutivamente para aquellos que poseen los rasgos de la Tríada Oscura y pretenden vivir la vida siguiéndolos (también se refieren a esto como “estrategia de vida rápida”).

Considerando estos rasgos como evolutivamente positivos, se conseguiría una despatologización de estos, de forma que no requerirían tratamiento, sino posiblemente, sólo una reconducción.

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Intimate Partner Aggression Committed by Prison Inmates with Psychopathic Profile” de Gómez, J.; Ortega-Ruiz, R.; Clemente, M. y Casas, J. A. (2021), que investiga si existe una relación entre tener rasgos psicopáticos en la personalidad y cometer agresiones en la pareja.

Un tema recurrente para criminólogos y psicólogos criminales es estudiar si existe relación entre ciertos delitos y determinados rasgos de personalidad o enfermedades mentales.

¿Realmente tener una u otra condición mental nos hace más proclives a delinquir?

Aún hoy en día existe un importante estigma que vincula trastornos mentales con comisión de delitos y, si bien se ha demostrado que no tiene por qué ser así, existen rasgos de la personalidad que sí pueden vincularse a la delincuencia o a una inclinación a ella.

Los autores de este artículo se centran, en concreto, en los rasgos psicopáticos de la personalidad y su posible relación con las agresiones en la pareja. Y se enfocan en los hombres, ya que en las relaciones heterosexuales suelen ser los perpetradores de estas agresiones hacia sus parejas femeninas.

Pero ¿existen antecedentes empíricos que justifiquen el interés por esta investigación?

En estudios anteriores de otros autores, se llegó a conclusiones como que había una serie de variables que se relacionaban con agresiones a la pareja femenina por parte del hombre, como el consumo de drogas, antecedentes de otras agresiones, conductas antisociales o psicopatía.

Distintos artículos de literatura relacionada explican que se ha observado que la psicopatía suele detectarse mayoritariamente en varones, que suelen ser los agresores de este tipo de violencia. También existen mujeres con psicopatía que la ejercen, si bien en menor medida y presentando diferencias. Por ejemplo, las mujeres con psicopatía tienden a ser verbalmente agresivas, mientras que los hombres con psicopatía, además de verbalmente agresivos, también lo serían físicamente.

Además, según otras investigaciones citadas en el artículo, un alto nivel de psicopatía o rasgos psicopáticos se relaciona con cometer agresiones (de cualquier tipo). Y, por otro lado, son los hombres aquellos que suelen puntuar más alto en las pruebas para detectar rasgos psicopáticos o la conocida como “personalidad oscura” (estrechamente relacionada con la psicopatía).

Un dato interesante, es que se ha encontrado relación entre la personalidad oscura y el cyberbullying (por ejemplo, enviar fotos sexuales explícitas sin consentimiento, violencia sexual facilitada por la tecnología, etcétera). Y si tenemos en cuenta que existe un nexo entre la personalidad oscura y la psicopatía, este punto deberíamos tenerlo en cuenta.

Por tanto, parece una cuestión coherente preguntarse si existe algún vínculo entre los hombres con rasgos psicopáticos y la comisión de delitos de agresión a sus parejas.

Los investigadores del artículo de esta semana realizaron un estudio con internos de una prisión de Córdoba, España. Fueron un total de 92 hombres, todos cumpliendo condena por delitos de violencia contra sus parejas (algunos además por otros motivos), incluyendo a internos por homicidio.

Se les realizó una entrevista semiestructurada, el Test de Psicopatía de Hare en su versión española. En ella, los expertos puntuaron del 0 al 2 una serie de 30 criterios donde, al obtenerse resultados de entre 20 y 30 puntos en adelante, se empezaba a considerar la existencia de psicopatía.

Los resultados apuntan en la misma dirección que los de las principales investigaciones relacionadas, que consideran que existe un nexo entre la psicopatía y las agresiones cometidas dentro de la pareja.

Los autores observaron que destacaban seis factores presentes en los participantes, según las entrevistas: antecedentes penales, impulsividad, necesidad de destacar (los autores comentan que podríamos referirnos a este factor como narcisismo), ausencia de empatía, manipulación para con los demás y relaciones de pareja inestables.

Los dos primeros factores (antecedentes penales e impulsividad) se consideran altos predictores de la psicopatía según el Test de Psicopatía de Hare.

Además, es importante mencionar que los seis factores principalmente observados en el estudio también suelen estar presentes en la “personalidad oscura”, en concreto: la ausencia de empatía, la manipulación para con los demás y la necesidad de destacar/narcisismo.

Es decir, en principio existirían una serie de factores de la personalidad psicopática que sí estarían relacionados, según el estudio, con las agresiones de los hombres a sus parejas femeninas.

Los autores señalan que existen algunas limitaciones en el estudio, como que sólo participaron hombres ya procesados por este tipo de delitos sin una muestra de control. Sin embargo, el hecho de que los hombres del estudio estuviesen cumpliendo condena por violencia contra sus parejas, lo consideran un gran valor positivo, ya que a veces llegar a estos sujetos puede ser complicado.

Además, dejan una serie de frentes de exploración abiertos. Por ejemplo, comentan que las próximas investigaciones relacionadas podrían enfocarse en el porqué de estas agresiones, y sugieren ahondar en el concepto de la venganza, que podría arrojar información de gran interés.

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